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J. R. R. Tolkien, un legado
de
mundos fantásticos en los
que nunca falta la pipa y el tabaco
por
Pedro Romero ©
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Hace
más de 60 años que Tolkien publicó El Hobbit, la historia fantástica
de cómo el señor Bilbo Bolsón fue contratado por un grupo de
Enanos para saquear el tesoro del Dragón Smaug. Y la obra de
Tolkien sigue viva para millones de lectores de todo el mundo, que
leen, y releen, y comentan su obra, y citan frases de sus libros. ¿Qué
tiene la obra de este profesor de Oxford, lingüista enamorado de
los sonidos, políglota inventor de idiomas para sus mundos de
fantasía, narrador de cuentos para sus hijos, sus amigos, sus
lectores, filólogo respetado, amante del tabaco de pipa y los
chalecos de colores, ecologista de corazón, enemigo de los
totalitarismos de su época?
Unos
dicen que su gran éxito fue crear unas fantasías tan detalladas y
verídicas que parecieran reales: "un mundo distinto, pero no
demasiado distinto; familiar, pero no demasiado familiar", diría
Paul Kocher. Otros dicen que sus obras nos enseñan el significado
de las cosas importantes: el deber, la lealtad, la amistad, el amor,
la naturaleza, el arte, la mortalidad y, siempre en primer lugar, la
esperanza. Para otros, Tolkien consiguió que el hombre moderno
volviera a creer en mitos, en dioses, en héroes, en gestas nobles y
heroicas que en nuestro mundo gris no sabemos encontrar.
Se dice también
que él creó el moderno género literario de la Alta Fantasía,
siendo su Tierra Media el primero de muchos mundos que hoy,
siguiendo sus pasos, buscan lo que Tolkien llamó "la
consistencia interna de la realidad". Pero, sobre todo, Tolkien
fue, como el protagonista de su cuento El Herrero de Wooton Major,
un portavoz de la Estrella de Faerië, el mundo de la Fantasía, un
reino peligroso del cual el fue guía y cartógrafo. Porque el
mortal que se adentra en este país, como todos aquellos que se
aventuran en las páginas que él escribió, vuelven cambiados para
siempre. Tal es el poder de un Artista.
El deambular por
la que sea probablemente la parte más conocida de su obra, la
trilogía del Señor de los Anillos, nos hace descubrir y apreciar,
como pipafumadores, las peculiaridades y las formas de ser que del
arquetipo del fumador de pipa tenemos. El gusto por la buena
tertulia; el amor por el sosiego; el compartir el tabaco con un
amigo, etc.
Descubrí
el Señor de los Anillos hace màs de veinte años, recuerdo que fue
una edición del Circulo de Lectores -aún la conservo como un
tesoro- y también recuerdo que no estaba rodeado de tantas luces y
candilejas como las que han deslumbrado a las generaciones que lo
han descubierto hace poco en la gran pantalla, quizás la ventaja de
los que lo descubrimos en ese otro tiempo, fue la de que nuestras
mentes estuvieran libres de efectos especiales y fueran capaces de
imaginar los mundos, personajes y situaciones que tan gráficamente
nos describia Tolkien con su escritura.
Ahora
al repasarla nuevamente y revisarla con la misma mirada -como
fumador de pipa- con la que su autor -fumador de pipa- la escribió,
comprendo aún mejor su mensaje y disfruto ,si cabe, aún más de su
lectura. Este no es sino un sencillo homenaje a modo de repaso por
las diferentes referencias, no están todas, que en gran parte de su
obra realiza Tolkien al disfrute de un rico tabaco en una buena pipa
y a ser posible en agradable compañía. Y una disculpa, al fin,
para releer esta hermosa aventura.
Comencemos el
recorrido natural de este genio de la fantasía con el Hobbit; El
Silmarillion y lleguemos a la que se reconoce como su consagración,
El Señor de Los Anillos. Sin olvidar que hay infinidad de pequeños
cuentos y artículos que publicara aquí y allá.
En
este primer libro nos comienza a acercar a la raza que será el
centro de las historias de Tolkien y hace surgir la figura del
anillo único encontrado por Bilbo.
Se
recrea y nos recrea con descripciones de paisajes idílicos y con
una vida plácida, que transcurre entre pipa y pipa.
“Bilbo
Bolsón estaba de pie en la puerta del agujero, después del
desayuno, fumando una enorme y larga pipa de madera que casi le
llegaba a los dedos lanudos de los pies (bien cepillados)…”
“un
día estupendo para una pipa de tabaco a la puerta de casa, además.
¡Si lleváis una pipa encima, sentaos y tomad un poco de mi tabaco!
¡No hay prisa, tenemos todo el día por delante! —entonces Bilbo
se sentó en una silla junto a la puerta, cruzo las piernas, y lanzó
un hermoso anillo de humo gris que navegó en el aire sin romperse,
y se alejó flotando sobre La Colina…”
“Al
fin regresaron, y encontraron a Thorin con los pies en el
guardafuego fumándose una pipa. Estaba haciendo unos enormes
anillos de humo, y dondequiera que le dijera a uno que fuese, allí
iba -chimenea arriba, o detrás del reloj sobre la repisa, o bajo la
mesa, o girando y girando en el techo-, pero dondequiera que fuesen
no eran bastante rápidos para escapar a Gandalf. ¡Pop! De la pipa
de barro de Gandalf subía en seguida un anillo más pequeño que
atravesaba el último anillo de Thorin. Luego el anillo de Gandalf
tomaba un color verde, y bajaba a flotar sobre la cabeza del mago.
Tenía
ya
toda una nube alrededor, y a la luz indistinta parecía una figura
extraña y fantasmagórica. Bilbo permanecía inmóvil y observaba
-le encantaban los anillos de humo- y se sonrojó al recordar qué
orgulloso había estado de los anillos que en la mañana anterior
lanzara al viento sobre La Colina.”
“Al
cabo de un rato se palpó las ropas buscando la pipa. No estaba
rota, y eso era algo. Buscó luego la petaca, y había algún
tabaco, lo que ya era algo más, y luego buscó las cerillas y no
encontró ninguna, y esto lo desanimó por completo. Sólo el cielo
sabe qué cosa hubiera podido caer sobre él atraída por el roce de
las cerillas y el olor del tabaco. Pero por ahora se sentía muy
abatido.”
“Al
fin Gandalf apartó el plato y la jarra (se había comido dos
hogazas de pan enteras, con abundancia de mantequilla, miel y crema
cuajada, y había bebido por lo menos un cuarto de galón de
hidromiel) y sacó la pipa.”
El
Silmarillion cuenta la historia de la Primera Edad, el antiguo drama
del que hablan los personajes de El Señor de los Anillos, y en
cuyos acontecimientos algunos de ellos tomaron parte, como Elrond y
Galadriel.
Los
tres Silmarils eran gemas creadas por Fëanor, el más dotado de los
Elfos, y contenían la Luz de los Dos Árboles de Valinor antes que
los Árboles mismos fueran destruidos por Morgoth, el primer Señor
Oscuro. Desde entonces la inmaculada Luz de Valinor vivió sólo en
los Silmarils, pero Morgoth se apoderó de ellos, y los engarzó en
su corona, guardada en la fortaleza impenetrable de Angband en el
norte de la Tierra Media.
Es
la antesala al Señor de Los anillos.
EL
SEÑOR DE LOS ANILLOS. La Comunidad del Anillo
“Hay
otra cosa entre los antiguos Hobbits que merece mencionarse; un hábito
sorprendente: absorbían o inhalaban, a través de pipas de arcilla
o madera, el humo de la combustión de una hierba llamada hoja o
hierba para pipa, quizás una variedad de la Nicotiana. Hay mucho
misterio en el origen de esta costumbre peculiar, o de este «arte»,
como los Hobbits preferían llamarlo. Todo lo que se descubrió en
la antigüedad sobre el tema fue recopilado por Meriadoc Brandigamo
(más tarde señor de Los Gamos) y puesto que él y el tabaco de la
Cuaderna del Sur son parte de la historia que sigue, sus comentarios
en la introducción al Herbario de la Comarca merecen ser citados
aquí.
«Este
arte, dice, es el único que podemos reclamar corno de invención
nuestra. En qué época empezaron a fumar los Hobbits es un enigma;
todas las leyendas e historias familiares lo dan por sabido…”
“Pero
todos los documentos concuerdan en un punto: Tobold Corneta de Valle
Largo en la Cuaderna del Sur fue el primero que cultivó un
verdadero tabaco de pipa en los días de Isengrim II, alrededor del
año 1070 de la Cronología de la Comarca. Los mejores cultivos
todavía provienen de ese distrito, especialmente las variedades que
ahora se conocen como Hoja Valle Largo, Viejo Toby y Estrella Sureña…”
“Pero
hasta los Dúnedain de Gondor nos otorgan este crédito: los Hobbits
fueron los primeros que la fumaron en pipa.
Ni
siquiera los Magos lo intentaron antes que nosotros. Aunque un mago
que conocí adquirió este arte mucho tiempo atrás, mostrándose
tan hábil como en todas las otras cosas a las que llegó a
dedicarse…”
“Hubo
un largo silencio. Gandalf volvió a sentarse; fumaba la pipa como
perdido en sus pensamientos. Parecía tener los ojos cerrados, pero
observaba a Frodo con atención, entornando los párpados…”
“De
pronto Frodo notó que un hombre de rostro extraño, curtido por la
intemperie, sentado en la sombra cerca de la pared, escuchaba también
con atención la charla de los hobbits. Tenía un tazón delante de
él y fumaba una pipa de caño largo…”
“Por
encima del seto, otro hombre los observaba descaradamente. Tenía
espesas cejas negras y ojos oscuros y despreciativos y boca grande,
torcida en una mueca de desdén. Fumaba una corta pipa negra. Cuando
ellos se acercaron, se la sacó de la boca y escupió.
-¡Buen
día, Patas Largas! - dijo -. ¿Partida matinal? ¿Al fin
encontraste unos amigos?”
“Mientras
pensaba todas estas cosas, tratando en vano de recordar qué había
ocurrido luego y cómo había llegado a Rivendel, hubo un largo
silencio, interrumpido sólo por las suaves bocanadas de la pipa de
Gandalf, que lanzaba por la ventana anillos de humo blanco.”
“Sam
se acomodó el paquete sobre los hombros y repasó mentalmente todo
lo que llevaba, preguntándose con inquietud si no habría olvidado
algo: el tesoro principal, los utensilios de cocina; la cajita de
sal que lo acompañaba siempre y que llenaba cada vez que le era
posible; una buena porción de hierba para pipa, «no suficiente»,
pensaba; pedernal y yesca; medias de lana; ropa blanca…”
“Bueno,
puedes seguir esperando -dijo Gandalf-. Quizá tengas todavía
muchos banquetes inesperados. En cuanto a mí me gustaría fumar cómodamente
una pipa y calentarme los pies. Sin embargo, de algo al menos
estamos seguros: habrá más calor a medida que vayamos hacia el
sur...”
EL
SEÑOR DE LOS ANILLOS. Las Dos Torres
“Eso
no me sorprende -respondió Merry-; pues es un arte que practicamos
desde hace poco. Fue Tobold Corneta, de Vallelargo, en la Cuaderna
del Sur, el primero que cultivó en su jardín un verdadero tabaco
de pipa hacia el año 1070 de nuestra cronología. Cómo el viejo
Toby consiguió la planta...”
“-¿Y
tabaco de pipa? -preguntó Gimli.
-No,
no creo -dijo Merry riendo-. Pero ese es otro asunto, que puede
esperar hasta después de la comida.
-¡Bueno,
a comer entonces! -dijo el enano.”
Este
es, para mí, uno de los pasajes más hermosos del libro. En el se
aprecia la bondad, la camaraderia… Es casi como una versión
tolkiana de lo que puede ser actualmente una fumada social.
“-Lo
tendrás, si el tiempo alcanza -dijo Merry -. Pero primero, si es
que habéis terminado de comer, encenderemos las pipas y fumaremos.
Y entonces, durante un rato, podremos imaginar que estamos de vuelta
en Bree, todos sanos y salvos, o en Rivendel.
Sacó
un saquito de cuero lleno de tabaco.
-Tenemos
tabaco de sobra -dijo-. Y podréis llevaros lo que queráis, cuando
nos marchemos. Hicimos un pequeño trabajo de salvamento esta mañana,
Pippin y yo. Hay montones de cosas flotando por ahí y por allá.
Fue Pippin quien encontró los dos barriles, arrastrados por la
corriente desde alguna bodega o almacén, supongo. Cuando los
abrimos, estaban repletos de esto: el mejor tabaco de pipa que se
pueda desear y perfectamente conservado.Gimli tomó una pizca, se la
frotó en la palma y la olió.
-Huele
bien; parece bueno -dijo.
-¡Bueno!
- dijo Merry -. Mi querido Gimli, ¡es de Valle Largo! En los
barriles estaba la marca de fábrica de Tobold Corneta, clara como
el agua. Cómo llegó hasta aquí no puedo imaginármelo. Para uso
personal de Saruman, sospecho. Nunca pensé que pudiera llegar tan
lejos de la Comarca. Pero ahora nos viene de perlas
-Eso
sería si yo tuviese una pipa para fumarlo. Desgraciadamente, perdí
la mía en Moria, o antes. ¿No habrá una pipa en vuestro botín?
-No,
temo que no -dijo Merry-. No hemos encontrado ninguna, ni siquiera
aquí en las casas de los guardias. Parece que Saruman se reservaba
este placer. ¡Y no creo que sirva de mucho llamar a las puertas de
Orthanc para pedirle una pipa!
Tendremos
que compartir nuestras pipas, como buenos amigos en momentos de
necesidad.
-¡Medio
momento! -dijo Pippin. Metiendo la mano en el frente de la chaqueta,
sacó una escarcela pequeña y blanda que pendía de un cordel-.
Guardo un par de tesoros aquí, contra el pecho, tan preciosos para
mí como los Anillos. Aquí tenéis uno: mi vieja pipa de madera. Y
aquí hay otro: una sin usar. La he llevado conmigo en largas
jornadas, sin saber por qué. En realidad, jamás pensé que encontraría
tabaco para pipa durante el viaje, cuando se me acabó el que traía.
Pero
ahora tiene una utilidad, después de todo. -Mostró una pipa pequeña
de cazoleta achatada y se la tendió a Gimli.- ¿Salda esto la deuda
que tengo contigo? -dijo.
“-Menudo
trabajo me espera, por lo que veo; pero estoy tan cansado –repetía
una y otra vez. De pronto recordó lo que había ido a buscar-. ¡Mi
pipa! -dijo, y en ese momento se despertó.
-¡Tonto!
-exclamó, mientras abría los ojos y se preguntaba por qué se había
acostado debajo del cerco-. ¡Estuvo todo el tiempo en tu equipaje!
-Entonces se dio cuenta, primero, que la pipa bien podía estar en
el equipaje, pero que era inútil, puesto que no tenía hojas, y en
seguida que él se encontraba a cientos de millas de Bolsón
Cerrado…”
Otro
pasaje cargado, cual buena pipa, del espíritu del pipafumador. El
fumar una pipa como homenaje a un amigo, un familiar o una persona
respetada por nosotros y que se ha ido.
“El
viejo rey sonrió:
-No te preocupes. Ya has sido perdonado. Que el magnánimo hable en
nosotros. Vive ahora años de bendiciones; y cuando te sientes en
paz a fumar tu pipa ¡acuérdate de mí! Porque ya nunca más podré
cumplir la promesa de sentarme contigo en Meduseld, ni de aprender
de ti los secretos de la hierba...”
“-¡Bravo!
-dijo Merry-. Entonces, ante todo quisiera cenar, y luego fumarme
una pipa. -Y al decir esto una nube le ensombreció la cara. - No,
no quiero ninguna pipa. No creo que vuelva a fumar nunca más.
-¿Por
qué no? —preguntó Pippin.
-Bueno
respondió lentamente Merry. El está muerto. Y al pensar en fumarme
una pipa, todo me ha vuelto a la memoria. Me dijo que ya nunca más
podría cumplir su promesa de aprender de mí los secretos de la
hierba. Fueron casi sus últimas palabras. Nunca más podré volver
a fumar sin pensar en él, y en ese día, Pippin, cuando cabalgábamos
rumbo a Isengard, y se mostró tan cortés.
-¡Fuma
entonces, y piensa en él! —dijo Aragorn. Porque tenía un corazón
bondadoso y era un gran rey, leal a todas sus promesas; y se levantó
desde las sombras a una última y hermosa mañana.
Aunque
le serviste poco tiempo, es un recuerdo que guardarás con felicidad
y orgullo hasta el fin de tus días.
Merry
sonrió.
-En
ese caso, está bien dijo, y si Trancos me da de todo lo necesario,
fumaré y pensaré. Traía en mi equipaje un poco del mejor tabaco
de Saruman, pero qué habrá sido de él en la batalla, no lo sé,
por cierto.”
“-¿Así
que también vosotros habéis venido a regodearos, mis alfeñiques?
No os preocupa lo que le falta a un mendigo, ¿no? Porque tenéis
todo cuanto queréis, comida y espléndidos vestidos, y la mejor
hierba para vuestras pipas. ¡Oh sí, lo sé! Sé de dónde
proviene.
¿No
le daríais a un mendigo lo suficiente para llenar una pipa, no lo
haríais?
-Lo
haría, si tuviese —dijo Frodo.
-Puedes
quedarte con toda la que me queda —dijo Merry entonces—, si
esperas un momento.
-Se
apeó del caballo y buscó en la alforja de la montura. Luego le
extendió a Saruman un saquito de cuero.
-Quédate
con todo lo que hay —dijo—. Te lo cedo gustoso; la encontré
entre los despojos de Isengard.”
“-Eso
es justamente lo que también nos gustaría a nosotros —dijo
Gandalf—. No estamos cansados. Nos hemos tomado las cosas con
calma últimamente. Está bamos mojados, con frío y hambrientos,
pero todo eso tú lo has curado. ¡Ven, siéntate! Y si tienes un
poco de hierba para pipa, te
daremos nuestra bendición.”
“-Y
es evidente que algo anda mal en la Cuaderna del Sur —dijo Merry.
Hay una escasez general de hierba para pipa.”
EL
SEÑOR DE LOS ANILLOS. El
Retorno del Rey
¡Cómo
no!, la pipa asociada siempre a la buena conversación, a esa
parrafada agradable tras tiempo sin vernos.
“-Bueno
¿qué les parece si fumamos un poco mientras nos cuentan las
novedades de la Comarca? dijo.
-No
hay hierba para pipa ahora —dijo Hob—; y la que hay, se la han
guardado los Hombres del Jefe. Todas las reservas parecen haber
desaparecido. Lo que hemos oído es que carretones enteros de hierba
partieron por el Camino Verde desde la Cuaderna del Sur, a través
del Vado de Sarn. Eso fue al final del año pasado, después de la
partida de ustedes. Pero ya antes la habían estado sacando en
secreto de la Comarca, en pequeñas cantidades.”
¿No
suena esto a noticias actuales, salvando las distancias? ...pubs en
Irlanda, por ejemplo.
“Y
así las cosas iban de mal en peor. No había hierba de pipa para
nadie, excepto para los hombres del Jefe; y como el Jefe no
soportaba la cerveza, a menos que la bebieran sus hombres, cerró
todas las tabernas; y todo, menos las Normas, escaseaba a más y
mejor; a menos que uno consiguiera esconder algo, cuando los
rufianes iban de granja en granja recolectando «para un reparto
equitativo»; lo cual significaba que ellos se quedaban con todo y
nosotros con nada, salvo las sobras que acaso te dieran en las Casas
de los Oficiales, si las podías tragar. Todo lo peor. Pero desde
que llegó Zarquino, ha sido una verdadera calamidad.”
Ha
sido un placer volver a reencontrarme con viejos amigos en estas
Tierras Medias que en su día “descubriera” JRR Tolkien en lo más
profunda de su fructífera imaginación. Y redescubrir nuevamente,
mediante la lectura, todo este universo en el que todavía se da
verdadero valor a cosas como: la lealtad, la amistad, la
naturaleza,… y una buena pipa cargada hasta donde su cazoleta
alcanza de hoja o hierba para pipa de Valle Largo y no reparar en el
reloj estando en compañía de buenos amigos y tras degustar todo lo
bueno que en la mesa pueda servirse.
Bueno
hasta la próxima, ahora disfrutaré de una noble churchwarden de
brezo probablemente menos fantástica que las de Gandalf o
cualquiera de los miembros de La Comunica, pero no menos placentera.
Pedro
Romero, -Canarias- |