Barcelona Pipa Club / Virtual Pipa Club 

 

  IV CONCURSO DE MICRORELATOS DEL BARCELONA PIPA CLUB    ( 1 )    

 
 

 

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José Luis Yuste Andrinal ,de Toledo
ganador del
IV Concurso de Microrelatos
del Barcelona Pipa Club

Tema : "La pipa y las prohibiciones del tabaco",

 

 


El Barcelona Pipa Club On Line ruega disculpas en primer lugar por el retraso en el fallo del IV Concurso de Microrelatos debido a causas ajenas a nuestra voluntad , a la vez que considera:

"Que el relato "El suicidio" de José Luis Yuste Andrinal es el justo merecedor del premio por su sentido del humor, buena factura y también por ajustarse debidamente al tema de nuestro concurso. Felicidades al ganador y enhorabuena a todos los participantes por el nivel conseguido ."

 

   Breve referencia de José Luis Yuste Andrinal

Diplomado en “Magisterio” y Licenciado en Geografía e Historia  (Rama “Historia Antigua y Medieval”) por la Universidad Autónoma de Madrid, aprobó las oposiciones al cuerpo de  Maestros en el año 1994  -Especialidad de “Educación Infantil”-.  Actualmente dirige el Colegio Público de Quismondo, un pequeño pueblo de la provincia de Toledo, cargo que lleva desempeñando ininterrumpidamente desde  1998.

Está casado y tiene dos hijos de  6  y  4  años.

Aficionado a la Literatura, escribe cuentos para niños y relatos breves desde hace aproximadamente dos años. 
 

 


 

 
Relato ganador
del IV Concurso de Microrelatos del Barcelona Pipa Club

 

Suicidio (122 )

-Buenas tardes, Menéndez; ¿Qué tenemos? –preguntó al tiempo que extendía su mano hacia el oficial.

-Buenas tardes, señor Juez –contestó el policía estrechando la mano que le ofrecía el recién llegado y señalando a continuación hacia la víctima.  
 

El Juez miró al cadáver que yacía tirado a escasos metros sobre un inmenso charco de sangre. Le llamó la atención que aun sujetara en su mano derecha una cachimba labrada de marfil.

 Se acercó al fiambre seguido muy de cerca por Menéndez. 
 

-Yo diría que tiene más de veinte puñaladas.

-¡Treinta y cuatro! Había treinta y cuatro personas en el local y todas, según han relatado, participaron en el acto.

-¿Han encontrado algo?

-Esta nota. Estaba en un bolsillo de la chaqueta del finado y va dirigida a usted -informó el agente mientras entregaba un papel al magistrado quien leyó en voz alta:

 “Señor Juez: no culpe a nadie de mi muerte. Problemas laborales y personales me han llevado a tomar esta decisión. Me faltó valor para tirarme por el viaducto, para atiborrarme a pastillas o para cortarme las venas... Así que decidí poner fin a mis días de esta manera”. 
 

-¡Solo a un imbécil se le ocurre encender su pipa en un restaurante para no fumadores! –Exclamó el agente.

-O a un suicida. Muy desesperado debía estar para hacer una cosa así –apostilló el magistrado.

 
José Luis Yuste Andrinal

 

 

 Otros relatos a concurso 1 (de 2 )  

 


Evocación (142 )

En el sillón de su casa, con el humo de su pipa evocaba hermosos gorriones que había visto, rostros de mujeres que había amado y un inmenso navío en el que había pasado tiempo de su vida. Y cuanto hubiera dado por poder hacerlo ahora que su vida se había derrumbando por completo. Pero no podía, ya que en el restaurante que lo había citado su novia para dejarlo estaban prohibido los gorriones, los barcos y cualquiera de los hermosos recuerdos que él suele evocar.

Emanuel S. H. Marin (Argentina)

 


 

La tentación (141 )

Muchas lunas antes de la aparición de Adán, nosotros parientes cercanos, nosotros parientes lejanos del Hombre, correteábamos por aquí en grupos. Cada uno de esos grupos – el nuestro presumía ser uno – tenía un macho dominante (el nuestro se llamaba Ozkur ), un tipo duro y de armas tomar.

Yo ( un tipo ordinario) tenía un buen amigo: “ Cara de Melón”, él era mi compañero de andanzas y de aventuras, él y un par  más de compañeros : V.. y J…

Cierto día Cara de Melón encontró algo a mitad de camino entre una rama y un tallo, algo que al cabo de un tiempo comenzamos a llevarnos a la boca (por imitación), y que frotándolo y frotándolo, conseguíamos calentar (a base de esfuerzo), a una temperatura tibia para la boca y caliente para el alma.

Ozkur, como macho alfa del grupo regulaba  las actividades del grupo y desechaba toda actividad que no tuviera un claro fin provechoso para el grupo (búsqueda de alimentos y agua, celo ante depredadores, etc.); con lo que tan pronto nos sorprendió con esta nueva actividad nos prohibió (en nuestro lenguaje – entiéndase: gruñidos y golpes-), esa actividad.

Por un período de tiempo continuamos con nuestro rito, haciéndolo secreto y a escondidas.

Eso, hasta que un día, inmersos en el placer que eso nos daba (y creyéndonos mas alejados de lo que realmente estábamos), llegó Ozkur y con él los gritos, el dolor de los golpes (al principio de él, luego ya de todo el resto del grupo), para luego el silencio.

Al cabo de (¿años?, ¿décadas?, ¿siglos?), un día de calor de verano, unos arqueólogos removieron un trozo de uno de mis huesos, cerca había otra parte de Cara de Melón y mas allá otra de V… y algo de J… Se marcharon alegres de encontrar parte de su pasado, parte de algo… Lo que nunca encontraron (porque había formado parte de la tierra como la mayoría de nuestros cuerpos), era esa “ramita” con la que hasta un día jugamos.   

Gurmensindo Báez Dequeira.-

 

 


 

Los viajes (140 )

Empezó con una expedición a la Selva donde vio increíbles animales, cuando se aburrió viajo a China donde recorrió la Gran Muralla, después tomo un Café en París y luego el viaje concluyo cuando, mientras observaba la Torre Eifel, le dijeron que debía apagar su pipa.  

Emanuel S. H. Marin (Argentina)


 

La pipa me encontró (139 )

¿quien dice que hay que estar viejo para fumar pipa?

yo, deje de fumar el cigarillo normal, pero algo me hacia falta en la vida, estava de mal humor y me irritava con gran facilidad.

sin darme cuenta, escribiendo una carta a mi abuelo, en una pausa que hice, me di cuenta que estava chupando muy relajado la tapa de la pluma.

un espejo frente a mi escritorio que tengo en la recamara me hiso reflexionar  y si estas tan relajado con ese plastico en la boca, ¿como te verias con una buena pipa?

sin mas, me levante y me diriji a una tabaqueria y realmente yo no encontre a la pipa, ella me encontro a mi, ya que entre la gran variedad que habia en ese lugar hubo una que me hechizo.

lleno mis ojos y como con respecto a las mujeres pense, esa tiene que ser mia.

la compre y regrese a terminar la carta a mi abuelo.

orgulloso con mi pipa, me sentia interesante, intelectual y quice atribuirlo como un homenaje a mi abuelo.

soy tan egocentrico que esa pipa la disfruto a solas, escribiendo, saboreando mi cafe.

porque todo es conceptual en esta vida, para mi el concepto de mi pipa es mi lado de  genialidad y prespectiva critica, analitica y de fantasias que dan pose a mis movimientos.

que hermosa es la vanidad, cuando la exivimos solo a nosotros mismos.

ahora cuando escribo, ya no estoy solo con mis pensamientos, mi pipa me acompaña y me invita a la inspiracion divina de estar el algun lugar del cosmos fumandola y viendo la misera condicion humana o relajado en un yate esperando con toda la calma del mundo que pique el pez mas extraordinario.

en mi testamento pedire, que me entierren con mi pipa y vestido de smokin, porque para mi no cualquiera fuma pipa.

y como yo no soy un cualquiera, deseo tocar las puertas del cielo, elegante y pidiendole un fosforo a san pedro para encenderla y tener una sabrosa charla con el señor.

quien seguramente estara disfrutando la mas codiciada de las pipas.

que es, la pipa de la paz.

 

Francisco José Caballero Romo, México
 
 


Clinton, pipa y tabaco (138 )
 

CLINTON RAMIREZ, díscolo, literato de  la hirviente  Cienaga departamento del magdalena, donde las letras pasean a plena luz del Sol y  y se sientan por las noches en la plaza del centenario, mi amigo y asesor como yo del alcalde en turno, en el asunto de las finanzas públicas, carajo! Nos toco volar para la nevera bogotana a arreglar asuntos de la cosa pública  y de paso a encontrarnos con unos amigos suyos. Sin saber , iba a encontrarme con una gran realidad  de mi vida,  el escribir  sin miedos y  plumajear  el papiro  moderno  con las teclas de mi computador. Fuimos y realizamos las actividades profesionales  programadas, y luego una cita con varios  estudiosos de las letras,  unos costeños, otros  sabaneros  y como es lógico los bogotanos,  por último este espectador  de letra inerte que sólo quería escuchar para aprender.  Hablaron de la Antología de cuentos que iban a realizar  con los cuentistas de la costa Norte de Colombia, en fin , que perplejo estaba ante tanta sapiencia, ricos lenguaje y excelente despliegue de la imaginación. Acabados sus temas me hicieron una sola pregunta ¿BYRON,  HAS ESCRITO ALGUNA VEZ?,  me los quedé mirando y se rieron, le dije NO pero si quieren les hecho un cuento de mi pueblo,  PILAS ECHE! me dijeron (Rieron otra vez). Me sumergí en mi mundo Rural , me transporté en el tiempo y empecé a hablar de una de las tantas historias insólitas y deslumbrantes acaecidas en mi tierra natal (Polonuevo- Atlántico), en la mitad del relato  CLINTON SACO SU PIPA ,  otros un tabaco  con un excelente aroma,  pidieron silenciosamente Cerveza negra de sifón , me calle y pregunté, que pasó?  Por qué la pipa y los tabacos. Me contestó mi amigo CLINTON ,! AMIGO BYRON VACCA, LAS PALABRAS DEL BUEN NARRADOR DEBEN SER SIEMPRE AROMATIZADAS  EN LOS AIRES  POR  UN BUEN TABACO,  SEA EN PIPA SEA EN HABANO, SU CALOR, ALIVIADO CON UNA CERVEZA NEGRA Y DE SIFON¡ JA JA JA JA JA. 
 

Luigi , Barranquilla,Colombia



 

El último tabaco (137 )
 
Mira que venir a descubrir el amor en un cuarto de baño, es verdad que fue  
dificil encontrar una mujer a la que le agradara, o siquiera soportara mi  
fuerte adicción al tabaco, pero lo hice, y Sabina fue ese extraño espécimen  
que no solo soportó, sino que adoró mi olor a cigarrillo. Ella tiene una  
adicción igual o más fuerte que la mía. 
Esta tarde fue magica, Sabina y yo nos dimos una escapada hacia esta  
propiedad, es de un amigo mio, estamos en medio del campo, cerca de aqui no  
hay nada y solo nos teníamos el uno al otro. No hemos salido de la casa  
desde que llegamos. Despues de entregarnos al juego de las sabanas y amarnos  
durante unas horas, conversamos largamente. 
Varias horas nos pasamos desnudos, sobre la cama, hablando, dejando que el  
humo del tabaco que salía de uestras bocas se comunicara y se fundiera en un  
dialogo de volutas. No nos dimos cuenta de cuanto tiempo pasó, ni de cuantos  
cigarrilos fumamos. El humo fue acercandonos más y más hasta que no hubo  
nada más que decir, volvimos a hacer el amor. 
Despues de amarla hasta el cansancio, tomé la cajetilla del buró, solo  
quedaba un cigarrillo. Yo no iba a compartirlo con ella, Sabina debe haberse  
dado cuenta de que era el último que quedaba, me miro y se me hecho encima,  
supe que ella no lo compartiria conmigo. Luchamos largo rato por ese tabaco  
el único que quedaba, el último. 
Así fue como termine encerrado con mi amor en el cuarto de baño, Sabina esta  
ahi afuera gritando y dando golpes contra la puerta, yo estoy fumando aqui  
dentro.

 
 
Funkmador (Méjico)



 

Anne intentó que todo volviera a la normalidad (136 )

Hacía ya tres años que su marido, Joan la había dejado para siempre, aquel terrible cáncer de pulmón se lo había llevado sin más dejándola en la más pura soledad, llevando un vacío en su interior que nada volvería a llenar.

Pero cada día, a las cinco de la tarde, como venía haciendo desde aquel día fatal, Anne se arreglaba, y preparaba dos tazas de té, que tanto le gustaba a Joan, una para ella y otra para el marido ausente.

Y a pesar de que él ya no estaba, decidió que jamás perdería esa costumbre que practicaban desde cuando empezaron a vivir juntos, fumar aquel cigarrillo a medias y a escondidas, ya que Anne aún creía que eso era cosa de hombres.

Carmen Peñaloza Oliva
 
 
 


De esta noche no pasa (135 )


Esta noche lo ha vuelto a hacer. Y mira que se lo he 
dicho cientos de veces. Porque yo podré ser buena, 
pero tonta, no. 
 
Ha salido de casa, como cada noche, a eso de las ocho 
y media, nueve menos cuarto. Primero da un paseo breve 
por las calles del barrio –acostumbra a elegir las 
menos iluminadas–, pero siempre termina en ese café 
que hay a dos manzanas de aquí. Yo no le he seguido 
nunca, hasta ahí podíamos llegar, pero son muchos años 
viviendo juntos como para no saber exactamente lo que 
hace en cada momento. Él estará como siempre, acodado 
en la barra, bebiendo una cerveza y fumando sin parar 
su apestosa pipa. Ella permanecerá inmóvil a su lado, 
atenta a cada caricia que pueda recibir de mi marido, 
a cada gesto de cariño que él le regala continuamente. 
Y a mí, que me zurzan.
 
 
Luego llegará con su maldito olor a tabaco y jurando 
que ni siquiera ha dado una bocanada; como si yo no 
supiera que, si no fuera por fumar, para luego iba a 
tener tanto interés en sacar cada noche de paseo a la 
perra… pero de hoy no pasa: no pienso consentir que 
siga trayendo ese olor asqueroso que no hay manera de 
arrancar de las cortinas ni gastando un bote entero de 
ambientador. 
 
Ricardo Bosque 

 


El viejo de la pipa  (134 )
 

Recuerdo entrar en casa corriendo, mis pequeños pies subían las escaleras para encontrarse con aquel señor mayor para mí que me esperaba sentado en su sofá de madera añil, sentado con su boina su sonrisa y su pipa. Aquella pipa que nunca se quitaba, que desprendía un olor a humo marchito pero confortable. Recuerdo mis largas tardes de niña rodeada por sus brazos y sus risas. Nada me producía más amor, nada me producía más protección, entre sus brazos nunca me pasaría nada. Le contaba como me había ido en el colegio, mis batallas con mis compañeros y jugábamos a cromos y al parchis mientras comíamos palomitas de azucar. Cada tarde, de mi infancia estaba ligada a él, al recuerdo de unas manos grandes y al olor de aquella pipa que siempre estaba con nosotros. La vida era bella, no había injusticias, ni dolor, ni miedo al futuro. Tan solo una pequeña que se dejaba querer por la única persona que la quiso de verdad que hubiera dado su vida por ella, y que le mostraba una vida llena de fantasía y felicidad.

Una tarde subí como tantas veces las escaleras, venía a darle un beso y a contarle como me había ido...al abrir la puerta el olor a tabaco ya no estaba, su sillón estaba vacío y mi alma se quebró para no volverse a levantar nunca más. El viejo de la pipa había muerto y sin saberlo a mi me llevo con el. Porque la vida ya nunca volvió a ser de parchis ni palomitas, la vida se fue convirtiendo en un humo. 
 

Noelia Cerdán Rubio


 
Especial para Walter
(133 )

Marta abrió la puerta con cuidado, introdujo su nariz por la pequeña rendija y aspiró profundamente. Él no estaba en casa. Entró nerviosa, mirando hacia todas partes, como si fuera a ser descubierta en cualquier momento, ya eran las ocho, Walter no tardaría en llegar. Sacó del bolso el pequeño cofre. Aunque en la tienda de antigüedades se negó,  pensó que quizás hubiera sido mejor envolverlo, era demasiado evidente su contenido. Buscó papel de regalo, de ese que le había sobrado en otras ocasiones. Corazones, manchas de colores y muñequitos, ninguno le pareció apropiado para semejante joya. Era como introducir un Van Gogh en una bolsa de basura. Abrió el cofre y sonrió. Le había costado mucho conseguirla pero por fin la tenía, fina plata repujada, un diseño único y lo más importante, cientos de historias atesoradas en su interior. El anticuario le aseguró que había pertenecido a un importante escritor de la época, esa pipa había frecuentado las más prolíferas tertulias literarias de los años treinta. Estaba segura de que Walter, gran conocedor del tabaco, la pipa y su filosofía, alucinaría. De momento oyó la puerta. Sin más cerró el cofre y lo dejó con cuidado encima de la mesilla de noche. Salió a recibir a su amado, mientras respiraba por el pasillo un aroma dulce con un ligero toque de cereza. 
 

María Isabel Romero Soler


 



 

Todos dicen que se fue el abuelo (132 )
 

     Todos dicen que se fue el abuelo.

     Mamá con los ojos llorosos me dice que está en el cielo.  

     La abuela como ausente en una silla, dice que al fin descansa en paz.

     Los primos dicen que su cuerpo está bajo la tierra, que ellos vieron cómo lo enterraron.

     La tía Dolores dice que su alma está con Dios.

     Yo no les creo, sé que no se ha ido, está aquí, no descansa.

     Su voz está en el humo de la pipa, su risa eterna en el olor del tabaco.

     El brillo de su mirada en los ojos de mi padre cuando suelta lentamente, como en un suspiro, esa grande bocanada.

  Catarina ,México
 


Los desterrados (131 )

 

     Derrocaron al presidente y llegó el dictador con sus delirios monetaristas. Fue fácil quedarnos en la ruina. Tuvimos que vender todos los muebles para comer un par de meses. El abuelo fumaba con su pipa en un rincón, ajeno a la buena o mala suerte. La casa iba quedando vacía y el abuelo en su rincón fumando. Nos quedamos sin comida, pero sabíamos que no le podía faltar tabaco al abuelo. Un día, uno de mis hermanos dijo:

     _ Hay que vender la pipa del abuelo. Nos morimos de hambre.

     El resto de la familia lo acalló inmediatamente, desbaratado por esa especie de profanación.

     Nadie tenía trabajo y las tripas dolían. En enero, cuando ya los pasos resonaban en una casa deshabitada de objetos, decidimos cruzar la cordillera para probar suerte en Argentina. Llevamos al abuelo con nosotros. Nos instalamos en un valle, rodeados de la estepa patagónica. Nunca habíamos hecho labores de chacra, pero tuvimos que adaptarnos. El abuelo, tan triste como enfermo, nos miraba de lejos con su pipa en la boca, a la sombra de un manzano. Poco tiempo después, mientras nos consumía la nostalgia por nuestro suelo nativo, el abuelo, que ya nos venía acostumbrando a la distancia, falleció de una dolencia que no le hizo perder el sosiego.

      De la pipa acurrucada en un pliegue remendado de su camisa (de esa pipa que se convirtió en el único recuerdo que nos quedó de la patria) aún emergía el pacífico humo del tabaco.

 

Fumarola, Argentina
 


Lámpara de tierra (130 )
 

 
Las mañanas en Isla Negra, además de los paseos por la playa, las ocupó el  
poeta chileno Pablo Neruda a la composición de su poesía. Los textos —en  
tinta verde sobre papel cuadriculado— que nunca fueron reproducidos  
mecanográficamente por su secretario y amigo, Homero Arce, los despedazaba  
el propio Neruda en tiras, verso por verso, para después mezclarlos con su  
tabaco. 
 
En 2003, a treinta años de la desaparición del escritor, los esfuerzos en  
conjunto de una prestigiosa editorial española, lingüistas, grafólogos y  
otros varios especialistas en la reconstrucción de evidencia manuscrita  
rescataron cuarenta y siete poemas que no fueron alcanzados por la voraz  
pipa del poeta. Los mencionados textos integraron el primer volumen de la  
colección "Lámpara de tierra: Obras Completas de Pablo Neruda". 
 
El éxito comercial de este conjunto de libros se debió, en gran parte, a la  
impresión de los mismos en papel hecho a base de hojas de tabaco. Además de  
contar con un suajado  al margen de la encuadernación, las hojas eran  
fácilmente desmenuzables. La calidad y el sabor de estas ediciones  
satisficieron a los más exquisitos fumadores de pipa. La permanencia en el  
mercado de "Lámpara de tierra"  golpeó fuertemente las campañas contra el  
tabaquismo en Colombia, México y España durante todo 2004. Pero en general,  
la media de lectura per cápita aumentó notablemente en toda la hispanidad. 
 
 
Bruno Perseo Arredondo Estrada , Ciudad de México 


 


Diálogos sobresaalientes en la capilla (129 )
 

Al llegar a la Capilla Sextina de excursión, San Pedro y San Juan quedaron boquiabiertos admirando la escena del Juicio Final; se sintieron embelesados, igualmente, por el parecido con la realidad de sus dobles.

      -Miguel Ángel Buonarroti debía tener línea directa con el cielo para reflejarnos en sus frescos indefectiblemente  –dijo vanidoso un San Pedro que sacaba del embozo de su sábana una pipa de agua.

      -Se habría fumado algo…

San Pedro sonrió mesándose su sedosa barba blanca y luego aspiró de la  boquilla dorada con delectación; mientras tanto, un pensativo San Juan removía distraído con un cerillo el tabaco rubio de la cazoleta de su pipa…

     -Relájate, Juanito –esgrimió Pedro leyéndole el pensamiento-, sabes que al Nomber One no le importa que fumemos aquí; lo único que hace daño a los frescos es la masificación y llevan ya algunos siglos sin respetarlo -la voz cavernosa de Pedro retumbó con eco. San Juan asintió pensando que el Vaticano era la ciudad más rica del mundo; después, ladeando la cabeza, prendió el tabaco rubio de su pipa de ébano y lanzó una larga bocanada de humo; a continuación, vio los ojos luminosos de San Pedro, encendidos de admiración por la pintura. Oyó a San Pedro que sin mirarlo directamente a la cara volvía a hablarle: <<Juanito…, ¿sabes quién está prohibiendo el tabaco en la Tierra?>>

San Juan se encogió de hombros, torció los labios expulsando un hilillo de humo por la comisura, arqueó las cejas como un zangolotino, echó un traguito de una petaca, no contestó, pensó que era una pregunta retórica…

     -Los mismos poderosos que contaminan con sus vertidos tóxicos, los mismos que torturan con las brasas del cigarro, los mismos que disparan aleatoriamente con sus “pipas”, los mismos que meten “puros” descargando sus misiles…  Y prometo que habrá para ellos, si el Jefe con su bondad infinita lo cree justo, Juanito…, un Juicio Final.

     -Que el Maestro exalte la excelente idea po-nien-do-do no-ta-ta: un DIEZ –y un San Juan amante del brandy, relajado, bautizado de su particular humor, expelió otra de las generosas bocanadas del humo de la satisfacción. 
 

Ginés Mulero Caparrós 

 


 Amor clandestino (128 )
 
 Se amaban con pasión entre cenizas y humo, nadie recuerda bien desde  
cuando, tal vez desde siempre, (sólo el Tiempo lo sabe). Era un amor tan  
puro y tan intenso que terminó por levantar envidias: un soplo legal intentó  
apagar las ascuas que en el interior de la Pipa, tan sólo el Tabaco había  
sabido avivar. 
 Pero el amor no se puede prohibir y aún hoy, a pesar de la persecución a  
que son sometidos y siempre lejos de miradas hostiles y olfatos insidiosos,  
siguen encontrando en aquellos a los que llaman "Los Fumadores", la  
complicidad de quienes creen en el verdadero amor y la mano amiga necesaria  
para mantener viva su historia clandestina. 
 
Dingo
 
 
 
 


Fumador surrealista (127 )

(Negar perjudica gravemente su salud)

 

María Fernanda Ampuero


 

 Ceci n’est pas une pipe (126 )  

"Ceci n’est pas une pipe", aclaró.

"¿Ah no? ¿Y entonces qué es eso que tiene en la boca, un paraguas?", preguntó.

 

"Arte surrealista", respondió.

 

"Muy gracioso, muy gracioso. La multa es de mil euros y si sigue haciéndose el chistoso me lo llevo. Es su cuarta infracción en un mes", escupió.

 

"Ceci n’est pas une pipe!!!", exclamó.

 

"Va preso Magritte", concluyó.

 

"María" Ampuero


Sueño (125 )

Algo llamó mi atención entre aquella amalgama de objetos, papeles y demás enseres que se almacenaban sin orden ni concierto en el desván de aquella vieja casa.

Con sumo cuidado extraje del fondo de un arcón, una pipa de espuma de mar. Exquisitamente tallada, aparecía al final de la curva de la pipa, la cara de un sultán con todos los rasgos, incluida una barba rizada y muy poblada, adornando su frente con un turbante. De un blanco impoluto y rematada en plata por ambos extremos, tenía todo el aspecto de haber pertenecido a alguien de mi familia de hacía varias generaciones, pues yo no recordaba, hasta donde me llegaba la memoria, ni a mi padre ni a mi abuelo con una pipa semejante en sus manos.

De repente, y preso de un instinto incontrolable, coloqué la pipa en mis labios para sentir su tacto e incluso su aroma, aunque después de haberse pasado tanto tiempo olvidada en aquel baúl, dudaba que pudiese emanar algo de ella. Qué equivocado estaba. Rápidamente me sumí en otro mundo, perdiendo el sentido de la realidad para despertar en manos de un caballero elegantemente ataviado con un frac, sentado en un salón con una copa de coñac en la otra mano. Su olor dulce, como a vainilla, me embargaba y su sabor un poco acre, me recordaba a las especias y me acercaba al mundo oriental. Me sorprendí a mi mismo hablando con una bella mujer a la que le contaba las excelencias y el placer de fumar aquella maravillosa pipa turca.

Me desperté, al cerrarse de golpe una de las troneras de la buhardilla. Todavía notaba el sabor dulzón del tabaco de pipa en mi boca.
 

Paqui Perez
 
 
 
 
 
 


 
 
 

Enfermos esperanzados (124 )
 

Como en los días pasados, así como hoy y lo sería mañana, los órganos y músculos de un ser habitaban felices en sus posiciones, protegidos de los huesos, cubiertos por las pieles. Órganos felices como el Corazón limpiando la sangre que caía en ella y como una madre de casa limpiando a gusto para dejar las cosas sanas. Los hermanos Pulmones, que abrazados por la tráquea disfrutaban del aroma que les proveía el aire. El Estómago trabajador, que día a día separaba los nutritivos y vitaminas de los alimentos que le llegaban.

Pero un día, como si una maldición cayera sobre ellos, comenzó a inundar al cuerpo un aire gris y maléfico, los Pulmones se contaminaban de él y empezaban a enfermarse, el Corazón con mucho miedo notaba como prediciendo el futuro, caería sobre un ritmo cardíaco y dejaría de existir, y el Estómago, que no hacía más que recibir alimento chatarra y café siéndole difícil la tarea de separar y digerir. A mucho sufrir le preguntaron al viejo sabio del Cerebro que es lo que pasaba y porque se sentían tan mal, a lo que Cerebro respondió: - Es él, con el que nosotros compartimos este cuerpo, el que consumiendo tabaco, él mismo se destruye y nosotros con él. Porque es él, el que débil cae a la tentación y con la búsqueda del cigarrillo se va alejando de lo que antes tuvo. Sólo él, que comenzó esta aberración maldita puede abandonar esta adicción o bien hacerla parte de él y abandonarnos a nosotros.

Mr-Magic 

 


 

Vive para vivir o fuma (123 )

…la noticia de último momento: Los heridos siguen aumentando, las bajas superan las tres cifras en los últimos cuatro meses. Esta guerra parece no tener fin y los…

…él tenía tan solo catorce años y ahora desapareció, él era todo para mí, y ahora no está…¿que voy a hacer? ¿de que me sirve vivir ahora? Sin tan solo…

…lo conocía desde la secundaria pero ahora cambió, esta antisociable, supongo que fue esa cosa que le dieron de probar y ahora no se la puede sacar de la boca, me molesta que no lo pueda dejar como si…

…ahora tiene un aliento horrible y tose con flema, tiene las uñas, los dedos y hasta los dientes manchados, huele muy mal y hasta su hijo esta pasando su etapa y…

…él pensaba que esa pipa lo haría un ser importante y sabio, yendo de aquí para allá fumando y ahora su mejor amigo es el cáncer y desde entonces…

…la noto tensionada y ella misma me dice estar con estados de ansiedad, creo que es esa cosa que consume porque antes era una chica simpática, sociable y…

…a pesar que ahora no coma como antes tiene más grasa en la barriga, ese tabaco está hasta en sus venas, ya no quiere ni salir a caminar y siempre que se pone mal enciende esa asquerosidad yo no sé como puede hacer… 
 

El fumar es perjudicial para la salud, si queréis vivir hazlo sanamente pero si prefieres ser famoso y formar parte de este muro de penas…

Recuerda, nadie se droga cada 25 minutos, el fumador si.

Mr-Magic 

 



 

Humos de despedida (121)

Constanzo dejo el sombrero en el perchero de roble y marmolina estilo francés del rincón de la casa. Se sacó su sobretodo gris y lo colgó prolijamente. Camino lento rengueando de su pierna herida en la guerra teniendo que hacer un poco de ruido con sus zapatos lustrosos que se podía mirar uno el rostro en ellos. Se sentó en el gran sillón de la sala y enseguida llego ella. Gacela. Su fiel compañera de los días en soledad. Traía la bandeja de plata con el té humeante, el periódico prolijamente doblado, y la infaltable pipa con la caja de tabaco dorada que sus nietos le regalaron esta navidad.

Colocó la bandeja sobre la mesa vestida de verde musgo y le acercó la pipa, cuando la tomó espero silenciosa que Constanzo tomará el tabaco lentamente y encendiera la pipa en su ceremonial diario.

Nevaba. El chirrido de los leños era la melodía mas angelical en el frío invierno mendocino.

Ese olor a tabaco puro de pipa esta aún impregnado en toda la casa recordando esa tarde. La última tarde del abuelo Constanzo. 

Angelica Sonia Berrenechea (Argentina )

 


Esto es intolerable (120 )

Esto no puede ser, es intolerable. ¿A quién se le ha ocurrido semejante disparate? Estoy de acuerdo en que no pueda fumar en los hospitales, es lógico. Paso también por la prohibición en medios de transporte, incluso en lugares públicos como estaciones o supermercados. ¿Pero en el puesto de trabajo? No hombre, eso sí que no.  El lugar donde uno trabaja es sagrado, es su templo, su reino. Prohibirle a alguna persona hacer cualquier cosa en su reino es, como mínimo, un golpe de estado; máxime cuando se trata de vedar el placer de la ingestión de la exquisita mezcla de gases que produce la combustión de las hojas de esta planta. Seguro que el redactor de esta estúpida ley no ha sentido nunca el deleite de encender una pipa. Ver desde tu atalaya como la cazoleta, hecha volcán, entra en erupción. Escuchar los chasquidos que hacen las briznas más grandes al arder en el fuego que las purificará para siempre. Sentir el primer hálito que te proporciona tu fiel compañera y que hace callar la voz en tu interior que te decía: “enciende, calada, fuma, ¡fuma!”.

José hizo una pausa en su discurso, tomó el vaso old fashioned y dio un trago con el que aclarar su garganta. Al levantar la cabeza para beber se cruzó con las miradas de su esposa y los padres de los invitados a la fiesta de cumpleaños de su hijo, dándose cuenta en seguida de que todos estaban siguiendo su conversación con Alonso, el padre de Antoñito, en lugar de seguir con la charla que antes les ocupaba. Su esposa le habló:

Pero José, si tú llevas diez meses sin fumar, y… nunca fumaste en pipa.

Daniel Membrilla                                                                                                         



 
El Acuerdo  (119 )

La sala está totalmente repleta. Gente elegante conversa en grupos, muy bajito. A pesar del intenso calor que se sentía en la calle, aquí el frío se cuela hasta los huesos debido a la climatización. En el centro del local una mesa con dos sillas. Sin dudas, los presentes serán testigos de un gran acontecimiento. Al parecer no están apurados. No se ven impacientes. Disfrutan la estancia. 
 

Por fin, se rompe la inercia. La enorme puerta de madera tallada se abre para dar paso a dos hombres vestidos con trajes negros y sus comitivas.  Automáticamente la multitud les abre paso.  Les reconocen como los protagonistas de la velada. 
 

Cada personaje se acomoda en una silla de la mesa, les hacen llegar de inmediato sendos libros, que cada uno hojea, como si desconocieran el contenido de sus páginas, aunque tienen que haberlas repasado muchas veces antes de este encuentro. Al final estampan sus firmas. Se ha cerrado un acuerdo. Poco le importa a las personas que observan el contenido del documento, pues la mayoría asiste interesada en el cóctel  que se ofrecerá como colofón, sin embargo, se produce una cerrada ovación. 
 

Más, la representación no ha terminado. Tras la rúbrica, cada señor intercambia con parte del público. Ponen a prueba su distinción, su desenvoltura, su garbo. La lucha es bastante pareja hasta que uno de ellos, como quien propina un golpe bajo al contrario, saca su carta de triunfo, una pipa, que tras cargar con fina picadura de tabaco, agita acompasadamente hasta la boca con movimientos estudiados de su brazo. Ha sido una estocada mortal. Resulta, con derecho, el ganador absoluto de la contienda.  
 

Juan Carlos Moro, Cuba


 

Confesión  (118 )

 

- ¿ Por qué?.

 

- ¿ Por mi promiscuidad?, lo admito,  tuve multitud de amantes, escritores, artistas,   científicos, detectives... personas y personalidades, hombres y mujeres. A todos complací.

 

- ¿Pregúnteles?, ¡Jhon Ronald Reuel!, ¡Albert!, ¡Sherlock!, ¡Margarita Landi! ¿Dónde estáis?.

 

- Juntos engendramos musas, inspiración, creatividad. Concebimos teorías relativistas y resolvimos enigmas.

 

- ¿Por qué ya no me besan? ¿Por qué no acarician mi brezado cabello? ¿Es que ya nadie quiere inhalar el aromático placer de mis entrañas ?.

 

-¿De qué se me acusa?, ¿de hechicería?, ¿de embelesar los sentidos?, ¿desde cuándo seducir es pecado?. Quien se acerca a mi es por voluntad no por una compulsiva necesidad enfermiza. ¡No me vulgarice!.

 

- ¿ Por qué me persiguen? por participar en cálidas y humeantes tertulias. Soy una fugitiva, coacción y sanción me acosan.

 

- ¡Oficio rituales!, confieso ¿y qué?, ¿desde cuando la liturgia de la carga y la consagración del encendido son brujerías?.

 

- ¿ Por qué?...

 

Jose Lanao Dolset (Zaragoza)


La herencia  (117 )

La lenta neblina se levanta, como cada mañana, pausadamente. La lentitud de movimientos se va convirtiendo en ajetreo. Yo recuerdo, mientras casi todos deambulando en el poblado comienzan a encargarse en sus quehaceres, como siempre.

El brujo,  levantó su mirada de la raída estera en la que se encontraba sentado y, me miró de nuevo, intentando descifrar,  en el fondo de mis ojos,  la inquietud que despertaba en mí el momento.

Yo, no había podido dormir en toda la noche,  la vigilia pesaba entre mis parpados e intenté disimular el temblor de mi mano al acercarse, cuando me tendió la pipa, y con voz grave, me dijo lentamente:

- Es tuya, ahora te pertenece.

Extendí la mano torpemente, temblaba como una gaucamaya herida, observando como la sangre pulsaba entre los surcos de mis venas.

- No se si la merezco, respondí.

Todavía en ese instante,   mi yo dudaba  de ser merecedor de la carga que conllevaba poseerla.

Entonces susurro:

- La he preparado con el tabaco de los tiempos,   no dudes en aspirar el humo  de su sabiduría despacio, con el amor de la tierra madre que se ofrece.

La primera  bocanada fue de éxtasis, desde entonces no he vivido nada comparable.

Llegaron a  mi espíritu  cabalgando los jinetes de los tiempos, y sonaron en mi alma los tambores primitivos de la jungla. Hubo un  silencio sepulcral, más tarde, oí de nuevo a la vida en el  canto salvaje del  pájaro de fuego. 

 
Maria A. Muñiz N.
 
 


 

El sabor de cada una de mis pipas  (116 )

Colecciono pipas. Una de mis dulces extravagancias para poder admirar cercanamente objetos bellos.

 

No recuerdo bien cuando comencé a coleccionarlas,  y  creo,  no mentir mucho si digo,  que hace veinte años.  Esa pasión nueva llegó a mi,  quizá,  por la nostalgia del suave aroma que desprendía el tabaco dorado quemando en sus entrañas y, que me trasportaba a otros momentos,  a otros tiempos,  en  donde la alegría de mi vida subía  enardecida como el humo. ¡Quien sabe ya!... Quizá fuera sólo para tocarlas y al mismo tiempo descifrar el placer de manosear con insistencia,  mientras mi mente vagabundeaba entre ensoñaciones. Sea como fuere  las tengo muy presentes en mi vida. 

Siempre que puedo adquiero  una.

Voy a  tiendas de anticuarios,  me gusta saber que cada una tiene historia, sabor añejo; que unos labios la atenazaron en su día.  Sí, en el rutinario tic-tac del cotidiano día,  para tranquilizar al alma succionadora  más allá del tiempo y del espacio. Puede decirse que ojeo como un ave rapaz a mi futura presa, depositada,  casi  siempre,  entre varios objetos ya en desuso y,  mis ojos se enturbian o chispean,  cuando pido al anticuario que  saque de la vitrina a esa parlanchina del profundo mundo del  silencio.

Entonces  la pipa habla y me relata cada una de sus grietas: ¡Cuantos golpes de vida!; Despacio se exhibe ante mí y,  orgullosa,  me enseña sus sufridos  tatuajes como si fueran condecoraciones de una guerra. Se convierte en ese instante en mi aliada. La mimo, la protejo entre mis dedos  y,   táctil,  me cuenta sus batallas.

 

Amo a  todas, por distintas y  políticamente diferentes.  Y sé que fui,   hasta hoy,   a excepción del  adorado humo,    el más dulce  de todos  sus amores.

 

Airetara  (España)
 


 La teoría (115 )

            Hace unos cuarenta años, recién doctorado, cuando entré en el despacho del profesor, este estaba sentado en su escritorio. Su mano izquierda sujetaba en sus labios una pipa. Aunque hacia algunos años que se había prohibido definitivamente el tabaco y ya era imposible conseguirlo por ningún medio, él siempre llevaba consigo una de sus pipas. A veces la pipa asomaba en el bolsillo de su americana, otras la llevaba en la mano y la usaba como puntero en las explicaciones de sus clases. De vez en cuando se la llevaba a la boca y aspiraba, como si aún fumara. Una vez me hube sentado frente a él, me miro con sus ojillos divertidos, mientras, su amplio bigote se expandía acompañando su sonrisa. Aquel gesto tan suyo, junto con su pelo ensortijado, le confería, a pesar de la edad, un entrañable aspecto de niño travieso.  Sobre la mesa había una carpetilla de cuero atada con una cinta marrón. El la deslizó ofreciéndomela.

     - Mire usted, lo crea o no, desde que se prohibió el tabaco, no he sido capaz de plantear una sola ecuación más. Espero que usted continúe desarrollando La Teoría.—me dijo.

 

     ¡Tenga! Hoy, cuarenta años después, yo le ofrezco a usted la misma carpeta sin haber sido capaz de aportar ni un solo paso al desarrollo de La Teoría.”

 

J.M.R.G.  León

 

 

El rito (114 )

Muchas lunas antes de la aparición de Adán, nosotros parientes cercanos, nosotros parientes lejanos del Hombre, correteábamos por aquí en grupos. Cada uno de esos grupos – el nuestro presumía ser uno – tenía un macho dominante (el nuestro se llamaba Ozkur ), un tipo duro y de armas tomar.

Yo ( un tipo ordinario) tenía un buen amigo: “ Cara de Melón”, él era mi compañero de andanzas y de aventuras, él y un par  más de compañeros : V.. y J…

Cierto día Cara de Melón encontró algo a mitad de camino entre una rama y un tallo, algo que al cabo de un tiempo comenzamos a llevarnos a la boca (por imitación), y que frotándolo y frotándolo, conseguíamos calentar (a base de esfuerzo), a una temperatura tibia para la boca y caliente para el alma.

Ozkur, como macho alfa del grupo regulaba  las actividades del grupo y desechaba toda actividad que no tuviera un claro fin provechoso para el grupo (búsqueda de alimentos y agua, celo ante depredadores, etc.); con lo que tan pronto nos sorprendió con esta nueva actividad nos prohibió (en nuestro lenguaje – entiéndase: gruñidos y golpes-), esa actividad.

Por un período de tiempo continuamos con nuestro rito, haciéndolo secreto y a escondidas.

Eso, hasta que un día, inmersos en el placer que eso nos daba (y creyéndonos mas alejados de lo que realmente estábamos), llegó Ozkur y con él los gritos, el dolor de los golpes (al principio de él, luego ya de todo el resto del grupo), para luego el silencio.

Al cabo de (¿años?, ¿décadas?, ¿siglos?), un día de calor de verano, unos arqueólogos removieron un trozo de uno de mis huesos, cerca había otra parte de Cara de Melón y mas allá otra de V… y algo de J… Se marcharon alegres de encontrar parte de su pasado, parte de algo… Lo que nunca encontraron (porque había formado parte de la tierra como la mayoría de nuestros cuerpos), era esa “ramita” con la que hasta un día jugamos. 
   

Gurmensindo Báez Dequeira

 


 

El último deseo (113 )

 

 

El Hombre miró a su alrededor por última vez . La intensa luz en su rostro no lo dejó mirar hacia adelante, por lo que no pudo ver las caras de esos mudos testigos. Luego con sus manos temblorosas, pero tratando de disimularlo, comenzó el ritual de cargar su pipa. Aquel hombre de 60 años lo hacía con notable habilidad y sus curtidas y regordetas manos, que para otras tareas podrían ser muy torpes, dieron a esa delicada faena un nivel artístico sólo comparable al de un maestro llevando una pintura al lienzo.  Finalmente la parsimonia del sujeto terminó por destruir la paciencia de uno de los asistentes, quien rompió en cólera y poniéndose de pie emitió su reclamo:

-          ¡En este lugar está prohibido fumar!. Indicando hacia el famoso letrero colgado en una pared de la sala.

-          ¡Pero Sr. Juez!, es la última voluntad del condenado. Dijo el capitán del pelotón de fusilamiento.

-          No me interesa la voluntad de este delincuente, quiero que la ejecución se lleve a cabo ¡ya!

-          Estimado Sr. Juez, usted mejor que nadie sabe que mi muerte es inevitable; y mejor que nadie está seguro de mi inocencia, pero su histórico odio, envidia y resentimiento hacia mi familia, lo hicieron declararme culpable con la misma facilidad que fue eliminando uno a uno a mis seres queridos y apoderándose de nuestras propiedades. Todos los presentes lo saben, tanto los testigos, como los gendarmes que me apuntan con sus armas; pero el temor hacia vuestra diabólica persona no les permite expresarlo y ni siquiera pensarlo.- Encendiendo su pipa y dando una bocanada de humo, el condenado prosiguió, - Por lo tanto Sr. Juez, en vista de mi inocencia, el único motivo para mi ejecución, es estar disfrutando de mi tabaco preferido en un lugar  donde hay prohibición de eso.

-          ¡Capitán! le ordeno bajo pena que proceda con la ejecución. Con una furia que se dejó ver en el brillo de sus ojos.

El Capitán bajó su espada con un chasquido que cortó el aire y un estruendo sordo inundó el ambiente. Aquel hombre se dobló en dos con las manos en su estómago y el humo que salía de su pipa fue aspirado como el último influjo de vida hacia su cuerpo.  Finalmente el condenado quedó sentado con los brazos colgando, en aquella silla en donde falleció.

 

 

Rafael Palacios Díaz, Viña del Mar, Chile.


 

La prohibición (112 )

 

Don Pedro se sentó en su mesita de siempre para dos personas, aunque esta vez llegó solo. El joven mozo, que era nuevo en el bar del Club, le saludó y le tomó su orden.

- Buenas tardes señor. ¿Qué se va a servir?-. Tratando de ser lo más cortés posible.

- Buenas tardes, tráigame lo de siempre…un Rusty Nail -.Percatándose de lo novicio del mozo.

- Enseguida señor-. Saliendo presuroso aquel joven y perdiéndose en el fondo del bar.

Don Pedro abrió su porta pipa y sacó una preciosa pieza de colección que atesoraba hacía muchos años. Cargó el hornillo meticulosamente y se disponía a encenderla con un fósforo, instante en que fue interrumpido por el mismo mozo que no se supo de donde apareció.

- Señor, no está permitido fumar en este lugar -. En tono educado, pero enérgico.

- ¡Perdón!. ¿Qué fue lo que dijo? -.  Preguntó el anciano, mirando en forma molesta al mozo.

- Lo que pasa señor, es que no está permitido fumar debido a la nueva ley de prohibición.

Don Pedro calmadamente guardo la pipa y sus utensilios, luego miró a los ojos del mozo y le respondió: - Mire joven, aunque su cara me es muy familiar, me doy cuenta de que usted es nuevo aquí. Lo que no justifica su desconocimiento de que este Club fue fundado, muchos años antes de que usted naciera; para acoger justamente a fumadores de pipa. Le diré que la prohibición, si bien es una ley, sólo es comparable a la “Ley Seca” que tuvo Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Situación que trajo consigo el contrabando de licor, su altísimo precio y la guerra de las mafias. ¿Sabe usted que esos fueron los años en que más se bebió en esa Nación?.  Ahora me doy cuenta joven, mire aquel cuadro detrás suyo, ahí estamos los socios fundadores de este Club, a mi izquierda están en orden el Jefe de Policía,  el Ministro de Salud, el Director de Impuestos, el Alcalde de la Ciudad; ah!, y por cierto joven, su difunto abuelo, uno de mis mejores amigos y el primer Presidente de nuestro querido Club.

 

Rafael Palacios Díaz, Viña del Mar, Chile.

 


 

Analogía  (111 )
 

Un grupo de personas miraba hacia un punto en lo alto, desde donde provenía el humo, acompañado de  ese inconfundible y peculiar aroma a tabaco. Cada uno tenía un deseo pero ellos vociferaban a coro: -  “¡Señor, Señor, ten piedad de nosotros!”- Uno clamaba por salud, otro por trabajo, otro por justicia y otro para recuperar un amor perdido. Alguien un poquitín más sabio pedía entendimiento, alguien más generoso pedía paz y bienestar para todos y uno mucho más osado solicitaba  todo un milagro.

 

El Señor los escuchó atentamente desde lo alto, aspiró su pipa con mayor rapidez, se echó hacia atrás en su cómodo sillón de cuero, desvió la vista hacia un lado y pensó: -“Debo darle un buen final a esta historia. Quizás debería añadir un par de tragedias para hacer el relato más emocionante. Mejor continuaré mañana, ahora tengo demasiado  sueño.”- Entonces este señor apagó su pipa, se paró del sillón y descansó.

 

Le comunico al lector que por motivos médicos esta historia no tuvo un final. La familia del señor, en concomitancia con el doctor, lo obligaron a alejarse de su pipa. Lo lamentable del asunto es que sin ella, él, no se podía inspirar. La pipa, su pequeña compañera, lo ayudaba a crear, lo hacia soñar, lo llenaba de vida.