Evocación
(142 )
En el sillón de su casa, con el humo de
su pipa evocaba hermosos gorriones que había
visto, rostros de mujeres que había amado y
un inmenso navío en el que había pasado
tiempo de su vida. Y cuanto hubiera dado por
poder hacerlo ahora que su vida se había
derrumbando por completo. Pero no podía, ya
que en el restaurante que lo había citado su
novia para dejarlo estaban prohibido los
gorriones, los barcos y cualquiera de los
hermosos recuerdos que él suele evocar.
Emanuel S. H. Marin (Argentina)
La
tentación
(141 )
Muchas lunas antes de la aparición
de Adán, nosotros parientes
cercanos, nosotros parientes lejanos
del Hombre, correteábamos por aquí
en grupos. Cada uno de esos grupos –
el nuestro presumía ser uno – tenía
un macho dominante (el nuestro se
llamaba Ozkur ), un tipo duro y de
armas tomar.
Yo ( un tipo ordinario) tenía un
buen amigo: “ Cara de Melón”, él era
mi compañero de andanzas y de
aventuras, él y un par más de
compañeros : V.. y J…
Cierto día Cara de Melón encontró
algo a mitad de camino entre una
rama y un tallo, algo que al cabo de
un tiempo comenzamos a llevarnos a
la boca (por imitación), y que
frotándolo y frotándolo,
conseguíamos calentar (a base de
esfuerzo), a una temperatura tibia
para la boca y caliente para el
alma.
Ozkur, como macho alfa del grupo
regulaba las actividades del grupo
y desechaba toda actividad que no
tuviera un claro fin provechoso para
el grupo (búsqueda de alimentos y
agua, celo ante depredadores, etc.);
con lo que tan pronto nos sorprendió
con esta nueva actividad nos
prohibió (en nuestro lenguaje –
entiéndase: gruñidos y golpes-), esa
actividad.
Por un período de tiempo continuamos
con nuestro rito, haciéndolo secreto
y a escondidas.
Eso, hasta que un día, inmersos en
el placer que eso nos daba (y
creyéndonos mas alejados de lo que
realmente estábamos), llegó Ozkur y
con él los gritos, el dolor de los
golpes (al principio de él, luego ya
de todo el resto del grupo), para
luego el silencio.
Al cabo de (¿años?, ¿décadas?,
¿siglos?), un día de calor de
verano, unos arqueólogos removieron
un trozo de uno de mis huesos, cerca
había otra parte de Cara de Melón y
mas allá otra de V… y algo de J… Se
marcharon alegres de encontrar parte
de su pasado, parte de algo… Lo que
nunca encontraron (porque había
formado parte de la tierra como la
mayoría de nuestros cuerpos), era
esa “ramita” con la que hasta un día
jugamos.
Gurmensindo Báez Dequeira.-
Los
viajes (140 )
Empezó con una expedición a la Selva
donde vio increíbles animales, cuando se
aburrió viajo a China donde recorrió la Gran
Muralla, después tomo un Café en París y
luego el viaje concluyo cuando, mientras
observaba la Torre Eifel, le dijeron que
debía apagar su pipa.
Emanuel S. H. Marin (Argentina)
La
pipa me encontró
(139 )
¿quien dice que hay que estar viejo para
fumar pipa?
yo, deje de fumar el cigarillo normal,
pero algo me hacia falta en la vida, estava
de mal humor y me irritava con gran
facilidad.
sin darme cuenta, escribiendo una carta a
mi abuelo, en una pausa que hice, me di
cuenta que estava chupando muy relajado la
tapa de la pluma.
un espejo frente a mi escritorio que
tengo en la recamara me hiso reflexionar y
si estas tan relajado con ese plastico en la
boca, ¿como te verias con una buena pipa?
sin mas, me levante y me diriji a una
tabaqueria y realmente yo no encontre a la
pipa, ella me encontro a mi, ya que entre la
gran variedad que habia en ese lugar hubo
una que me hechizo.
lleno mis ojos y como con respecto a las
mujeres pense, esa tiene que ser mia.
la compre y regrese a terminar la carta a
mi abuelo.
orgulloso con mi pipa, me sentia
interesante, intelectual y quice atribuirlo
como un homenaje a mi abuelo.
soy tan egocentrico que esa pipa la
disfruto a solas, escribiendo, saboreando mi
cafe.
porque todo es conceptual en esta vida,
para mi el concepto de mi pipa es mi lado
de genialidad y prespectiva critica,
analitica y de fantasias que dan pose a mis
movimientos.
que hermosa es la vanidad, cuando la
exivimos solo a nosotros mismos.
ahora cuando escribo, ya no estoy solo
con mis pensamientos, mi pipa me acompaña y
me invita a la inspiracion divina de estar
el algun lugar del cosmos fumandola y viendo
la misera condicion humana o relajado en un
yate esperando con toda la calma del mundo
que pique el pez mas extraordinario.
en mi testamento pedire, que me entierren
con mi pipa y vestido de smokin, porque para
mi no cualquiera fuma pipa.
y como yo no soy un cualquiera, deseo
tocar las puertas del cielo, elegante y
pidiendole un fosforo a san pedro para
encenderla y tener una sabrosa charla con el
señor.
quien seguramente estara disfrutando la
mas codiciada de las pipas.
que es, la pipa de la paz.
Francisco José Caballero Romo, México
Clinton, pipa y tabaco
(138 )
CLINTON
RAMIREZ, díscolo, literato de la hirviente
Cienaga departamento del magdalena, donde
las letras pasean a plena luz del Sol y y
se sientan por las noches en la plaza del
centenario, mi amigo y asesor como yo del
alcalde en turno, en el asunto de las
finanzas públicas, carajo! Nos toco volar
para la nevera bogotana a arreglar asuntos
de la cosa pública y de paso a encontrarnos
con unos amigos suyos. Sin saber , iba a
encontrarme con una gran realidad de mi
vida, el escribir sin miedos y plumajear
el papiro moderno con las teclas de mi
computador. Fuimos y realizamos las
actividades profesionales programadas, y
luego una cita con varios estudiosos de las
letras, unos costeños, otros sabaneros y
como es lógico los bogotanos, por último
este espectador de letra inerte que sólo
quería escuchar para aprender. Hablaron de
la Antología de cuentos que iban a realizar
con los cuentistas de la costa Norte de
Colombia, en fin , que perplejo estaba ante
tanta sapiencia, ricos lenguaje y excelente
despliegue de la imaginación. Acabados sus
temas me hicieron una sola pregunta ¿BYRON,
HAS ESCRITO ALGUNA VEZ?, me los quedé
mirando y se rieron, le dije NO pero si
quieren les hecho un cuento de mi pueblo,
PILAS ECHE! me dijeron (Rieron otra vez). Me
sumergí en mi mundo Rural , me transporté en
el tiempo y empecé a hablar de una de las
tantas historias insólitas y deslumbrantes
acaecidas en mi tierra natal (Polonuevo-
Atlántico), en la mitad del relato CLINTON
SACO SU PIPA , otros un tabaco con un
excelente aroma, pidieron silenciosamente
Cerveza negra de sifón , me calle y
pregunté, que pasó? Por qué la pipa y los
tabacos. Me contestó mi amigo CLINTON ,!
AMIGO BYRON VACCA, LAS PALABRAS DEL BUEN
NARRADOR DEBEN SER SIEMPRE AROMATIZADAS EN
LOS AIRES POR UN BUEN TABACO, SEA EN PIPA
SEA EN HABANO, SU CALOR, ALIVIADO CON UNA
CERVEZA NEGRA Y DE SIFON¡ JA JA JA JA JA.
Luigi ,
Barranquilla,Colombia
El
último tabaco (137 )
Mira que venir a descubrir el amor en un
cuarto de baño, es verdad que fue
dificil encontrar una mujer a la que le
agradara, o siquiera soportara mi
fuerte adicción al tabaco, pero lo hice,
y Sabina fue ese extraño espécimen
que no solo soportó, sino que adoró mi
olor a cigarrillo. Ella tiene una
adicción igual o más fuerte que la mía.
Esta tarde fue magica, Sabina y yo nos
dimos una escapada hacia esta
propiedad, es de un amigo mio, estamos en
medio del campo, cerca de aqui no
hay nada y solo nos teníamos el uno al
otro. No hemos salido de la casa
desde que llegamos. Despues de
entregarnos al juego de las sabanas y
amarnos
durante unas horas, conversamos
largamente.
Varias horas nos pasamos desnudos, sobre
la cama, hablando, dejando que el
humo del tabaco que salía de uestras
bocas se comunicara y se fundiera en un
dialogo de volutas. No nos dimos cuenta
de cuanto tiempo pasó, ni de cuantos
cigarrilos fumamos. El humo fue
acercandonos más y más hasta que no hubo
nada más que decir, volvimos a hacer el
amor.
Despues de amarla hasta el cansancio,
tomé la cajetilla del buró, solo
quedaba un cigarrillo. Yo no iba a
compartirlo con ella, Sabina debe haberse
dado cuenta de que era el último que
quedaba, me miro y se me hecho encima,
supe que ella no lo compartiria conmigo.
Luchamos largo rato por ese tabaco
el único que quedaba, el último.
Así fue como termine encerrado con mi
amor en el cuarto de baño, Sabina esta
ahi afuera gritando y dando golpes contra
la puerta, yo estoy fumando aqui
dentro.
Funkmador (Méjico)
Anne intentó que todo volviera a la
normalidad
(136 )
Hacía ya tres años que su marido, Joan la
había dejado para siempre, aquel terrible
cáncer de pulmón se lo había llevado sin más
dejándola en la más pura soledad, llevando
un vacío en su interior que nada volvería a
llenar.
Pero cada día, a las cinco de la tarde,
como venía haciendo desde aquel día fatal,
Anne se arreglaba, y preparaba dos tazas de
té, que tanto le gustaba a Joan, una para
ella y otra para el marido ausente.
Y a pesar de que él ya no estaba, decidió
que jamás perdería esa costumbre que
practicaban desde cuando empezaron a vivir
juntos, fumar aquel cigarrillo a medias y a
escondidas, ya que Anne aún creía que eso
era cosa de hombres.
Carmen Peñaloza Oliva
De
esta noche no pasa
(135 )
Esta noche lo ha vuelto a hacer. Y mira que
se lo he
dicho cientos de veces. Porque yo podré ser
buena,
pero tonta, no.
Ha salido de casa, como cada noche, a eso de
las ocho
y media, nueve menos cuarto. Primero da un
paseo breve
por las calles del barrio –acostumbra a
elegir las
menos iluminadas–, pero siempre termina en
ese café
que hay a dos manzanas de aquí. Yo no le he
seguido
nunca, hasta ahí podíamos llegar, pero son
muchos años
viviendo juntos como para no saber
exactamente lo que
hace en cada momento. Él estará como
siempre, acodado
en la barra, bebiendo una cerveza y fumando
sin parar
su apestosa pipa. Ella permanecerá inmóvil a
su lado,
atenta a cada caricia que pueda recibir de
mi marido,
a cada gesto de cariño que él le regala
continuamente.
Y a mí, que me zurzan.
Luego llegará con su maldito olor a tabaco y
jurando
que ni siquiera ha dado una bocanada; como
si yo no
supiera que, si no fuera por fumar, para
luego iba a
tener tanto interés en sacar cada noche de
paseo a la
perra… pero de hoy no pasa: no pienso
consentir que
siga trayendo ese olor asqueroso que no hay
manera de
arrancar de las cortinas ni gastando un bote
entero de
ambientador.
Ricardo Bosque
El
viejo de la pipa
(134 )
Recuerdo entrar en casa corriendo, mis
pequeños pies subían las escaleras para
encontrarse con aquel señor mayor para mí
que me esperaba sentado en su sofá de madera
añil, sentado con su boina su sonrisa y su
pipa. Aquella pipa que nunca se quitaba, que
desprendía un olor a humo marchito pero
confortable. Recuerdo mis largas tardes de
niña rodeada por sus brazos y sus risas.
Nada me producía más amor, nada me producía
más protección, entre sus brazos nunca me
pasaría nada. Le contaba como me había ido
en el colegio, mis batallas con mis
compañeros y jugábamos a cromos y al parchis
mientras comíamos palomitas de azucar. Cada
tarde, de mi infancia estaba ligada a él, al
recuerdo de unas manos grandes y al olor de
aquella pipa que siempre estaba con
nosotros. La vida era bella, no había
injusticias, ni dolor, ni miedo al futuro.
Tan solo una pequeña que se dejaba querer
por la única persona que la quiso de verdad
que hubiera dado su vida por ella, y que le
mostraba una vida llena de fantasía y
felicidad.
Una tarde
subí como tantas veces las escaleras, venía
a darle un beso y a contarle como me había
ido...al abrir la puerta el olor a tabaco ya
no estaba, su sillón estaba vacío y mi alma
se quebró para no volverse a levantar nunca
más. El viejo de la pipa había muerto y sin
saberlo a mi me llevo con el. Porque la vida
ya nunca volvió a ser de parchis ni
palomitas, la vida se fue convirtiendo en un
humo.
Noelia Cerdán Rubio
Especial para Walter
(133 )
Marta abrió
la puerta con cuidado, introdujo su nariz
por la pequeña rendija y aspiró
profundamente. Él no estaba en casa. Entró
nerviosa, mirando hacia todas partes, como
si fuera a ser descubierta en cualquier
momento, ya eran las ocho, Walter no
tardaría en llegar. Sacó del bolso el
pequeño cofre. Aunque en la tienda de
antigüedades se negó, pensó que quizás
hubiera sido mejor envolverlo, era demasiado
evidente su contenido. Buscó papel de
regalo, de ese que le había sobrado en otras
ocasiones. Corazones, manchas de colores y
muñequitos, ninguno le pareció apropiado
para semejante joya. Era como introducir un
Van Gogh en una bolsa de basura. Abrió el
cofre y sonrió. Le había costado mucho
conseguirla pero por fin la tenía, fina
plata repujada, un diseño único y lo más
importante, cientos de historias atesoradas
en su interior. El anticuario le aseguró que
había pertenecido a un importante escritor
de la época, esa pipa había frecuentado las
más prolíferas tertulias literarias de los
años treinta. Estaba segura de que Walter,
gran conocedor del tabaco, la pipa y su
filosofía, alucinaría. De momento oyó la
puerta. Sin más cerró el cofre y lo dejó con
cuidado encima de la mesilla de noche. Salió
a recibir a su amado, mientras respiraba por
el pasillo un aroma dulce con un ligero
toque de cereza.
María Isabel Romero Soler
Todos
dicen que se fue el abuelo
(132 )
Todos
dicen que se fue el abuelo.
Mamá
con los ojos llorosos me dice que está en el
cielo.
La
abuela como ausente en una silla, dice que
al fin descansa en paz.
Los
primos dicen que su cuerpo está bajo la
tierra, que ellos vieron cómo lo enterraron.
La
tía Dolores dice que su alma está con Dios.
Yo
no les creo, sé que no se ha ido, está aquí,
no descansa.
Su
voz está en el humo de la pipa, su risa
eterna en el olor del tabaco.
El
brillo de su mirada en los ojos de mi padre
cuando suelta lentamente, como en un
suspiro, esa grande bocanada.
Catarina ,México
Los
desterrados
(131 )
Derrocaron al presidente y llegó el
dictador con sus delirios monetaristas. Fue
fácil quedarnos en la ruina. Tuvimos que
vender todos los muebles para comer un par
de meses. El abuelo fumaba con su pipa en un
rincón, ajeno a la buena o mala suerte. La
casa iba quedando vacía y el abuelo en su
rincón fumando. Nos quedamos sin comida,
pero sabíamos que no le podía faltar tabaco
al abuelo. Un día, uno de mis hermanos dijo:
_ Hay que vender la pipa del abuelo.
Nos morimos de hambre.
El resto de la familia lo acalló
inmediatamente, desbaratado por esa especie
de profanación.
Nadie tenía trabajo y las tripas
dolían. En enero, cuando ya los pasos
resonaban en una casa deshabitada de
objetos, decidimos cruzar la cordillera para
probar suerte en Argentina. Llevamos al
abuelo con nosotros. Nos instalamos en un
valle, rodeados de la estepa patagónica.
Nunca habíamos hecho labores de chacra, pero
tuvimos que adaptarnos. El abuelo, tan
triste como enfermo, nos miraba de lejos con
su pipa en la boca, a la sombra de un
manzano. Poco tiempo después, mientras nos
consumía la nostalgia por nuestro suelo
nativo, el abuelo, que ya nos venía
acostumbrando a la distancia, falleció de
una dolencia que no le hizo perder el
sosiego.
De la pipa acurrucada en un pliegue
remendado de su camisa (de esa pipa que se
convirtió en el único recuerdo que nos quedó
de la patria) aún emergía el pacífico humo
del tabaco.
Fumarola, Argentina
Lámpara de tierra (130 )
Las mañanas en Isla Negra, además de los
paseos por la playa, las ocupó el
poeta chileno Pablo Neruda a la composición
de su poesía. Los textos —en
tinta verde sobre papel cuadriculado— que
nunca fueron reproducidos
mecanográficamente por su secretario y
amigo, Homero Arce, los despedazaba
el propio Neruda en tiras, verso por verso,
para después mezclarlos con su
tabaco.
En 2003, a treinta años de la desaparición
del escritor, los esfuerzos en
conjunto de una prestigiosa editorial
española, lingüistas, grafólogos y
otros varios especialistas en la
reconstrucción de evidencia manuscrita
rescataron cuarenta y siete poemas que no
fueron alcanzados por la voraz
pipa del poeta. Los mencionados textos
integraron el primer volumen de la
colección "Lámpara de tierra: Obras
Completas de Pablo Neruda".
El éxito comercial de este conjunto de
libros se debió, en gran parte, a la
impresión de los mismos en papel hecho a
base de hojas de tabaco. Además de
contar con un suajado al margen de la
encuadernación, las hojas eran
fácilmente desmenuzables. La calidad y el
sabor de estas ediciones
satisficieron a los más exquisitos fumadores
de pipa. La permanencia en el
mercado de "Lámpara de tierra" golpeó
fuertemente las campañas contra el
tabaquismo en Colombia, México y España
durante todo 2004. Pero en general,
la media de lectura per cápita aumentó
notablemente en toda la hispanidad.
Bruno Perseo Arredondo Estrada , Ciudad de
México
Diálogos sobresaalientes en la capilla
(129 )
Al llegar a la Capilla Sextina de
excursión, San Pedro y San Juan quedaron
boquiabiertos admirando la escena del Juicio
Final; se sintieron embelesados, igualmente,
por el parecido con la realidad de sus
dobles.
-Miguel
Ángel Buonarroti debía tener línea directa
con el cielo para reflejarnos en sus frescos
indefectiblemente –dijo vanidoso un San
Pedro que sacaba del embozo de su sábana una
pipa de agua.
-Se
habría fumado algo…
San Pedro sonrió mesándose su sedosa
barba blanca y luego aspiró de la boquilla
dorada con delectación; mientras tanto, un
pensativo San Juan removía distraído con un
cerillo el tabaco rubio de la cazoleta de su
pipa…
-Relájate,
Juanito –esgrimió Pedro leyéndole el
pensamiento-, sabes que al Nomber One no le
importa que fumemos aquí; lo único que hace
daño a los frescos es la masificación y
llevan ya algunos siglos sin respetarlo -la
voz cavernosa de Pedro retumbó con eco. San
Juan asintió pensando que el Vaticano era la
ciudad más rica del mundo; después, ladeando
la cabeza, prendió el tabaco rubio de su
pipa de ébano y lanzó una larga bocanada de
humo; a continuación, vio los ojos luminosos
de San Pedro, encendidos de admiración por
la pintura. Oyó a San Pedro que sin mirarlo
directamente a la cara volvía a hablarle:
<<Juanito…, ¿sabes quién está prohibiendo el
tabaco en la Tierra?>>
San Juan se encogió de hombros, torció
los labios expulsando un hilillo de humo por
la comisura, arqueó las cejas como un
zangolotino, echó un traguito de una petaca,
no contestó, pensó que era una pregunta
retórica…
-Los
mismos poderosos que contaminan con sus
vertidos tóxicos, los mismos que torturan
con las brasas del cigarro, los mismos que
disparan aleatoriamente con sus “pipas”, los
mismos que meten “puros” descargando sus
misiles… Y prometo que habrá para ellos, si
el Jefe con su bondad infinita lo cree
justo, Juanito…, un Juicio Final.
-Que
el Maestro exalte la excelente idea
po-nien-do-do no-ta-ta: un DIEZ –y un San
Juan amante del brandy, relajado, bautizado
de su particular humor, expelió otra de las
generosas bocanadas del humo de la
satisfacción.
Ginés Mulero Caparrós
Amor
clandestino
(128 )
Se amaban con pasión entre cenizas y humo,
nadie recuerda bien desde
cuando, tal vez desde siempre, (sólo el
Tiempo lo sabe). Era un amor tan
puro y tan intenso que terminó por levantar
envidias: un soplo legal intentó
apagar las ascuas que en el interior de la
Pipa, tan sólo el Tabaco había
sabido avivar.
Pero el amor no se puede prohibir y aún
hoy, a pesar de la persecución a
que son sometidos y siempre lejos de miradas
hostiles y olfatos insidiosos,
siguen encontrando en aquellos a los que
llaman "Los Fumadores", la
complicidad de quienes creen en el verdadero
amor y la mano amiga necesaria
para mantener viva su historia clandestina.
Dingo
Fumador surrealista
(127 )
(Negar perjudica gravemente su salud)
María Fernanda Ampuero
Ceci n’est pas une pipe
(126 )
"Ceci n’est pas une pipe", aclaró.
"¿Ah no? ¿Y entonces qué es eso que tiene
en la boca, un paraguas?", preguntó.
"Arte surrealista", respondió.
"Muy gracioso, muy gracioso. La multa es
de mil euros y si sigue haciéndose el
chistoso me lo llevo. Es su cuarta
infracción en un mes", escupió.
"Ceci n’est pas une pipe!!!", exclamó.
"Va preso Magritte", concluyó.
"María" Ampuero
Sueño
(125 )
Algo llamó mi atención entre aquella
amalgama de objetos, papeles y demás enseres
que se almacenaban sin orden ni concierto en
el desván de aquella vieja casa.
Con sumo cuidado extraje del fondo de un
arcón, una pipa de espuma de mar.
Exquisitamente tallada, aparecía al final de
la curva de la pipa, la cara de un sultán
con todos los rasgos, incluida una barba
rizada y muy poblada, adornando su frente
con un turbante. De un blanco impoluto y
rematada en plata por ambos extremos, tenía
todo el aspecto de haber pertenecido a
alguien de mi familia de hacía varias
generaciones, pues yo no recordaba, hasta
donde me llegaba la memoria, ni a mi padre
ni a mi abuelo con una pipa semejante en sus
manos.
De repente, y preso de un instinto
incontrolable, coloqué la pipa en mis labios
para sentir su tacto e incluso su aroma,
aunque después de haberse pasado tanto
tiempo olvidada en aquel baúl, dudaba que
pudiese emanar algo de ella. Qué equivocado
estaba. Rápidamente me sumí en otro mundo,
perdiendo el sentido de la realidad para
despertar en manos de un caballero
elegantemente ataviado con un frac, sentado
en un salón con una copa de coñac en la otra
mano. Su olor dulce, como a vainilla, me
embargaba y su sabor un poco acre, me
recordaba a las especias y me acercaba al
mundo oriental. Me sorprendí a mi mismo
hablando con una bella mujer a la que le
contaba las excelencias y el placer de fumar
aquella maravillosa pipa turca.
Me desperté,
al cerrarse de golpe una de las troneras de
la buhardilla. Todavía notaba el sabor
dulzón del tabaco de pipa en mi boca.
Paqui Perez
Enfermos esperanzados (124 )
Como en los días pasados, así como hoy y
lo sería mañana, los órganos y músculos de
un ser habitaban felices en sus posiciones,
protegidos de los huesos, cubiertos por las
pieles. Órganos felices como el Corazón
limpiando la sangre que caía en ella y como
una madre de casa limpiando a gusto para
dejar las cosas sanas. Los hermanos
Pulmones, que abrazados por la tráquea
disfrutaban del aroma que les proveía el
aire. El Estómago trabajador, que día a día
separaba los nutritivos y vitaminas de los
alimentos que le llegaban.
Pero un día, como si una maldición cayera
sobre ellos, comenzó a inundar al cuerpo un
aire gris y maléfico, los Pulmones se
contaminaban de él y empezaban a enfermarse,
el Corazón con mucho miedo notaba como
prediciendo el futuro, caería sobre un ritmo
cardíaco y dejaría de existir, y el
Estómago, que no hacía más que recibir
alimento chatarra y café siéndole difícil la
tarea de separar y digerir. A mucho sufrir
le preguntaron al viejo sabio del Cerebro
que es lo que pasaba y porque se sentían tan
mal, a lo que Cerebro respondió: - Es él,
con el que nosotros compartimos este cuerpo,
el que consumiendo tabaco, él mismo se
destruye y nosotros con él. Porque es él, el
que débil cae a la tentación y con la
búsqueda del cigarrillo se va alejando de lo
que antes tuvo. Sólo él, que comenzó esta
aberración maldita puede abandonar esta
adicción o bien hacerla parte de él y
abandonarnos a nosotros.
Mr-Magic
Vive para
vivir o fuma
(123 )
…la noticia de último momento: Los
heridos siguen aumentando, las bajas superan
las tres cifras en los últimos cuatro meses.
Esta guerra parece no tener fin y los…
…él tenía tan solo catorce años y ahora
desapareció, él era todo para mí, y ahora no
está…¿que voy a hacer? ¿de que me sirve
vivir ahora? Sin tan solo…
…lo conocía desde la secundaria pero
ahora cambió, esta antisociable, supongo que
fue esa cosa que le dieron de probar y ahora
no se la puede sacar de la boca, me molesta
que no lo pueda dejar como si…
…ahora tiene un aliento horrible y tose
con flema, tiene las uñas, los dedos y hasta
los dientes manchados, huele muy mal y hasta
su hijo esta pasando su etapa y…
…él pensaba que esa pipa lo haría un ser
importante y sabio, yendo de aquí para allá
fumando y ahora su mejor amigo es el cáncer
y desde entonces…
…la noto tensionada y ella misma me dice
estar con estados de ansiedad, creo que es
esa cosa que consume porque antes era una
chica simpática, sociable y…
…a pesar que
ahora no coma como antes tiene más grasa en
la barriga, ese tabaco está hasta en sus
venas, ya no quiere ni salir a caminar y
siempre que se pone mal enciende esa
asquerosidad yo no sé como puede hacer…
El fumar es perjudicial para la salud, si
queréis vivir hazlo sanamente pero si
prefieres ser famoso y formar parte de este
muro de penas…
Recuerda, nadie se droga cada 25 minutos,
el fumador si.
Mr-Magic
Humos de despedida
(121)
Constanzo dejo el sombrero en el perchero
de roble y marmolina estilo francés del
rincón de la casa. Se sacó su sobretodo gris
y lo colgó prolijamente. Camino lento
rengueando de su pierna herida en la guerra
teniendo que hacer un poco de ruido con sus
zapatos lustrosos que se podía mirar uno el
rostro en ellos. Se sentó en el gran sillón
de la sala y enseguida llego ella. Gacela.
Su fiel compañera de los días en soledad.
Traía la bandeja de plata con el té
humeante, el periódico prolijamente doblado,
y la infaltable pipa con la caja de tabaco
dorada que sus nietos le regalaron esta
navidad.
Colocó la bandeja sobre la mesa vestida
de verde musgo y le acercó la pipa, cuando
la tomó espero silenciosa que Constanzo
tomará el tabaco lentamente y encendiera la
pipa en su ceremonial diario.
Nevaba. El chirrido de los leños era la
melodía mas angelical en el frío invierno
mendocino.
Ese olor a
tabaco puro de pipa esta aún impregnado en
toda la casa recordando esa tarde. La última
tarde del abuelo Constanzo.
Angelica Sonia Berrenechea (Argentina )
Esto es intolerable
(120 )
Esto no puede ser, es intolerable. ¿A
quién se le ha ocurrido semejante disparate?
Estoy de acuerdo en que no pueda fumar en
los hospitales, es lógico. Paso también por
la prohibición en medios de transporte,
incluso en lugares públicos como estaciones
o supermercados. ¿Pero en el puesto de
trabajo? No hombre, eso sí que no. El lugar
donde uno trabaja es sagrado, es su templo,
su reino. Prohibirle a alguna persona hacer
cualquier cosa en su reino es, como mínimo,
un golpe de estado; máxime cuando se trata
de vedar el placer de la ingestión de la
exquisita mezcla de gases que produce la
combustión de las hojas de esta planta.
Seguro que el redactor de esta estúpida ley
no ha sentido nunca el deleite de encender
una pipa. Ver desde tu atalaya como la
cazoleta, hecha volcán, entra en erupción.
Escuchar los chasquidos que hacen las
briznas más grandes al arder en el fuego que
las purificará para siempre. Sentir el
primer hálito que te proporciona tu fiel
compañera y que hace callar la voz en tu
interior que te decía: “enciende, calada,
fuma, ¡fuma!”.
José hizo una pausa en su discurso, tomó
el vaso old fashioned y dio un trago con el
que aclarar su garganta. Al levantar la
cabeza para beber se cruzó con las miradas
de su esposa y los padres de los invitados a
la fiesta de cumpleaños de su hijo, dándose
cuenta en seguida de que todos estaban
siguiendo su conversación con Alonso, el
padre de Antoñito, en lugar de seguir con la
charla que antes les ocupaba. Su esposa le
habló:
Pero José, si tú llevas diez meses sin
fumar, y… nunca fumaste en pipa.
Daniel Membrilla
El
Acuerdo (119 )
La sala está
totalmente repleta. Gente elegante conversa
en grupos, muy bajito. A pesar del intenso
calor que se sentía en la calle, aquí el
frío se cuela hasta los huesos debido a la
climatización. En el centro del local una
mesa con dos sillas. Sin dudas, los
presentes serán testigos de un gran
acontecimiento. Al parecer no están
apurados. No se ven impacientes. Disfrutan
la estancia.
Por fin, se
rompe la inercia. La enorme puerta de madera
tallada se abre para dar paso a dos hombres
vestidos con trajes negros y sus comitivas.
Automáticamente la multitud les abre paso.
Les reconocen como los protagonistas de la
velada.
Cada
personaje se acomoda en una silla de la
mesa, les hacen llegar de inmediato sendos
libros, que cada uno hojea, como si
desconocieran el contenido de sus páginas,
aunque tienen que haberlas repasado muchas
veces antes de este encuentro. Al final
estampan sus firmas. Se ha cerrado un
acuerdo. Poco le importa a las personas que
observan el contenido del documento, pues la
mayoría asiste interesada en el cóctel que
se ofrecerá como colofón, sin embargo, se
produce una cerrada ovación.
Más, la
representación no ha terminado. Tras la
rúbrica, cada señor intercambia con parte
del público. Ponen a prueba su distinción,
su desenvoltura, su garbo. La lucha es
bastante pareja hasta que uno de ellos, como
quien propina un golpe bajo al contrario,
saca su carta de triunfo, una pipa, que tras
cargar con fina picadura de tabaco, agita
acompasadamente hasta la boca con
movimientos estudiados de su brazo. Ha sido
una estocada mortal. Resulta, con derecho,
el ganador absoluto de la contienda.
Juan Carlos Moro, Cuba
Confesión (118 )
- ¿ Por qué?.
- ¿ Por mi promiscuidad?, lo admito,
tuve multitud de amantes, escritores,
artistas, científicos, detectives...
personas y personalidades, hombres y
mujeres. A todos complací.
- ¿Pregúnteles?, ¡Jhon Ronald Reuel!,
¡Albert!, ¡Sherlock!, ¡Margarita Landi!
¿Dónde estáis?.
- Juntos engendramos musas, inspiración,
creatividad. Concebimos teorías relativistas
y resolvimos enigmas.
- ¿Por qué ya no me besan? ¿Por qué no
acarician mi brezado cabello? ¿Es que ya
nadie quiere inhalar el aromático placer de
mis entrañas ?.
-¿De qué se me acusa?, ¿de hechicería?,
¿de embelesar los sentidos?, ¿desde cuándo
seducir es pecado?. Quien se acerca a mi es
por voluntad no por una compulsiva necesidad
enfermiza. ¡No me vulgarice!.
- ¿ Por qué me persiguen? por participar
en cálidas y humeantes tertulias. Soy una
fugitiva, coacción y sanción me acosan.
- ¡Oficio rituales!, confieso ¿y qué?,
¿desde cuando la liturgia de la carga y la
consagración del encendido son brujerías?.
- ¿ Por qué?...
Jose Lanao Dolset (Zaragoza)
La
herencia (117 )
La lenta neblina se levanta, como cada
mañana, pausadamente. La lentitud de
movimientos se va convirtiendo en ajetreo.
Yo recuerdo, mientras casi todos deambulando
en el poblado comienzan a encargarse en sus
quehaceres, como siempre.
El brujo, levantó su mirada de la raída
estera en la que se encontraba sentado y, me
miró de nuevo, intentando descifrar, en el
fondo de mis ojos, la inquietud que
despertaba en mí el momento.
Yo, no había podido dormir en toda la
noche, la vigilia pesaba entre mis parpados
e intenté disimular el temblor de mi mano al
acercarse, cuando me tendió la pipa, y con
voz grave, me dijo lentamente:
- Es tuya, ahora te pertenece.
Extendí la mano torpemente, temblaba como
una gaucamaya herida, observando como la
sangre pulsaba entre los surcos de mis
venas.
- No se si la merezco, respondí.
Todavía en ese instante, mi yo dudaba
de ser merecedor de la carga que conllevaba
poseerla.
Entonces susurro:
- La he preparado con el tabaco de los
tiempos, no dudes en aspirar el humo de
su sabiduría despacio, con el amor de la
tierra madre que se ofrece.
La primera bocanada fue de éxtasis,
desde entonces no he vivido nada comparable.
Llegaron a mi espíritu cabalgando los
jinetes de los tiempos, y sonaron en mi alma
los tambores primitivos de la jungla. Hubo
un silencio sepulcral, más tarde, oí de
nuevo a la vida en el canto salvaje del
pájaro de fuego.
Maria A. Muñiz N.
El
sabor de cada una de mis pipas
(116 )
Colecciono pipas. Una de mis dulces
extravagancias para poder admirar
cercanamente objetos bellos.
No recuerdo bien cuando comencé a
coleccionarlas, y creo, no mentir mucho
si digo, que hace veinte años. Esa pasión
nueva llegó a mi, quizá, por la nostalgia
del suave aroma que desprendía el tabaco
dorado quemando en sus entrañas y, que me
trasportaba a otros momentos, a otros
tiempos, en donde la alegría de mi vida
subía enardecida como el humo. ¡Quien sabe
ya!... Quizá fuera sólo para tocarlas y al
mismo tiempo descifrar el placer de manosear
con insistencia, mientras mi mente
vagabundeaba entre ensoñaciones. Sea como
fuere las tengo muy presentes en mi vida.
Siempre que puedo adquiero una.
Voy a tiendas de anticuarios, me gusta
saber que cada una tiene historia, sabor
añejo; que unos labios la atenazaron en su
día. Sí, en el rutinario tic-tac del
cotidiano día, para tranquilizar al alma
succionadora más allá del tiempo y del
espacio. Puede decirse que ojeo como un ave
rapaz a mi futura presa, depositada, casi
siempre, entre varios objetos ya en desuso
y, mis ojos se enturbian o chispean,
cuando pido al anticuario que saque de la
vitrina a esa parlanchina del profundo mundo
del silencio.
Entonces la pipa habla y me relata cada
una de sus grietas: ¡Cuantos golpes de
vida!; Despacio se exhibe ante mí y,
orgullosa, me enseña sus sufridos tatuajes
como si fueran condecoraciones de una
guerra. Se convierte en ese instante en mi
aliada. La mimo, la protejo entre mis dedos
y, táctil, me cuenta sus batallas.
Amo a todas, por distintas y
políticamente diferentes. Y sé que fui,
hasta hoy, a excepción del adorado
humo, el más dulce de todos sus amores.
Airetara (España)
La
teoría
(115 )
Hace unos cuarenta años,
recién doctorado, cuando entré en el
despacho del profesor, este estaba sentado
en su escritorio. Su mano izquierda sujetaba
en sus labios una pipa. Aunque hacia algunos
años que se había prohibido definitivamente
el tabaco y ya era imposible conseguirlo por
ningún medio, él siempre llevaba consigo una
de sus pipas. A veces la pipa asomaba en el
bolsillo de su americana, otras la llevaba
en la mano y la usaba como puntero en las
explicaciones de sus clases. De vez en
cuando se la llevaba a la boca y aspiraba,
como si aún fumara. Una vez me hube sentado
frente a él, me miro con sus ojillos
divertidos, mientras, su amplio bigote se
expandía acompañando su sonrisa. Aquel gesto
tan suyo, junto con su pelo ensortijado, le
confería, a pesar de la edad, un entrañable
aspecto de niño travieso. Sobre la mesa
había una carpetilla de cuero atada con una
cinta marrón. El la deslizó ofreciéndomela.
-
Mire usted, lo crea o no, desde que se
prohibió el tabaco, no he sido capaz de
plantear una sola ecuación más. Espero que
usted continúe desarrollando La Teoría.—me
dijo.
¡Tenga!
Hoy, cuarenta años después, yo le ofrezco a
usted la misma carpeta sin haber sido capaz
de aportar ni un solo paso al desarrollo de
La Teoría.”
J.M.R.G. León