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La página de Bonet de ses Pipes 

 
 


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El Barcelona Pipa Club tiene el honor de presentar esta página en la cual , nuestro buen amigo Joan Bonet, más conocido como "Bonet de ses pipes" nos gratifica con sus sabios y simpáticos artículos en exclusiva sobre el arte de fumar en pipa. Este artesano de Mallorca ,de cuyas manos han surgido numerosas y fantásticas pipas que ahora deleitan y acompañan a fumadores  de todo el mundo, es autor además de numerosos libros sobre la materia. En su literatura  nunca falta el consejo de amigo, la ironía y el buen humor.

 

 

SUMARIO DE ARTÍCULOS :


  Relato de Navidad : La pipa de San José 
  Despedida y Carta a los Reyes  
  Noel y las pipas  

  Tradiciones piperas  
  ¿Pipas pluma ?   
  Tomás Morell  
  Culpable 
  Versión castellana  
  Fumada de "Sant Honorat" 
  Sangre
 
  Fumadores pasivos  




 

Relato navideño que recuperamos de nuestro archivo

LA PIPA DE SAN JOSÉ

Hace muchos años, tantos que en aquel tiempo los niños de nuestra casa eran los hijos y ahora hace tiempo que lo son los nietos, poco antes de Navidad vino a visitarnos un amigo ibicenco, misionero entonces en Colombia, aquel joven, que quería una pipa mallorquina para llevarla al obispo de Bucaramanga, traía algunas hojas de un tabaco extraño, una variedad que al parecer solo se desarrolla en un valle fertilísimo por el que transcurren las aguas del río Molino.

Aquel tabaco según dijo el religioso pitiuso, era fumado únicamente por los sacerdotes de la tribu india de los coconutos en sus rituales, y nadie mas que ellos de por aquel entorno se atrevía a fumarlo.

Días después, acabábamos de celebrar la cena de Nochebuena en familia, en la que, siguiendo la costumbre, nos pasamos un poco en la comida, los vinos, el cava y la cata de otros licores, cuando todos los demás ya se habían acostado, convertí en picadura una de aquellas hojas del tabaco colombiano, con la que cargué luego una pipa nueva de panoja de maiz, una de estas que no alteran en absoluto el sabor del tabaco, con el fin de mantener íntegramente el de aquella picadura, después de esto, encendiéndola, iniciño una fumada que no olvidará nunca . El sabor y el aroma de aquel tabaco resultaron ser cautivadores pero mucho mas aun sus efectos puesto que transcurrido cierto tiempo, después de una suave cabezadita, me sobrevino una viveza placentera que me colocó ante una visión maravillosa.

De pronto al fijarme en el belén que habíamos montado en el comedor de casa, quedó perplejo al ver que su lago, hecho con un espejo, se había convertido un uno de agua sin contaminar como la del río que corría alegremente hacia él, llevándome la gran sorpresa de comprobar que aquel pequeño pescador, antes de barro, que allí pescaba no solo se le veía pleno de vida sino que además, de tanto en tanto, sacaba algún pececito menudo proporcionado con el tamaño de quien lo pescaba. Todo el belén había cobrado vida: El pequeño Niño era arropado amorosamente por su madre, una adolescente dulce y bella, mientras su padre, que parecía su abuelo los contemplaba satisfecho. La pequeña mula y el proporcional bueyecito, respiraban de prisa para calentar con su aliento al recién nacido. Curiosamente se veía también como labradores sudorosos batían grano en una era entonando cantos ancestrales bajo un sol que quemaba, mientras algunos pastores se protegían del frío calentándose alrededor de fogatas de un fuego vivo y acogedor, otros apacentaban tranquilas ovejas o inquietas cabras, habiéndolos también que, con yuntas de bueyes uncidas a sus arados iban abriendo surcos perfectamente alineados, o quien regaba con el agua que extraña de un pozo sirviéndose de una noria de menudos cangilones, en la que había enganchado un burrito plateado que rodaba cansinamente. llamaba igualmente la atención un molinero que transportaba sacos a un molino de vistosas aspas que no paraban de dar vueltas, un personaje tan activo como aquellos dos herreros que golpeando con el mallo y el martillo sobre el yunque forjaban sonoramente unas herraduras con las que herraron después un robusto caballo pecherón.

Recuerdo que entre los presentes que llevaban los que se dirigían al pesebre podían verse frutas de todas las épocas del año, menudas pero todas ellas maduras, apetitosas y arom�ticas. Tuve la satisfacción, aquella noche mágica, de poder contemplar como un pastor anciano cargaba una diminuta pipa, que debía haber tallado el mismo, poniendo seguidamente un poquito de yesca de cañamiza sobre el tabaco, para que este prendiera con mas facilidad al caer sobre ella las menudas chiribitas, casi invisibles, que hizo saltar de un pedernal con un eslabón pequeñísimo, muy normal en sus manos. Poco después pude ver también como aquel mismo viejecito, mezclado con otros pastores que contemplaban el Niño y entregaban obsequios a la Familia para demostrarle que eran bien acogidos entre ellos y deseaban que no se sintieran extraños, daba a San José una pipa menuda parecida a la suya.

-Buenos días -dijo mi mujer, la mañana siguiente, antes de reprenderme con la suavidad propia de la fecha- ¿Es que hoy no piensas levantarte? Ayer noche no se que diantres hiciste te acostaste tardísimo y además dejaste la luz del comedor encendida.

Después de corresponder a la salutación y hacer oídos sordos al comentario siguiente, me levanté presuroso para ir a ver el belén,. Entonces, sin ninguna sorpresa pero con desilusión, comprobé que todo en el permanecía quieto como antes de la fumada. Iba a dejar el belén cuando me fijé en una cosa extraordinaria !San José tenia una pipa en la boca!

Desde entonces el San José del belén de casa fuma en pipa. Aquel día de Navidad nadie hizo ningún comentario sobre el nuevo fumador, no se como diantres ocurrió el prodigio ni nunca he intentado hacer indagaciones , supongo que debia tratarse de una broma de la familia pero, broma o no, la coincidencia tiempo--espacio me pareció por lo menos prodigiosa.

 

 

 

 

DESPEDIDA

                       

            Ha transcurrido mucho tiempo desde mi último contacto con esta página, al principio sin darme cuenta de ello lo consideré un simple retraso, después una demora excesiva, para acabar por ver en ello la oportunidad de poner fin a mis colaboraciones. Lo lamentable ha sido la incorrección de haberlas interrumpido sin despedirme. Ahora sí lo hago, excusándome en la edad, en el temor a repetirme y sobre todo en el hastío que me produce esa persistente campaña antitabaco promovida por quienes manejan a su conveniencia los destinos de la humanidad, movimiento coreado por muchos seguidores, inconscientemente resentidos consigo mismos, proseguidores, sin intención, de otros perseguidores anteriores que por idéntico sentimiento y con excusas racistas, políticas o fundamentalistas acosaron a quienes defendían su igualdad y sus derechos o se negaban  a ser salvados del infierno.

            Cuesta compartir la razón de la pertenencia a una causa placentera con quienes para defenderla empiezan generalmente sus alegatos reconociendo la razón de sus oponentes, pese a que entre estos, muchos de ellos ejercen profesiones sanitarias y tampoco respetan las consignas de sus "beneficiosas" campañas, consistentes en intentar salvar nuestra salud con el mismo ahínco que otros pretendieron, y pretenden aun, salvar nuestras étnias o  nuestras almas.

            Sea como sea en los pocos artículos que pueda llegar a escribir, procuraré que en ellos figuren las pipas, como ocurre en el que publicará estas Navidades la revista mallorquina "Perlas y Cuevas" siguiendo una costumbre de años, narración con la que, traducida del catalán, me despido de esta  página:

            No obstante, desde mi ancianidad y siguiendo con interés vuestras actividades, continuaré, mientras pueda, con el disfrute de mis adicciones al fumar en pipa, a los libros, a la familia, a los amigos, y demás adicciones placenteras que ha dado sentido a mi vida compensando los inevitables disgustos.

 

 

                            CARTA A LOS REYES

 

            Ser consciente de mi irremediable desorganización personal me indujo, hace un montón de años, a usar como archivo una enciclopedia, sirviéndome de sus páginas y su orden alfabético, para guardar en ella recortes de prensa, notas y curiosidades, esta costumbre hace que ahora, de cuando en cuando, estas reservas de la memoria se hagan presentes, bien sea al buscarlas  directamente o indagando sobre otra cosa, soporte este muy de agradecer cuando empiezas a darte cuenta que la edad va menguando energías a la mente. Así, cuando de repente oyes nombrar alguna ciudad, pueblo o aldea y no sabes de donde te suena, resulta oportuno recurrir a la enciclopedia mencionada para averiguar si has tenido alguna relación con ellos. Esto me ocurrió no hace mucho al oír hablar en la radio de un pueblo del norte de la península, llamado Infiesto, donde, por lo que me permitió mi memoria complementaria, pude recordar que hace décadas un amigo desconocido, y estos adjetivos no son ninguna incongruencia, compuso un soneto a la pipa y tuvo la deferencia de mandármelo dedicado. El amigo se llamaba H. Álvarez Nova y el pueblecito donde vivía era Infiesto, este lugar, según la enciclopedia, se encuentra a 38 Km. de Oviedo a la vera del río Pilonga, y en 1960, cuatro años antes de editarse el libro archivo, tenia1780 habitantes . ¿Desde entonces habrá crecido o menguado?

            Otro día, deseando saber como definía la enciclopedia la palabra separatismo, tan en boga actualmente, me encontré que en la misma página figuraba el vocablo sepiolita, nombre científico del mineral conocido vulgarmente como espuma de mar, con el que se han hecho verdaderas obras de arte piperas -principalmente en el siglo XIX y principios de XX- haciendo esto que dentro la enciclopedia se encuentren unas fórmulas que, ara de eso unos 40 años, mandó desde Madrid, D. Francisco Carreras, miembro del "Consejo Superior de Investigaciones Científicas", en las cuales se explican diferentes procedimientos para producir espuma de mar artificial.

            Recientemente, muy de refilón, la enciclopedia ha vuelto a hacer de las suyas. Hablaba un vecino nuestro, Mestre Pep Petitot, pescador de caña experimentado, de las diferencias que hay entre una escorpena y una corvina, en catalán escòrpora y escorball, entonces yo, que no se nada de peces, quise saber alguna cosa de ellos recurriendo al libro, ahora ya no recuerdo que leí, únicamente que al escorball también se le llama reig y que al ir a comprobar que diantres decía del reig la enciclopedia, me encontré que entre las páginas del volumen correspondiente, se guardan dos cosas singulares, una tarjeta navideña que mandó un amigo norteamericano hace más de treinta años, poco antes de la muerte de Luther King, postal en la que figuran los Reyes Magos, con la rareza de que en ella los tres personajes son blancos. La otra particularidad que figura en el archivo, junto a la postal, es la fotocopia de una carta enviada a los Reyes por nuestro nieto mayor, cuando era niño, en la que figura la lista de juguetes solicitados y una nota, que añadí yo sin decirle nada a nadie, en la cual figura la respuesta que le di al pequeño contestando a una pregunta que me había hecho.  ¿Abuelo -había preguntado- ¿Donde debo echar la carta a los Reyes, para que llegue mejor, en el buzón de Correos o en el cofre que lleva el paje real que hay en la tienda de la  esquina?  La duda del niño al principio me dejo algo desconcertado, después, según reza la fotocopia, teniendo en cuenta que él y yo sabíamos que no le mentiría nuca, la respuesta fue: Échala donde quieras porque puedes estar seguro que llegará igualmente.

            Es de suponer que la carta debió llegar bien porque las peticiones que figuraban en ella fueron atendidas.

FELICES FIESTAS AMIGOS

                                   

Bonet de ses Pipes.   (Palma de Mallorca . Enero 2006 )                         

 

 

 


Noel y las pipas

 

             Ahora, cuando se acercan la Navidades y con ellas la fiebre de las compras, entre las que destacan las de juguetes para los niños, voy a referirme a una de estas compras hechas sin esperar a Reyes. Ignoro el nombre de quien la hizo pero su aspecto sereno, su presencia respetuosa y su interesante idea, por acertada y provechosa, me impactaron.

            Había ido a ver la exposición "ChinART" una excelente muestra del arte chino actual, que se exhibía en la Llonja de Palma. Aquella mañana como de costumbre, salvo los días de inauguración, el venerable edificio no estaba vacío pero tampoco contaba con mucha concurrencia. Entre los visitantes figuraba el señor que he mencionado antes, el cuál contemplaba detenidamente las obras que conformaban la muestra, cerca de el, yendo y viniendo, una niña de unos cinco o seis años, con una maquina de fotografiar de estas de usar y tirar, que debía haberle comprado su padre o abuelo, que tanto podía ser una cosa como otra, iba fotografiando lo que ella consideraba interesante, sin la mínima indicación de su tutor. He aquí, pensé, una acertada manera de iniciar el interés de los pequeños por las obras de arte y sus exposiciones. Debo confesar que me complació mucho comprobar que muchas veces coincidíamos con la niña en lo que considerábamos más retratable.

            Días después al comentar el hecho con un amigo, este me confesó la frustración que le producía el no haber tenido la oportunidad de convivir nunca con niños, puesto que su matrimonio no les había dado hijos, ¡Tanto como la hubiera gustado tener nietos! Además, resultaba que, sin conocer el motivo, pese a ser tan niñero, le había correspondido ser una de esas personas que no les caen bien a los críos, uno de esos que si cogen un recién nacido en brazos este indefectiblemente se echa a llorar, uno de esos que los mayorcitos rehuyen visiblemente. No obstante aquel día estaba ilusionado, la cosa podía cambiar, un conocido suyo que tiene una tienda de juguetes le había ofrecido un trabajo temporal consistente en hacer de Papa Noel delante de su comercio. He aquí por donde, al fin, disfrazado del popular y apreciado personaje, tendría la oportunidad de contactar con los niños.

            Poco después, al coincidir con el improvisado Papa Noel, quise saber el resultado del experimento, la respuesta fue decepcionante, según dijo, tres días después de iniciar sus representaciones, el tendero le llamó para decirle: Mira aquí tienes la paga de toda la semana pero no vuelvas porque hemos comprobado que, desde que tu vienes, los niños no quieren entrar. 

            Viéndole tan afligido quise enterarle de una observación personal. Desde hace tiempo -le dije-  he constatado que al ir por la calle pipa en boca, si te cruzas con nenes pequeños que son llevados en sus cochecitos, muchos de ellos con el chupete en la boca, automáticamente se establece una corriente silenciosa de mutua simpatía, hasta el punto que una vez haberos cruzado los pequeños suelen forzar sus cuellos pera poder asomarse por encima de la baranda de su vehículo con el deseo de prolongar la fugaz conjura. Muchas veces he dicho que, solo por experimentar este placer vale la pena optar por la pipa.

            Pues bien ahora, a toda esta ristra, puedo añadir que Pepe, el frustrado amigo de los niños, después de nuestra conversación, a pesar de continuar sin fumar, como ha hecho toda la vida, se pasea con una buena pipa en la boca, sin que esta tenga otra utilidad que la de hacer de aparato de comunicación, silencioso y entrañable. Ahora su mujer ya sabe que este año su "Papa Noel" ha pedido otra pipa a los Reyes, para poder ir alternando y, además, esta segura de que se la traerán.

 

La versión en catalán de este escrito se publicará 
en la revista mallorquina "Perlas y Cuevas"                        

 

 


 Tradiciones piperas 

 

Foto: Santuario de Nuestra Señora del Brezo en León

            "Sin duda el fumar perjudica la salud", actualmente parece indispensable empezar cualquier comentario sobre el tabaco con estas palabras u otras parecidas, incluso los que se hacen mientras se está fumando y en algunos casos con la bata médica puesta. Haciendo esto a modo de "mea culpa" pero sin ningún recato en generalizar, pese a que entre nosotros conviven fumadores ancianos a los que no se les notan más achaques que a los que no fuman, pero en cambio se les ve el placer con que saborean las labores que les venden unos honrados estanqueros, recaudadores pasivos de impuestos. Dicho esto voy a continuar hablando de las pipas sin incorporarme a los del "Sin duda el fumar..." si tuviera esta certeza no seguiría fumando ni escribiendo sobre el tema.

            Mas como resulta ingrato remar siempre contracorriente, actualmente publico poco, e incluso a veces me planteo dejarlo, pero luego, sin buscarlo, me encuentro con la presencia de la pipa continuamente, no me refiero a las que fumo o a las que pueda hacer, sino a las noticias que encuentro en los medios de difusión o me brindan mis allegados, por ejemplo la de este veterano fumador de pipa, amante del ciclismo, Teófilo García, apodado "El Pipas" que a sus noventa años sigue pipando y montando en bicicleta, a quien la Federación Vizcaína de Ciclismo, rindió no hace mucho un merecido homenaje; la muy comentada venta del cuadro de Picasso "El muchacho de la pipa" o, siguiendo con la pintura, le exposición en Palma -Fundació La Caixa- de la colección de "Art realista català" reunida por nuestro admirado Pau Casals (1876-1973) una magnífica muestra que sirve de homenaje al gran músico, en el que aparece destacada la pipa, en las fotografías y en el montaje fílmico que complementa la muestra.

            También complace encontrar la conjunción pintura pipa en algún cuadro del recién inaugurado museo palmesano Esbaluart, figurando la pipa en uno de los cuadros seleccionados para ilustrar el folleto guía, que se ofrece a los visitantes, el titulado "Guardián núm. 3" de Robert Motherwell.

            Algunas veces ya hemos comentado que antiguamente, en Palma de Mallorca, uno de los actos especiales de la  festividad de san Antonio Abat (17 de enero), consistía en que  los niños, mientras paseaban jubilosos por la fiesta, lo hacían fumando cáscaras de cacao en pipas de barro, Ahora, insistiendo en esto de que la pipa se me aparece sin buscarlo, uno de mis hijos acaba de enterarme de algo que ha encontrado en Internet referente a una costumbre parecida, la que disfrutaban sin complejos, los niños catalanes de Arenys de Mar, fumando el cacao en unas pipas hechas por ellos mismos con conchas de caracoles marítimos, haciendo esto el día de "La Puríssima" (8 de enero) festividad a la que daban en nombre de "Festa de la Mare de Deu Fumadora".

            Otra Virgen relacionada con la pipa, aun que sea de un modo tangencial, de la que tuve noticia gracias a un librillo, obsequio de un amigo, es la que se guarda en el Santuario de Nuestra Señora del Brezo, ubicado en las montañas de León. Opina el amigo Olegario, que trajo el libro, que esta podría ser una buena patrona de los fumadores de pipa creyentes.

                               


 

 ¿Pipas pluma ? 

 

          Acabo de recibir una carta del amigo Francisco Duque, amante de las pipas i editor de la publicación pipera FUM, en la que, después de informarme ampliamente sobro el XVIII Campeonato de España, que se celebrará el 26 de septiembre en Sant Cugat, muestra su interés por una pipa determinada, haciéndolo con estas palabras: ...Hace algunos años que me interesaría conseguir una de sus famosas pipas de pasta de madera...

            Esta manifestación me ha sorprendido mucho porque jamás hice pipas de pasta de madera. He pensado detenidamente en el motivo de la suposición del amigo Duque, llegando a presumir que las pipas que pudieron motivar su confusión fueran tal vez  las que hicimos en nuestro taller, hace muchos años, a las que denominábamos "pluma" por lo ligeras que eran, ajustándose así a lo que buscábamos en ellas.

            El procedimiento seguido para hacerlas formaba parte entonces, y en él ha figurado  hasta este momento, del librillo que tiene cada maestrillo, teniéndolo todos los artesanos tan celosamente guardado. Mas ahora, deseoso de dejar constancia de aquella producción, recojo y os transmito los apuntes que figuraban en nuestro librillo particular sobre la "plumas", por si pueden  ser de alguna utilidad a los artesanos y hobbystas piperos, en ellos puede leerse lo siguiente:  Para hacer estas pipas, las "pluma", debe usarse una madera ligera - la más liviana que hemos encontrado es la de balsa, que se usa para hacer maquetas- esta madera, como todas las procedentes de troncos y a diferencia de la de brezo que es de cepa, al tener distinta textura en su fibra que en su corte, no permite un acabado homogéneo de la superficie de la cazoleta impidiendo darle un acabado absolutamente satisfactorio, tanto en liso como en grabado. Para superar este inconveniente lo más práctico es granularlas al fuego, para ello resulta muy útil recurrir al empleo de un punzón eléctrico candente -nosotros al principio lo hacíamos alternando una serie de punzones grabados, largos con mango de madera, que calentábamos en un fogón de carbón- una vez efectuada esta labor, se cepilla fuertemente con un cepillo de esparto, se tiñe del color deseado con anilina al alcohol, se le da una capa de laca de nitrocelulosa y, una vez seca, con un punzón muy fino hecho con una aguja de coser sujeta a un mango, se atraviesa la capa celulósica, en machísimos sitios de la cazoleta,  para evitar que esta se levante al calentarse. 

Finalmente  -éste puede ser el motivo del malentendido del amigo de Sant Cugat- se recubren  las paredes del agujero del hornillo con una mezcla refrigerante compuesta por goma arábiga y escayola. Para hacerlo procederemos de la manera siguiente: Debemos usar goma arábiga líquida, que puede comprarse en las papelerías, esta debe aclararse con tres partes más de agua. La escayola a emplear es la que se vende en las farmacias para enyesados. Para aplicarla debemos mezclar pequeñas cantidades, porque la pasta resultante solidificaba rápidamente, cada mixtura da solamente para cuatro o cinco pipas, a las que aplicaremos dos capas, usando para ello un pincel de los más finos. Una vez seca la pasta, con la ayuda de un papel de lija fino, se hace coincidir la parte superior de la misma con el borde de la madera. Finalmente, con la broca correspondiente, destaparemos el orificio del caño, que suele quedar obstruido.

            El que la madera fuera blanda se notaba demasiado al marcar las pipas, por lo que optamos por incrustar una plaquita de aluminio donde debíamos marcar y así el inconveniente se convertía en una originalidad complementaria.

 También las hicimos con el agujero negro.                           

 

                                                                                   

 

Tomás Morell

T         Siento volver a hablaros de "fumerals" pero la realidad se impone obligándome a comentar que recientemente ha fallecido un pipador extraordinario, Tomás Morell Marqués, un colaborador formidable sin el cual no se habría inaugurado la Pipa de la Paz. Fue Morell -ingeniero industrial, director de los Ferrocarriles de Mallorca- quien proyectó y dirigió la instalación de las mil mangueras que iban de la monumental narguile a las sillas que la rodeaban, un montaje perfecto que evitó probables enredos que gracias a él no llegaron a producirse.

         Mi "fumeral" particular le he efectuado junto a una pieza escultural depositada por  Tomás en el patio de nuestra casa, una especie de monumento a las pipas que se produjo de la manera siguiente: Un buen día sonó el teléfono, era el amigo Morell que me indicaba que fuera enseguida a la estación de Palma con una pipa de las que más apreciara. El motivo de la urgencia era que iban a moldear un tope de ferrocarril de hormigón y podíamos encallar en él una pipa de cada uno, haciéndolo hasta la mitad, para retirarlas una vez secara la masa quedando su huella en la misma. Así lo hicimos y allí quedaron como testimonio de nuestra amistad y el aprecio de ambos a las pipas. Años después, al tener que retirar el tope, Tomás hizo que cortaran la parte que contenía las pipas -el bloque voluminoso y pesado que tenemos en casa.  

         Como podréis comprobar a continuación algunas de las respuestas que dio a nuestras preguntas pera la revista PIPAS y su  sección "Nuestro personaje" reflejaban bastante el carácter sincero y práctico de nuestro amigo:

         ¿Cuantas pipas tienes entre las que tu has hecho y las demás? -Tomás hizo algunas pipas muy bien realizadas.

         No lo sé muchas, entre las que compro y las que me regalan, muchas.

         ¿Cuantas fumas diariamente?

         Dos o tres,  algún día no fumo ninguna y otro día fumo cinco , nunca ha sido una cosa matemática.

         ¿Tienes alguna mezcla predilecta?

         Las mezclas nunca me han salido bien, fumo tal como viene en la lata o en el paquete y variando.

         ¿Quitas los filtros? 

         Inmediatamente.

         ¿Como prefieres las pipas?

         Grandes, porque como cuesta cargarlas, si quieres hacerlo debidamente, así dura más.

         ¿Curvadas o rectas?

         Según, hay días que me van mejor las curvadas y hay días que me van mejor las rectas.

         ¿Te parece que esto del fumar en pipa habrá influido en tu carácter? ¿En el tiempo que llevas de pipador has notado algo?

         No, no creo haber mejorado nada.

         ¿Influye la pipa en facilitar el contacto entre los pipadores?

         Yo, amigo mío he leído y escuchado esto de que dos personas que fuman en pipa... dentro de un aeropuerto, es motivo de... nunca, nunca, e ha sucedido y mira que he encontrado gente fumando en pipa, los miras, te miran, pero en mi caso a lo sumo se ha quedado en un intercambio de miradas, y mira que he ido muchas veces a mochos sitios. Recuerdo que una noche debía ir de Madrid a Oviedo y me paré a cenar en una cafetería de Chamartín esperando el tren, en la mesa de al lado había otro fumador de pipa, entonces hice algún gesto para ver si iniciábamos la conversación, pero "Tua Deu", apagó la pipa y se fue.  


 

Culpable

            A veces, ante las persistentes campañas antitabaco, casi he llegado a sentirme culpable por haber dedicado mi vida a las pipas y su entorno, con lo que podré haber ayudado a aumentar el número de "fumadores pasivos". Últimamente se ha incrementado mi sentido de probable culpabilidad con la constatación que mis actividades no se han quedado solo en esto de los "fumadores pasivos", también habré participado en fomentar otro nuevo colectivo reprobable, el de los "machistas pasivos", en el que debemos ocupar un lugar destacado los pipistas, puesto que la pipa ha resultado ser - porque así lo han querido las féminas- uno de los únicos reductos varoniles no invadido por la moda "unisex", ya que en nuestro país, con pocas excepciones, confirmadoras de la regla, como la de la recien fallecida Marisa Landi y las participantes en concursos piperos, las mujeres no suelen fumar en pipa públicamente.

            Esto se refleja, muy mucho, en las narraciones, ocurrencias y cuentos que figuran en mis libros en los que muy pocos han tenido protagonistas femeninos.

            Por si esto fuera poco auto analizando mi conducta, acabo de añadir otro sentimiento de culpabilidad a mi actuación pipera, este referente al rechazable "racismo pasivo", presente en mi opúsculo "La pipa en Baleares"  de la colección "Panorama Balear" -Lluís Ripoll - Editor (1980) en el que figura una leyenda menorquina, muy conocida entre los fumadores de pipa de la entrañable isla mediterránea, la que se refiere a los Cuernos de yesca, de la que Francec d'Albranca hablaba así en 1909:

            "Los segadores descolgaban su pipa, que llevaban colgada por su caño de mimbre a la cinta del sombrero; tiraban de su bolsa de piel de gato, donde iba el tabaco de pota del que llenaban su pipa ; sacaban su cuerno de la yesca  de gamón y, sobre la pipa llena, depositaban dicho polvo, fácilmente inflamable, hasta formar un montón y golpeando después, con el xispero, el pedernal, hacían saltar chispas hasta que una encendía la yesca.

            "La pipa, el caño y la bolsa no solían destacar por su limpieza. ¡Pero el cuerno de la yesca...! ¿Quien podía lo llevaba más manejable, airoso, bello y lustroso! Y si alguno llevaba escrito en él, con rayas y puntos, el cuento y romance de "moros y cristianos" (que únicamente he visto escrito en los cuernos de yesca) para mi aquel jornalero era un sabio y se quedaba con todas mis simpatías de adolescente.

            Pues sí; algún que otro de los jornaleros, llevaba en su cuerno escrito longitudinalmente este renglón de tajos y puntos, hechos con un cuchillo: esto no es una filigrana, ni una contraseña, ni una lista de jornales a cobrar; esto es el romance de moros y cristianos que se cuenta de esta manera:

            Eran treinta marineros (quince moros y quince cristianos), que iban de viaje por el mar. El mal tiempo y la falta de viento hizo que pasaran días y más días lejos de puerto, acabándoseles las provisiones. Antes de morir todos de hambre, el patrón, que era moro, decidió tirar al mar la mitad de los marineros, encargando a su segundo, que era cristiano viejo, que los pusiera en fila  y contara por orden de uno en uno y a los que correspondiera el nueve fuesen tirados al mar, hasta haber tirado a quince de ellos.

            El segundo de abordo, hombre astuto y muy versado en cuentas, hizo colocar a los treinta marineros en la disposición que señala el gráfico, que he trascrito de la auténtica, de un cuerno de yesca, señalando que las rayas o tajos son los cristianos y los puntos los moros, comenzando por la izquierda de quien mira, fueron contando de nueve en nueve, tirando al mar el noveno; el dieciochoavo y el veintisieteavo en la primera pasada: contando siempre de nueve en nueve, a la segunda pasada cayeron el sexto, el dieciseisavo... y contando y tirando el noveno al mar, a la sexta pasada hubo quince hombres al agua y los quince moros.

            Examínese el jeroglífico epigráfico, que va copiado, y se vera que la cuenta es clara; cuenta que gráficamente resulta fácil; pero por ser una ocurrencia, supone, ¡ya lo dicen los jornaleros! “ Una bona cabeça”.

 Afortunadamente alivia mucho mi conciencia el haber hecho la monumental Pipa de la Paz, una especie de narguilé árabe, en la que fumaron mil personas de ambos sexos, entre ellos, incluso, algún que otro "fumador pasivo"

                                                                       


Versión castellana

         Los amigos de "BARCELONA PIPA CLUB / ON LINE me ofrecieron  su revista informática,  para que hablara en ella de pipas -en castellano-. Por su parte los de la revista de cine "BLANC I NEGRE + CURT" me pidieron que escribiera algunos artículos para su publicación -en catalán-  Ahora redacto lo siguiente para cumplir a un tiempo con unos y otros. Para hacerlo, nada mejor que referirme a una película en la que figure la pipa, de estas hay muchas, sobre todo en las de tema policíaco . En la película elegida la pipa tiene una presencia fundamental. Se trata de una producción británica, adaptación de una novela de Agatha Christie's, con guión de Anthony Shaffer, la titulada "MUERTE BAJO EL SOL" . Dirigida por Gus Hamilton, en la que, para simular Tiranía -un país imaginario- sus exteriores se rodaron en Mallorca, donde el fotógrafo Christopher Challis supo sacar unos resultados notables, captando con gran acierto las bellezas de la costa mallorquina, destacando las transparencias y colores de sus  aguas.

         Con una buena interpretación de Peter Ustinof , quien, como suele suceder tantas veces cuando actúa este actor, destaca por encima del resto del reparto, en el que figuran buenos intérpretes como: James Mason, Jane Birkin, Coliu Blakely y otros, quienes, en esta ocasión, no aspiraban a conseguir ningún Oscar, como tampoco la hacia la película, ni siquiera por su banda musical, pese a ser, esta obra, del excelente Col Porter, con una música muy superior a la categoría de la pipa -bien barnizada, eso sí- que juega un papel muy importante en el desenlace de la obra, donde esta pieza resulta primordial, ya que... ¡Alto! iba a decir el porque y esto de adelantar el final todos sabemos que no debe hacerse nunca, por lo tanto no voy a hablar de ello, por si alguno de los lectores  llega a ver esta  película de los años ochenta del pasado siglo.

         Desde entonces -supongo- Peter Ustinof, admirado actor y  gran benefactor de los niños, que fue presidente de la UNICEF, se convirtió en visitante habitual de Mallorca.




Fumada de "Sant Honorat"

         Con el patrocinio de Mac Baren y el acierto a que nos tiene acostumbrados el veterano club: Pipers d'Algaiada, se celebró la XXIV Fumada Lenta en Pipa de Sant Honorat -Algaida 2004- El concurso tuvo lugar en Ca'l Dimoni, un retaurante muy popular en Mallorca, en el que el Demonio que preside su comedor fuma en pipa, una pipa hecha por quién ahora os habla de ella.

         Una vez más el maestro Baltasar Marqués "Moisés" volvió a demostrar su habilidad pipadora alargando su fumada hasta que otro excampeón de España, Juan Pallarés, después de más de hora y media de fumar, agotara su tabaco, momento en que el campeón tuvo la gentileza de apagar, porque se había hecho tarde, debían entregarse los trofeos y cerrar el acto, entonces, al vaciar su pipa,  pudimos comprobar que quedaba tabaco para rato.

         En Ca'l Dimoni, el Maligno que luce su pipa en el comedor no es el único Diablo de la casa, desde hace años otra figura diabólica, del tamaño de un hombre de estatura mediana, plantada a la entrada del establecimiento, da la bienvenida a los clientes, sustituyendo en este cometido al anterior, de carne y hueso, que inicialmente recibía a los visitantes moviéndose con satánicos brincos, fingiendo amenazas con un voluminoso tronco que aun esgrime su inmóvil suplente. 

         La simpatía y habilidad de quien representaba aquel personaje inolvidable, un artesano muy conocido en el pueblo, alcanzó una gran popularidad entre los mallorquines y turistas que venían a la isla. Cuentan que en cierta ocasión en que uno de estos visitantes al repetir visita a Mallorca en compañía de unos compatriotas, llevó estos a conocer el Dimoni d'Algaida. Comoquiera que al llegar al restaurante se encontró con que aquel diablo no estaba en el sitio acostumbrado, con la lógica decepción preguntó por él, obteniendo una explicación sorprendente: El Dimoni no está porque se ha ido a misa. Luego volverá.  

         Curiosamente, por lo que nos contaron, en la actualidad no hay ningún algaidí que lleve el nombre del que fue Abat de Lérins y Obispo de Arles San Honorato (Sant Honorat) lo que sí puede que queden son algunos descendientes de otros provenzanos que en el siglo XIII se establecieron en Mallorca,  cabiendo la posibilidad que alguno de los que piparon en Algaida fuera uno de ellos. 

 



Sangre

            No podía decirse que Pablo y Ana formaran una buena pareja. El era algo sombrío, de cadera afeminada, cara redonda, algo rosada, con poca barba sin llagar a barbilampiño, cabellos cortos y bien peinados, ojos abultados e inexpresivos que no miraban nunca a sus interlocutores, a los que hablaba con voz gangosa. Su boca con unos labios voluminosos y muy colorados, por poco que se abriera  dejaba ver el brillo de un clavo forrado en oro que le hacia aparentar una extraña sonrisa, casi nunca real debido a su carácter introvertido. Tal vez  -no lo se- fuera aquel clavo el motivo de su aliento hediondo, al que llamar alitosis resultaría una especia de eufemismo. Poco adicto al ejercicio se fatigaba con facilidad  y por nada que el calor apretara se ponía sudoroso, por lo que debía secarse sin cesar el sudor de la frente, el de los sobacos lo recibía directamente su chaqueta, mostrándolo ostensiblemente delimitado por una raya blanquecina..

            Ella en cambio, daba gozo contemplarla, algo más alta que su marido, lucía un cuerpo esbelto y una cara agraciada, con una simpatía innata que se reflejaba en el mirar expresivo de sus bellos ojos y el tono melodioso que alegraba su conversación.

             Pablo se sentía plenamente satisfecho con su mujer y se complacía comprobando las miradas de admiración e incluso de envidia que provocaba. Parecía un crío con zapatos nuevos. En su caso más apropiado seria decir un niño con juguetes nuevos, puesto que su pasión eran los juguetes, hasta el punto que aun conservaba los que le habían regalado en su niñez y, de tanto en tanto, solía entrar a la habitación donde los guardaba, maravillosamente bien conservados, tan nuevos y relucientes que daban la impresión de no haber sido usados nunca. No en vano su mamaíta solía decir: Da gusto comprarle juguetes porque sabe conservarlos como nadie. Allá en su cuarto, se pasaba horas y horas gozando con la contemplación de los juguetes. De pequeño los usaba para dar envidia a los demás niños, enseñándoselos pero sin dejar que nadie los tocara. En cierta ocasión en la que un primo suyo se atrevió a dar cuerda a un tobogán, por el que se deslizaba una pequeña bola que retornaba automáticamente al sitio de salida, estuvo a punto de producirse un suceso terrible. Pablo sufrió una especie de ataque de nervios que podría haber tenido consecuencias irreparables. Una extraña furia se apoderó de él y, sin saber lo que hacía, cogió un martillo con el que embistió al atrevido pariente, siendo un milagro que aquel niño, cogido, como estaba, por el cuello, pudiera esquivar el martillazo, de todos modos no pudo evitarlo del todo, puesto que una rozadura le hizo una herida en la cabeza de la que brotó mucha sangre y, como sea que la sangre es muy inquietante todos se alarmaron excepto Pabilito, a quien aquella sangre roja regando el juguete del mismo color pareció complacerle . Consideró entonces que aquella era una buena forma de pagar una falta y la visión de la sangre iba serenándolo, acabando por sentirse plenamente satisfecho. Hasta el punto que su mamaíta pudo lograr que perdonara al primo herido, demostrándoselo con un beso afectuoso. Después aquella buena mujer lo arregló todo para que diera la sensación de que se había tratado de un "accidente involuntario" -cosas de niños- apañando tan bien la cosa que incluso la víctima, que no era de lo más espabilado, acabó por dudar sobre lo que había ocurrido.

            Años después, en la mili, le sucedió algo parecido con un soldado que osó manosear su fusil, tan lustroso y bien conservado, siempre "en revista". Pero esta vez no se calmó hasta que la sangre del atrevido, al coagularse,  tomó el color marrón de la culata. En aquella ocasión su abogado defensor fue el maestro armero que estaba muy satisfecho por lo bien que Pablo cuidaba el viejo Mauser que le habían asignado, y, otra vez, se trató de un "accidente involuntario".

            Para Pablo, Ana era el más preciado de los juguetes que le habían regalado, ya que verdaderamente se la habían regalado: su mamaíta, la madre de Ana y la docilidad de la joven que había accedido pensando en lo que poseía Pablo. No obstante esto, su fidelidad era tan manifiesta que la sombra de los celos no había rozado nunca la mente de su marido. Esto fue así  hasta aquel  maldito día en que fue a vivir al lado de su casa un muchacho rubio, de mirada penetrante, apuesto y  bien parecido. Desde aquel momento el maldito gusano de la duda inició su tarea destructora. Pablo comenzó a fijarse en las reacciones de su mujer cuando se cruzaban con aquel desvergonzado que los miraba a través del humo de sus pipas, grandes y vistosas, que fumaba a todas horas, llegando a darse cuenta que Ana lanzaba alguna mirada a aquel bergante. De pronto dejaron de cruzarse con el, y, como quiera que Pablo sabía que este seguía siendo vecino suyo, pensó que cuando iban juntos los esquivaba, y empezó a sospechar que si esto sucedía era por algo. Por añadidura, unas palabras de ella, pronunciadas como si nada, acabaron de ponerle en guardia.

            --¿No has probado nunca de fumar en pipa? Tal vez te gustaría -había dicho Ana.

            Cuanto más tiempo transcurría, más arreglada y satisfecha iba Ana y más mustio y malhumorado iba Pablo. Su desconfianza no le dejaba vivir, por lo que una tarde, al salir de casa, le dijo a su mujer:

            --Esta noche no vendré a cenar. Debemos acabar el balance, comeremos unos bocadillos en la oficina misma y regresaré tarde, no me esperes para acostarte.

            Pero aquella noche volvió a casa más pronto que los otros días. Con un gesto contundente ordenó al perro que guardara silencio, mientras él  habría la verja del jardín muy lentamente para que esta no chirriara, después procedió del mismo modo con la puerta de entrada al chalet, deslizándose luego al interior con sigilo, avanzando después a oscuras hacia el dormitorio, donde se oía una suave música romántica. Por lo que fuera, una silla no estuvo en su sitio habitual y Pablo, al tropezar en ella, la hizo caer produciendo un fuerte ruido. Cuando partió de nuevo habían transcurrido varios segundos, tal vez demasiados, puesto que al entrar al dormitorio, encontró su mujer aparentemente dormida y la ventana de la habitación entreabierta, con la cortina que se balanceaba suavemente. ¿Movida por la brisa que entraba o...?.  Fuera el perro ladraba con furia.

            Pablo busco con la mirada si encontraba algo sospechoso, quedando perplejo al descubrir un objeto que había sobre la cómoda: una pipa grande, brillante, insolente. Con la sangre oprimiéndole  la garganta la garganta, se dirigió al cuarto de los juguetes, los contempló con mirada extraviada, parándose delante del tobogán rojo, en aquel momento más rojo que nunca visto a través de sus ojos inyectados de sangre. Visiones de sangre se acumulaban en su cerebro, de la sangre de su primo, de la sangre del soldado del fusil, de la sangre de otros que se habían atrevido a tocar aquellas joyas que el atesoraba tan celosamente. Al cabo de un rato se dirigió como un autómata a coger el martillo justiciero regresando con él al dormitorio. La cortina continuaba con su suave balanceo; sobre la cómoda la pipa, grande, brillante, insolente. Ana parecía dormida, con sus largos cabellos esparcidos sobre la almohada, preciosa, medio desnuda mostraba parte de un cuerpo extraordinariamente bien formado. Pablo, desesperado, en pleno acceso de ira, fijó su mirada terrible en la causante de su desventura. Acto seguido, avanzó como un felino hasta ella, y, cogiéndola por el caño, le chafó la testa a martillazos. Ana había abierto los ojos en el preciso momento que su marido iniciaba su feroz agresión. Intento levantarse y hablarle pero no pudo, la expresión escalofriante de su esposo la había paralizado, ahogando sus palabras. Pablo seguía trémulo con su excitación al máximo cuando lanzó el caño de la pipa que fue a caer junto a los martilleados pedazos de la cazoleta y la cánula, pateándolo todo con furia. Al tiempo que la pipa se iba desmenuzando, la serenidad volvía al espíritu de Pablo, su respiración recuperaba su ritmo normal y de su alteración anterior solamente persistía un sudor frió que humedecía todo su cuerpo. Entonces se quitó la ropa pausadamente, se lavó y secó y poniéndose el pijama de seda, regalo de su mamaíta, se acostó junto a su amada, poniéndole un brazo encima, con el aire protector que acostumbran usar los niños con sus mascotas. Muy suavemente, eso sí, para no incomodarla.

            Ana, fingiendo no haberse enterado de nada, pensó en silencio:

            --¡Es evidente que no quiere pipas! ¡Me guardaré muy mucho de comprarle otra!    



Fumadores pasivos 

            Doña Catalina y su marido formaban uno de estos matrimonios sin hijos en los que, al volcar los esposos, uno en el otro, todo el amor que iban a dedicar a sus descendientes, consiguen alcanzar esta especie de simbiosis amorosa que les convierte en padres, esposos e hijos, pendientes de los deseos y achaques del amado amante.

            Don Juan, el marido, maestro de escuela jubilado, seguía y comentaba habitualmente con doña Catalina, los éxitos y contratiempos referentes a los "suyos" - sus ex alumnos -  muchos de los cuales, aun que le recordaban y a veces se hacían el propósito de visitarle, no llegaban a hacerlo nunca.

            Entre los que sí lo hacían, Andrés, uno de los primeros que había tenido y que con el paso del tiempo, envejecido algo prematuramente, parecía mas un condiscípulo que un ex alumno, había descubierto el mundo de las pipas, haciendo de su afición un tema de charla con su maestro, comentándole las excelencias del brezo, las calidades de los tabacos y las cualidades de los útiles complementarios: humidificadores, encendedores, atacadores... Don Juan que no había fumado nunca y al principio solo escuchaba por gentileza, acabó por interesarse por el asunto. Por su parte doña Catalina, que no podía soportar el humo de los cigarrillos, no solo llegó a tolerar el de la pipa sino que incluso el aroma de algún tabaco le hechizaba.

            Un día, cercano a la Navidad, doña Catalina, que había observado algunas miradas, aparentemente envidiosas, de su marido, ante los tensillos del fumador, entró en una tienda de pipas. La elección fue fácil: el modelo que quería resplandecía en el interior de una cajita destapada, expuesta a la vista del público. Así que al poco rato salía complacida con su compra.

            Después de cenar, una cena de viandas navideñas, saboreadas a pellizcos (sobrepasando no obstante las dietas prescritas) sacaron ambos sendos paquetes con los correspondientes obsequios, los intercambiaron y, sentándose cerca de la chimenea, procedieron a abrirlos con una ilusión casi infantil. Primero lo hizo ella, quien, al ver aquella pequeña pipa y la caja de tabaco - el de su aroma predilecto - volvió sus ojos hacia los de su marido para decirle con una mirada dulce: ¡Ya lo sospechaba! 

            --Debemos ir con tiento no sea cosa que nos mareemos -dijo don Juan-  únicamente aspiraremos para encenderla y después la mantendremos encendida soplando ligeramente.               

            --¿Y tu, no abres el tuyo? 

            -- ¡Claro que sí! -respondió él, mientras sacaba de su paquete un atacador de plata, que consistía en una varilla grabada, con una cucharita en miniatura en un extremo y en el otro una especie de cabeza de tachuela cóncava de plancha -diseño Müller-.

            -- ¡Esto era! -exclamó don Juan, como si lo hubiera encargado, cogiendo luego amorosamente una de las manos de su mujer para acariciarla.

            Doña Catalina cargó la pipa y se la dio a su marido para que la encendiera. Tan pronto esta estuvo encendida la retomó mientras decía:

            -- Dámela y, mientras yo perfumo el ambiente, tu podrás estrenar lo tuyo.

            Entonces don Juan, acomodándose en la butaca, cogió el atacador y, después de contemplarlo satisfecho, con gran mesura - consciente del riesgo que ello conllevaba- empezó a rascarse el interior de una oreja con el, siendo esta una operación inefable, casi sensual a juzgar por la expresión de su cara. Seguidamente cambió de mano y de oreja y se volvió agradecido hacia su mujer, quien al mismo tiempo que hacia salir un ligero hilo de humo de la pipa, le contemplaba complacida.

           

 

 

 


 

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Joan Bonet i Nadal (Bonet de ses Pipes) nació en Manacor en 1929 y actualmente vive en Palma de Mallorca.
Sus orígenes como artesano de la pipa se remontan al año 1936, cuando su padre fué condenado a la cárcel por republicano.