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En está página vamos publicando fragmentos de obras de autores reconocidos que han tratado en alguna de sus publicaciones el tema de la pipa. Es pués un sencillo homenaje a cuantos han dedicado una parte de su creación a este objeto noble y bello.

SUMARIO :

William Morris : La pipa en la utopía socialista inglesa del XIX
El Capitán Haddock
Ernest Hemingway
Arturo Pérez-Reverte
Gabriel García Márquez
Raymond Chandler

 

 

 

“NOTICIAS DE NINGUNA PARTE”  de William Morris

LA PIPA EN LA UTOPÍA SOCIALISTA INGLESA DEL XIX 

 

Contrastando con las prohibiciones y restricciones que en estos tiempos sufre el tabaco y su consumo, vamos a asomarnos a una de las obras clásicas de los llamados “socialistas utópicos” de la Inglaterra de finales del XIX.  .

William Morris (Walthamstow, 1834-Kelmscott House 1896) fue uno de los teóricos y más activos militantes de lo que hoy se conoce como "socialismo utópico".  Diseñador de estampados de tejidos durante la revolución industrial, tipógrafo, pintor prerrafaelista y empresario de éxito de artículos para el hogar fue, además de uno de los personajes más polifacéticos de su época, uno de los más fervientes impulsores de aquellas todavía embrionarias ideas de emancipación de la clase trabajadora.  

En esta línea, entre otras obras de interés, cabe destacar “Noticias de ninguna parte” (1890).  En ella William, posible trasunto del autor, tras pasar una noche en la Liga Socialista discutiendo con sus camaradas lo que sucederia en el Mañana de la Revolución, regresa

a su hogar de Hammersmith soñando con una era de paz y sosiego, limpieza y  buena voluntad. Despierta -o sueña que despierta- doscientos años después, para encontrar las orillas del Támesis cercadas de hermosas casas y jardines floridos. 

 En su primer paseo por Londres, acompañado por Dick Hammond, simpático y cortés marinero que, haciendo de guía, lo conduce en un carruaje tirado por un robusto caballo, halla que el nuevo Londres difiere mucho del antiguo; se ha convertido en una aglomeración de aldeas separadas por bosques, praderas y jardines,y las feas casas de antes, sucias de hollín, han sido reemplazadas por lindos "cottages". 

Abundando entre las mil y una novedades en materia de vestido, actitud humana, arquitectura o topografía que William observa con un asombro no exento de satisfacción, y acercándonos al asunto que nos interesa, cabe destacar en la obra este curioso fragmento:   

“En aquel momento entrábamos en la tienda, que tenía un mostrador y una anaqueleria en los muros, todo sin pretensiones, pero bien dispuesto y muy diferente de cuanto yo había visto. Hábía dos niños, uno pequeño, como de doce años, de color moreno, que leía un libro, y una graciosa mocita como de un año más, también sentada tras el mostrador. Evidentemente eran hermanos. 

-Buenos días, pequeños ciudadanos -dijo Dick-. Este amigo mío necesita tabaco y una pipa. ¿Podéis proporcionárselos? 

-¡Oh, sí! -respondió la pequeña con tanta desenvoltura y tanta seriedad que causaba placer verla.

 ntretanto el niño levantó los ojos del libro y miró con asombro mi extraño vestido; pero bien  pronto se ruborizó y miró a otro lado, como consciente deno haberse conducido bien. 

-Caro ciudadano -dijo la pequeña con la fisonomía solemne del niño que juega a las tiendas-, ¿qué tabaco quiere? 

-Latakia --dije, pareciéndome que tomaba parte en un juego de chicos y esperando que todo no pasara de mera ficción. 

Pero la jovencita cogió un lindo canastillo, sacó de un tarro una porción de tabaco, y colocó en el mostrador, delante de mí, el canastillo colmado de Latakia,que por el aspecto y el olor me pareció excelente. 

-Pero no lo habrá pesado --dije-- y no sé...no sé cuánto le voy a tomar. 

-Yo le aconsejo que llene su bolsa, porque podría ir a sitios donde no haya Latakia. ¿Dónde está su bolsa? 

Busqué en mis bolsillos, y al cabo saqué el trozo de algodón estampado que me servía para guardar el tabaco. La niña me miró con desdén y me dijo: 

-Querido ciudadano, puedo darle algo mejor que este andrajo. Atravesó ligeramente la tienda y volvió en seguida. Al pasar cerca de su hermano le dijo algo al oído y el pequeño hizo una señal afirmativa, se levantó y salió. 

La niña traía suspendida del pulgar y del índice una bolsa de cordobán rojo, recamada con vivos colores. 

-Escogí ésta; llévela. Es bonita y lleva bastante tabaco. Después se puso a llenar la bolsa cerca de mí. 

--Ahora la pipa; es preciso que también me deje escogerla. Hay tres muy bonitas que acaban de llegar. 

Desapareció, volviendo a poco con una pipa tallada en madera dura y montada en oro tachonado de piedras. Era una verdadera alhaja, bella y elegante cual no había visto otra, y parecía un trabajo japonés del mejor género, pero más bello todavía. 

-¡Dios mío! -exclamé cuando la hube visto--; eso es demasiado magnífico para mí y para cualquier otro, no siendo el emperador del mundo. 

Además, la perdería; yo siempre pierdo las pipas. La pequeña pareció un tanto contrariada y me dijo: 

-¿Es que no le gusta, vecino? 

-¡Oh! Me agrada mucho. 

-Entonces llévela y no se inquiete si la pierde. ¿Qué ocurrirá si la pierde? Que otro la encontrará y se servirá de ella y que usted podrá tomar otra. 

Tomé la pipa en mis manos para mirarla, y al hacer esto olvidé mi circunspección y pregunté: 

-Pero, ¿con qué voy a pagar un objeto como éste? 

Dick me puso una mano en el hombro mientras yo hablaba; me volví y percibí en sus ojos una expresión tan cómica que ahogué toda nueva manifestación de una moralidad comercial ya desaparecida. Enrojecí y me callé, en tanto que la pequeña me miraba ingenuamente, con la más profunda gravedad, como si yo fuese un extranjero que por descuido hubiera dejado escapar algunas palabras de su idioma, porque evidentemente no había entendido nada...”  

Ciertamente no han transcurrido aún esos dos siglos desde la fecha de publicación de “Noticias de ninguna parte” pero pobre William si despertara en el Londres de hoy en día y se le ocurriera no ya comprar una pipa y tabaco a unos niños sino simplemente fumar en cualquier establecimiento público, mucho me temo que tendría que hacer lo posible por regresar a su 1890 para evitar pagar la multa.

 

Jaime Pagador López

 

 

Un gran personaje de Hergé. El mejor amigo de Tin Tin

La pipa del capitan Haddock

El Capitán Haddock (Archibald Haddock) es un personaje pipafumador del "comic", creado por Hergé y reconocido por ser el mejor amigo de Tintín en la serie que lleva el nombre de este último. Introducido en "El cangrejo de las pinzas de oro"  como un personaje secundario, el marino de la pipa y el alcohol se transforma en las siguientes aventuras en una de las figuras principales de la serie.

Tras su aparición inicial, Haddock va ganando protagonismo a lo largo de los álbumes, llegando al punto de eclipsar al mismo Tintín por momentos.

Hergé declaró que el personaje le había sido inspirado por el también dibujante de "comics" Edgar Pierre Jacobs,  fumador de pipa  y creador de la legandaria serie "Blake & Mortimer"  , aunque el capitán fue creado antes de que estos dos hombres se conocieran. En efecto, la riqueza de rasgos de este personaje puede compararse a los de figuras propias de las novelas: una de sus características es actuar como contraparte de Tintín, en los momentos en que éste se vuelve "demasiado idealista".

Como curiosidad, los lectores no conocieron el nombre de pila del personaje sino hasta el último álbum que Hergé completó," Tintín y los 'Pícaros "; aquí se presenta al capitán como Archibald . El apellido del marino surgió en una conversación que el autor mantuvo con su esposa, en la cual ella mencionó que el "haddock " era un triste pez inglés".

 

El capitán es descendiente de otro famoso hombre de mar, el caballero Francisco (François) de Hadoque, marino al servicio del rey de Francia y gran enemigo del pirata Rackham el Rojo. Haddock suele presentar una vocación de caballero-granjero continuamente contrariada, sobre todo luego de su establecimiento en el castillo de Moulinsart (traducido como castillo del Molino en algunos álbumes). En efecto, un whisky y una buena pipa cerca de la chimenea parecen representar sus ideales de vida más profundos.

Otra de las características de este personaje es su gusto por el alcohol, aunque aquí hay que diferenciar dos etapas de su vida claramente distintas: antes de su encuentro con Tintín, el marino era un borracho digno de lástima, maltratado por su lugarteniente Allan Thompson. Luego de conocer al reportero, las cosas cambian (aunque no en forma inmediata) para el capitán, aunque éste no vaya a estar siempre a la altura de su título de Presidente de la Liga de Marinos Antialcohólicos.

Sin embargo, es su lenguaje lo que ha hecho famoso a este personaje, sobre todo las exclamaciones que lanza en sus momentos de ira: "troglodita", "ectoplasma", "parásito", "Pirata de carnaval" son solo algunos ejemplos.

 

 

 

Ernest Hemingway, la pipa desde la trinchera hasta la tarde de toros
 

 

Cuando escuchamos su nombre, nos aparece su imagen de aventurero, su barba blanca y su inseparable tabaco habano o su pipa. Hemingway sigue teniendo siempre reminiscencias de aventura. 
 

Novelista estadounidense cuyo estilo se caracteriza por los diálogos nítidos y concisos y por la descripción emocional sugerida. Su vida y su obra ejercieron una gran influencia en los escritores estadounidenses de la época. Muchas de sus obras están consideradas como clásicos de la literatura en lengua inglesa.  
 

Hemingway nace el veintiuno de julio de mil ochocientos noventa y nueve en Oak Park, Illinois, en cuyo instituto estudió. Trabajó como reportero del Kansas City Star, pero a los pocos meses se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial. Más tarde fue transferido al ejército italiano resultando herido de gravedad.  
 

Después de la guerra fue corresponsal del Toronto Star hasta que se marchó a vivir a París, donde los escritores exiliados Ezra Pound y Gertrude Stein le animaron a escribir obras literarias. A partir de 1927 pasó largas temporadas en Key West, Florida, en España y en África. Volviendo a España, durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra, cargo que también desempeñó en la II Guerra Mundial. Más tarde sería reportero del Ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas. Es uno de los escritores más importantes entre las dos guerras mundiales.  
 

Después de la guerra, Hemingway se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho. Hemingway no se resistió a utilizar sus experiencias de pescador, cazador y aficionado a las corridas de toros en sus obras. Su vida aventurera le llevó varias veces a las puertas de la muerte: en la Guerra Civil española cuando estallaron bombas en la habitación de su hotel, en la II Guerra Mundial al chocar con un taxi durante los apagones de guerra, y en 1954 cuando su avión se estrelló en África 
 

Hemingway describe en sus primeros libros la vida de dos tipos de personas.

  • Por un lado, hombres y mujeres despojados por la II Guerra Mundial de su fe en los valores morales en los que antes creían, y que viven despreciando todo de forma cínica excepto sus propias necesidades afectivas.

  • Por otro, hombres de carácter simple y emociones primitivas, como los boxeadores profesionales y los toreros, de los que describe sus valientes y a menudo inútiles batallas contra las circunstancias.

 
 

Entre sus primeras obras se encuentran:

Tres relatos y diez poemas (1923) los libros de cuentos,

En nuestro tiempo (1924) su primer libro, con relatos que reflejan su juventud,

Hombres sin mujeres (1927), libro que incluía el cuento 'Los asesinos', notable por su descripción de una muerte inminente,

El que gana no se lleva nada (1933), libro de relatos en los que describe las desgracias de los europeos.

Fiesta (1926), novela que le dio la fama y en la que narra la historia de un grupo de estadounidenses y británicos que vagan sin rumbo fijo por Francia y España, miembros de la llamada generación perdida del periodo posterior a la I Guerra Mundial.  
 

Adiós a las armas (1929) es su segunda novela importante, conmovedora historia de un amor entre un oficial estadounidense del servicio de ambulancias y una enfermera inglesa que se desarrolla en Italia durante la guerra.

Muerte en la tarde (1932), artículos sobre corridas de toros,

Las verdes colinas de Africa (1935), escritos sobre caza mayor. 
 

Hemingway había explorado temas como la impotencia y el fracaso, pero al final de la década de 1930 empezó a poner de manifiesto su preocupación por los problemas sociales, de este periodo es su novela Tener y no tener (1937) y los primeros cincuenta y nueve relatos (1938), donde condena duramente las injusticias políticas y económicas. Dos de sus mejores cuentos, 'La vida feliz de Francis Macomber' y 'Las nieves del Kilimanjaro', forman parte de este último libro.  
 

En la novela Por quién doblan las campanas (1940), basada en su experiencia durante la Guerra Civil española, intenta demostrar que la pérdida de libertad en cualquier parte del mundo es señal de que la libertad se encuentra en peligro en todas partes. Por el número de ejemplares vendidos, esta novela fue su obra de más éxito.  
 

Durante la década siguiente, su producción literaria será reducida y verán la luz; Hombres en guerra (1942), Al otro lado del río y entre los árboles (1950). En 1952 llegará la obra que le otorgará el Premio Pulitzer de Literatura en 1953, El viejo y el mar, una novela corta, convincente y heroica sobre un viejo pescador cubano. En 1954 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. Su última obra publicada en vida fue Poemas completos (1960). 
 

Los libros que se publicaron póstumamente incluyen París era una fiesta (1964), un relato de sus primeros años en París y España, Enviado especial (1967), que reúne sus artículos y reportajes periodísticos, Primeros artículos (1970), la novela del mar Islas en el golfo (1970) y la inacabada El jardín del Edén (1986). Dejó sin publicar 3.000 páginas de manuscritos.  
 

Murió en Ketchum el 2 de julio de 1961, disparándose un tiro con una escopeta.

 

 

HOMBRES PARADOJICOS 
 

“Haven se levantó, golpeteó suavemente la pipa contra el cenicero que estaba sobre la gran mesa, estiró con languidez de tigre su cuerpo menudo y nervioso y se acercó lentamente a la cafetera puesta a hervir junto a la ventana”. 
 

“Observó cálidamente a su protegido mientras encendía la pipa y echaba las primeras bocanadas. Al fin se repantigó en la silla”. 
 

“El cuarto fue quedando en silencio: sólo se oía la respiración agitada de Keiris. Alar sintió que un nervio le palpitaba incómodamente en la parte inferior de la espalda. Haven siguió chupando plácidamente su pipa, pero sin perder detalle”. 
 
 

LAS NIEVES DEL KILIMANJARO 
 

“-¿Durmió bien? —preguntó el cazador con su voz gutural, mientras encendía la pipa.

-¿Y usted?

-Maravillosamente —replicó el cazador blanco.” 
 

“Wilson se puso de pie y se alejó fumando su pipa. Habló algunas palabras en swahili con un portador de fusiles que se hallaba a su lado. Macomber y su mujer permanecieron sentados a la mesa.” 
 

“Estaba acostada en la estera inferior. Parecía enorme bajo la colcha. La litera superior la ocupaba su marido, que tres días antes se había cortado un pie con el hacha. Fumaba en pipa. La habitación olía que apestaba.” 
 

“Dentro estaba muy oscuro. En un rincón del salón, la gran cocina de porcelana atenuaba la penumbra. El cielo raso era bajo. A lo largo de una de las paredes había pulidos bancos y mesas manchadas de vino. Junto a la cocina, dos suizos fumaban en pipa y bebían sus vasos de vino fresco.” 
 
 

POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS 
 

“Y cuando vuelva a mi puesto de la Universidad hará una mujer de profesor excelente, y cuando los estudiantes de cuarto curso de castellano vengan por la noche a fumar una pipa y a discutir de manera libre e instructiva sobre Quevedo, Lope de Vega, Galdós y otros muertos admirables, María podrá contarles cómo algunos cruzados de la verdadera fe, vestidos de camisa azul, se sentaron sobre su cabeza, mientras otros le retorcían los brazos, y le levantaban la falda para así amordazarla.” 
 
 

METROPOLIS 
 

“Le hubiera gustado encender la pipa, de no ser porque allí estaba prohibido fumar. Asistió a los gritos de la muchedumbre y sus ataques constantes a la puerta con una impresión de ceñuda complacencia.” 
 

“El señor Zorro se fue a dar un paseo. Fue por un camino entre hermosas praderas llenas de flores; llevaba la chaqueta de los domingos y su cola peluda muy erguida y fumaba en su pequeña pipa e iba cantando sin parar.” 
 
 

Por entre el humo de tu pipa, no te será difícil entrever su figura en una tarde de toros; sonriendo aferrado a una caña que tiene al otro extrema de la línea un gran pez; pensar en aventura es rememorar al mito en toda su grandeza y olvidar al hombre y sus miserias. 
 

Salud y buena pipa

Pedro Romero-Auyanet,  (Canarias )

 


Hemingway y la pipa

HEMINGWAY fue un hombre que, por su extremada corpulencia, gustaba de las pipas grandes y robustas. Su «harén» estaba formado fundamentalmente por piezas curvas (tipo BENT) y de gran capacidad que, una vez cargadas, aguantaban una larga velada en compañía de un buen ron o un malta. AFRICAN DREAM es el nombre de una mezcla de tabaco de pipa creada por el propio escritor que hoy se comercializa en Estados Unidos. Se trata de una mezcla compuesta por VIRGINIA MADURO y BURLEY tostado de origen africano.

Ningún otro escritor ha motivado tantos estudios como ERNEST MHLER HEMINGWAY. A pesar de que su vida y su obra (considerada un clásico de la literatura en lengua inglesa) ejerció una gran influencia en los escritores estadounidenses de la época, su leyenda va más allá de sus discutidas dotes literarias. La espesa barba y la pipa que colgaba habitualmente de sus labios le forjaron una imagen de bonachón.

Amigo de las aventuras (participó en Las dos guerras mundiales y en la guerra civil española), trabajó como periodista y se situó siempre al límite en todo. El autor de FIESTA, EL VIEJO Y EL MAR, ADIÓS A LAS ARMAS, y tantas otras novelas y relatos cortos poseía una abundante colección de pipas que rellenaba con buenos tabacos y mezclas en las que predominaban los VIRGINIAS. En cierta ocasión HEMINGWAY espetó a uno de sus pocos amigos de verdad: "Nada de esto tiene importancia. Nunca me enfadaré si se trata de un amigo o de un enemigo que de verdad cuida su pipa".

A bordo de la embarcación PILAR. en la que su amigo cubano GREGORIO FUENTES hacia las veces de capitán y cocinero, HEMINGWAY pasaba horas pescando en aguas caribeñas, siempre con un vaso de ron, su pipa, un libro abierto, hojas para escribir y un lápiz. Cuando se dedicaba a escribir lo hacia frente a su máquina portátil, sin camisa, en bermudas, casi siempre descalzo y sobre una alfombra hecha con la piel de un CUDÚ cazado por su esposa durante un safari en África.

 

 

La Pipa de Hemingway

MODELO: HAWKBILL.

MATERIAL ORIGINAL: madera de brezo.

CURIOSIDADES: La HAWKBILL es una pipa poco habitual y se sitúa al margen de los denominados modelos clásicos. Se trata de un diseño robusto y de gran capacidad. En algunos casos los fabricantes hacen la curva más radical y en otros sólo inclinan levemente la caña. Gracias a sus gruesas paredes, se trata de una pipa apropiada para el aire libre.

 

© Vicens Lozano & RBA

 

 

 

Alatriste- Pérez-Reverte :
Siguiendo el rastro de la pipa

 

 

Siguiendo el olor del tabaco de pipa de los personajes creados por Arturo Pérez -Reverte, iremos moviéndonos por la senda -siempre inquietante- por la que fluyen las aventuras de sus personajes. 

Describe a la perfección al fumador de pipa desde el simple ‘disfrutador’ de un brezo o barro cargado de tabaco hasta al que utiliza la pipa como ‘arma con la que ganar tiempo’ para salvar situaciones o diálogos comprometidos. 

 

Arturo Pérez-Reverte nace en Cartagena, en 1951. Ha sido reportero de guerra durante 21 años (1973-1994), primero en el diario Pueblo y luego en Televisión Española. Como corresponsal de guerra, cubrió conflictos armados en Chipre, Líbano, Eritrea, el Sáhara, las Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, el Golfo Pérsico, Croacia, Bosnia, entre otros.  

Una experiencia que habría de marcarle fue la Guerra de Eritrea, en la cual anduvo perdido varios meses consiguiendo sobrevivir a duras penas gracias a sus amigos de la guerrilla. 

Inició su carrera de novelista en 1986. En 1994 abandonó su profesión de reportero y se dedicó en exclusiva a la literatura. Desde 1991 es columnista en el suplemento dominical El Semanal. Ha publicado hasta el momento diecisiete novelas y varias colecciones de artículos.  

Sus novelas:

  • La tabla de Flandes
  • El maestro de esgrima
  • Territorio comanche
  • El Club Dumas.

Han sido adaptadas al cine con éxito. Esta última con el título de La Novena Puerta por Roman Polanski.  

Otras de sus obras son El húsar,, La piel del tambor, La carta esférica, La Reina del Sur y Cabo Trafalgar. Sin olvidar por supuesto las de la serie histórica Las aventuras del capitán Alatriste.  

Ingresó en la Real Academia Española como académico de la lengua el 12 de junio de 2003, para ocupar la silla T, vacante desde el fallecimiento del filólogo Manuel Alvar en 2001.  

En septiembre del 2006, se estrenó la película Alatriste de Agustín Díaz Yanes, basada en su serie de novelas de El capitán Alatriste.

 

 

LA TABLA DE FLANDES

 

 

A finales del siglo XV un viejo maestro flamenco introduce en uno de sus cuadros, en forma de partida de ajedrez, la clave de un secreto que pudo cambiar la historia de Europa. Cinco siglos después, una joven restauradora de arte, un anticuario homosexual y un excéntrico jugador de ajedrez unen sus fuerzas para tratar de resolver el enigma.

 

 “Durante todos y cada uno de los días pasados junto a él, Julia creyó que Álvaro respondía al más riguroso estereotipo de su profesión; y eso era extensivo a su aspecto e indumentaria: agradable, rozando la cuarentena, chaquetas de mezclilla inglesas, corbatas de punto. Además fumaba en pipa, lo que era rizar el rizo, hasta el extremo que, al verlo entrar en el aula por primera vez -”El arte y el hombre” era el tema de su conferencia aquel día- ella había tardado un buen cuarto de hora en prestar atención a sus palabras,…”

 

“…Álvaro se echó hacia atrás en el sillón, extrajo de un cajón del escritorio una lata de tabaco y procedió a llenar la pipa...”

 

“-Sabes que pocos matrimonios de este género se realizaban por amor... La boda fue un intento del tío de Beatriz, Felipe el Bueno, duque de Borgoña, por estrechar la alianza con Ostenburgo frente a Francia, que intentaba anexionarse ambos ducados -miró a su vez la fotografía y se puso la pipa entre los dientes-.”

 

“Ocupado en encender su pipa, Álvaro tardó en responder. Tenía el ceño fruncido.

-Es difícil determinarlo con exactitud -dijo entre una bocanada de humo-. La inscripción no es muy explícita, aunque basta para emitir una hipótesis: “Rutgier Ar.Preux”... -hizo una pausa y contempló la cazoleta de la pipa como si esperase hallar en ésta confirmación a su idea-.” 

“Álvaro se mostró de acuerdo.

Entornados los ojos por el humo de su pipa, buscó en las páginas de otro libro hasta dar con un nombre.” 

“la pipa en la boca y las manos en los bolsillos de la chaqueta, como si aún tuviese algo que decir y dudara si debía hacerlo. Esperaba, añadió tras corta vacilación, haber sido útil.” 

“Álvaro metió una mano en el bolsillo del pantalón, le dio unas chupadas a la pipa y me miró entre bocanadas de humo. ‘Lo vuestro’, concluyó, ‘no es más que un incesto no consumado... Afortunadamente eres homosexual’.”

 

 

EL MAESTRO DE ESGRIMA

El maestro de esgrima es la historia de un mundo de tahúres y mercachifles mantenido a distancia por un florete honorable. Pero es, sobre todo, una inquietante parábola sobre el poder del dinero, la ambición política y la extinción de los valores de honradez y fidelidad en este siglo XX que agoniza.

 

“Seguían montando guardia con su aire tímido y paleto, la punta de la bayoneta rozándoles la nariz, pegados a la pared para res-guardarse de la lluvia. Desde un portal, el teniente contemplaba taciturno los charcos, sosteniendo una pipa humeante en el ángulo de la boca.”

 

 

EL CLUB DUMAS

¿Puede un libro ser investigado policialmente como si de un crimen se tratara, utilizando como pistas sus páginas, papel, grabados y marcas de impresión, en un apasionante recorrido de tres siglos?

Lucas Corso, cazador de libros por cuenta ajena, debe encontrar respuesta a esa pregunta cuando recibe un doble encargo de sus clientes: autentificar un manuscrito de Los tres mosqueteros y descifrar el enigma de un extraño libro, quemado en 1667 con el hombre que lo imprimió.

 

 “…¿Recuerda sus últimas palabras?

-¿Es demasiado peso?

-¡Exacto!

Casi me emocioné, lo confieso. A la manera de aquel joven descrito entre humo de pipa por el capitán Marlow, Corso era uno de los nuestros. Pero también un individuo testarudo y rencoroso que se obstinaba en permanecer insensible.”

 

“De ahí que el folletín, incluso el serial televisivo más tópico, puedan ser objeto de culto tanto para un público ingenuo como para uno exigente. Hay quien busca la emoción en Sherlock Holmes arriesgando su vida, y otros que buscan la pipa, la lupa y ese elemental querido Watson que, fíjese, Conan Doyle nunca escribió. El truco de los esquemas, sus variaciones y repeticiones, es tan viejo que incluso Aristóteles se refiere a él en su Poética. Y en realidad, ¿qué es el serial televisivo sino una modalidad actualizada de la tragedia clásica, el gran drama romántico o la novela alejandrina…? De ahí que un lector inteligente pueda gozar mucho con todo eso, de modo excepcional. Y es que también hay excepciones hechas a base de reglas.”

 

LA CARTA ESFÉRICA

Es la historia de un marino sin barco, desterrado del mar, a quien rescata una mujer que le devuelve a la aventura marina. Cartografía histórica, antiguos archivos, museos navales y buscadores de naufragios componen el argumento de La carta esférica.

 

Seguro que le suena el escenario que se describe en el siguiente pasaje.Se trata ni más ni menos que de la sede del Barcelona Pipa Club en la Plaza Reial de Barcelona:

 

“Estaban ante la puerta del Club de la Pipa, y él hizo un cálculo rápido de lo que le quedaba en la cartera, concluyendo que podía permitirse invitarla a otra copa y que, en el peor de los casos, Roger, el encargado, le fiaría. Ella se mostró sorprendida por el insólito lugar, el timbre de la puerta, la vieja escalera y el local en el segundo piso, con su curiosa barra, el sofá y los grabados de Sherlock Holmes colgados en la pared. No había música de jazz esa noche, y permanecieron de pie junto al mostrador desierto mientras Roger llenaba un crucigrama al otro extremo.”

 

“Y tal vez no las cuentan porque ya no existen verandas rodeadas de buganvillas donde oscurece despacio mientras los camareros malayos sirven ginebra —Bombay azul zafiro, naturalmente— y en una mecedora un viejo capitán desgrana su narración envuelto en humo de pipa. Hace tiempo que las verandas y los camareros malayos y las mecedoras, e incluso la ginebra azul son propiedad de los operadores turísticos; y además no está permitido fumar, ni en pipa ni en ninguna otra maldita cosa. Resulta difícil, por tanto, sustraerse a la tentación de jugar a las viejas historias, contadas como siempre se contaron.”

 

“Halló una pipa de barro, dos mosquetes llenos de caracolillo, discos ennegrecidos y pegados unos con otros que parecían monedas de plata, la ampolleta rota de un reloj de arena, y también una regla articulada de latón, que alguna vez trazó rumbos sobre las cartas de Urrutia.”

 

LA PIEL DEL TAMBOR

Un pirata informático que se infiltra en el Vaticano. Una iglesia barroca, en Sevilla, que mata para defenderse. Tres pintorescos malvados que aspiran a mantener viva la copla española. Una bella aristócrata andaluza. Un apuesto sacerdote-agente especialista en asuntos sucios. Un banquero celoso y su secretario ludópata. Una septuagenaria que bebe coca-cola. La tarjeta postal de una mujer muerta un siglo atrás. Y el misterioso legado del capitán Xaloc, último corsario español, desaparecido frente a las costas de Cuba en 1898.

 

“-Tampoco hay que exagerar. Los vecinos lo saludan y una veintena de beatas va a misa. Aunque eso no significa nada. La gente grita «bendito el que viene en nombre del Señor», y al rato se aburre y te crucifica -el arzobispo miraba, indeciso, las pipas alineadas sobre la mesa; por fin eligió una curva, con anillo de plata-.”

 

 “Monseñor Corvo estuvo a punto de perder la compostura, pero se rehizo admirablemente. Durante cinco segundos permaneció en silencio, introduciendo el tabaco en la pipa. Cuando por fin habló, el despecho era perceptible en su tono de voz: …”

 

“Durante cinco minutos, entre chupada y chupada a la pipa y con muy escaso sentido de la caridad pastoral, monseñor Corvo se despachó a gusto con la biografía del párroco. Tosco cura rural durante casi toda su vida: desde los veintitantos a los cincuenta y cuatro años, en un pueblo perdido del Alto Aragón; un lugar olvidado de Dios donde se le fueron muriendo los feligreses, uno por uno, hasta que se quedó sin parroquia.” 

“A Su Ilustrísima se le había apagado la pipa. Encendió otro fósforo y miró a Quart por encima de la llama.

   -En resumen –añadió-. Una misa en Nuestra Señora de las Lágrimas es como viajar en un túnel del tiempo que pegue saltos hacia adelante y hacia atrás.

   Quart disimuló una sonrisa.

-Me lo imagino -dijo.

 -No. Le aseguro que no se lo imagina. Espere a verlo en acción. Reza parte de la misa en latín, porque dice que eso impone más respeto -la pipa ya tiraba, y monseñor Corvo se reclinó en el sillón, satisfecho-.”

 

LA REINA DEL SUR

Esta vez el héroe es una mujer: Teresa Mendoza. Una mujer sola que crea un imperio de la nada en un mundo de hombres duros, el del narcotráfico. Una persona capaz de todo y de nada porque la letra de su vida no la ha escrito ella.

 

  “Cincuentón de pelo gris, alto y muy flaco, descuidado de aspecto, siempre vestía viejas chaquetas de punto, camisas de franela y pantalones arrugados. Fumaba en pipas de cazoletas requemadas, llenándolas con parsimonia –resultaba el hombre más tranquilo del mundo– de un tabaco inglés salido de cajas de latón que le deformaban los bolsillos llenos de llaves, monedas, mecheros, atacadores de pipa y los objetos más insospechados.”

 

“El doctor Ramos sonrió apenas, con sincera modestia. El contacto próximo era también su especialidad: guardias portuarios, mecánicos, marineros. Andaba por allí, aparcado su viejo Citroen Dos Caballos en cualquier parte, charlando con unos y otros, la pipa entre los dientes y el aire despistado y respetable. Tenía un pequeño barquito a motor en Cabopino con el que iba de pesca.” 

“Observó que el libanés, inquieto, miraba al doctor Ramos en demanda de apoyo, pero el rostro de éste permaneció inescrutable. Chupaba su pipa, envuelto en humo. Teresa sonrió para sus adentros. Que cada palo aguante su vela.

Ya lo sé –Lataquia aún miraba al doctor, el aire resentido–. Pero conseguir dieciséis motores de golpe no es fácil. Ni siquiera un distribuidor oficial puede garantizarlo en tan poco tiempo.” 

“El mundo era un lugar difícil, de reglas complicadas, donde cada cual jugaba el papel que le asignaba su destino. Y no siempre era posible elegir. Toda la gente que conozco, le oyeron comentar al doctor alguna vez, tiene razones para hacer lo que hace. Aceptando eso en tus semejantes, concluía, no resulta difícil llevarse bien con los demás. El truco está en buscarles siempre la parte positiva. Y fumar en pipa ayuda mucho. Te lleva tiempo, reflexión. Da oportunidad de mover despacio las manos, y mirarte, y mirar a los demás.”

 

EL CAPITÁN ALATRISTE

 “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”… Con estas palabras empieza El capitán Alatriste, la historia de un soldado veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. Sus aventuras peligrosas y apasionantes nos sumergen en las intrigas de la Corte de una España corrupta y en decadencia.

 

 

 

LIMPIEZA DE SANGRE

 

“Al oír su pregunta, Álvaro de la Marca se entretuvo en llenarse un vaso con moscatel de la jarra que había sobre un taburete, junto a una larga pipa de barro y una caja de tabaco picado.”

 

“Álvaro de la Marca volvió a encoger los hombros. Había metido tabaco en la pipa de barro y la encendía en el candil. Pipa y tabaco entretenían a Juan Vicuña, quien gustaba de fumar en los ratos que acompañaba a Diego Alatriste. Mas, pese a sus conocidas propiedades curativas - harto recomendadas por el boticario Fadrique-, el capitán no era amigo de aquellas hojas aromáticas traídas por los galeones de Indias. Por su parte, Quevedo prefería aspirarlas en polvo”.

 

 

EL SOL DE BREDA

 

“Los tudescos, como algunos españoles, solían tomar por mujeres a rameras retiradas que les aliviaban las ganas y también la miseria lavando ropa de soldados, o vendiendo aguardiente, leña, tabaco y pipas a quienes lo precisaban –ya dije que en Breda llegué a ver tudescas trabajando en las trincheras, para ayudar a sus maridos–.”

 

EL ORO DEL REY

 

 “Brindó por Breda, por Alatriste y hasta por mí, discutió con Don Francisco sobre los consonantes de un soneto, despachó con excelente apetito el cordero a la miel servido en vajilla de buena loza trianera, pidió una pipa de barro, tabaco, y entre volutas de humo se recostó en su silla, desabrochado el coleto y el aire satisfecho.

–Hablemos de asuntos serios –dijo.

 

Luego, entre chupadas a la pipa y tientos al vino de Aracena, me observó un instante para establecer si yo debía escuchar lo que estaba a punto de decir, y por fin nos puso sin más rodeos al corriente.”

 

“Todo el mundo sabe que se confiesan cinco y se transportan diez; pero el soborno y la corrupción mantienen las bocas cerradas y las voluntades abiertas. Demasiados han hecho así fortuna –estudió la cazoleta de la pipa, como si algo allí atrajera su atención–... Eso incluye a altos funcionarios reales. Álvaro de la Marca prosiguió su relato. Aletargada por los beneficios del comercio ultramarino, Sevilla, como el resto de España, era incapaz de sostener industria propia.”

 

 “Después de eso hubo un silencio incómodo. Álvaro de la Marca miraba su pipa. Al fin la puso sobre la mesa. –Para cargar esos cuarenta quintales de oro suplementario –prosiguió al fin–, más la plata no declarada, el capitán del Virgen de Regla ha hecho retirar ocho de los cañones del galeón. Aun así navega muy pesado, según cuentan.”

  

Ha sido un placer volver a releer algunos de sus libros para refrescar notas con las que poder confeccionar este nuevo artículo. O tal vez, y usando la ironía de algunos de sus personajes, haya sido una mera disculpa para fumar unas cuantas y placenteras pipas, mientras leía y garabateaba anotaciones.

 

Salud y buena pipa a todos.

Pedro Romero-Auyanet, Canarias ©

 

 

 

Gabriel García Márquez,
narrador de ‘realidades’ fantásticas
con referencias a la pipa

 

  
 

Nació en Aracataca, Magdalena -Colombia- el 6 de marzo de 1927.

Hijo de Gabriel Eligio García y de Luisa Santiaga Márquez Iguarán.

Tras su traslado a Riohacha, fue criado por el coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán, padres de Luisa Santiaga. Su infancia está bellamente relatada en sus memorias Vivir para Contarla
 

En 1936 murió el coronel Nicolás Márquez, motivo que desplazó a Gabriel García Márquez a Barranquilla a estudiar. Cursó la secundaria en el Colegio San José desde 1940 y su bachillerato en el Liceo de Zipaquirá hasta 1946. 
 

En 1947, García Márquez se trasladó a Bogotá con la intención de estudiar Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá), carrera de la que desertó. 
 

Después del llamado "Bogotazo" en 1948, cruenta revolución que se desató el 9 de abril a causa del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, cuando se quemaron algunos de sus escritos en la pensión donde residía, decidió trasladarse a Cartagena de Indias y empezó a trabajar como reportero de El Universal. A finales de 1949 se traslada a Barranquilla para trabajar como columnista y reportero en El Heraldo. Por petición de Álvaro Mutis, García Márquez regresó a Bogotá en 1954, donde trabajó en El Espectador como reportero y crítico de cine. En 1958, tras una estancia en Europa, García Márquez regresó a América, instalándose en Venezuela. 
 
 En Barranquilla se casó con Mercedes Barcha, con la que pronto tendría dos hijos, Rodrigo (que nació en Bogotá en 1959) y Gonzalo (que nació en México tres años más tarde). En 1961 se instaló en Nueva York como corresponsal de Prensa Latina. Al recibir amenazas y críticas de la CIA y de los exiliados cubanos que no compartían el contenido de sus reportajes, decidió trasladarse a México. 
 

En 1967 publicó su obra más aclamada, Cien años de soledad, historia que narra las vivencias de la familia Buendía en Macondo. La obra es considerada como un gran referente del Realismo mágico. 
 

Desde 1975, García Márquez se radica entre México, Cartagena de Indias, La Habana y París. En 1982, le conceden el Premio Nobel de Literatura. Desde 1998 es presidente del Consejo Editorial y uno de los propietarios de la Revista Cambio. En 2002 publicó su autobiografía titulada Vivir para contarla
 

Gabriel García Márquez es conocido mundialmente por la peculiaridad de la forma con la que trata sus obras, conocida como "realismo mágico" y que consiste en tratar hechos fantásticos desde el punto de vista de determinadas culturas que los consideran normales.

La obra El amor en los tiempos del cólera será llevada al cine por Mike Newell y tendrá como protagonista a Javier Bardem.

 

En su obra no faltan referencias a la pipa… 
 

La Increíble Y Triste Historia De La Cándida Erendira
Y De Su Abuela Desalmada:
 

 

“El holandés apareció en la puerta de la oficina encendiendo la pipa de navegante, y con su Biblia descosida bajo el brazo. La mujer le preguntó en castellano:

-¿A quién conocieron en el desierto?

-A nadie -le contestó su marido, un poco en las nubes-. Si no me crees, pregúntaselo a Ulises.

Se sentó en el fondo del corredor a chupar la pipa hasta que se le agotó la carga. Después abrió la Biblia al azar y recitó fragmentos salteados durante casi dos horas en un holandés fluido y altisonante.” 
 

De Viaje Por Los Países Socialistas 
 

“Seguí con atención las reacciones del delegado alemán. Un hombre tranquilo, con una barba roja

-como Barba Azul- y una pipa eterna apagada en los labios.” 
 

El Otoño Del Patriarca 
 

“…cantaba sin oírse ni que nadie lo oyera entre la bulla de los pájaros alborotados de la madre muerta que el indio envasa la untura en la lata, papá coloca el tabaco en la pipa, Cecilia vende cera, cerveza, cebada, cebolla, cerezas, cecina y tocino. Cecilia vende todo, reía, repitiendo en el fragor de las chicharras la lección de leer que Leticia Nazareno cantaba al compás de su metrónomo de novicia…” 
 

El viaje de ramiro de la espriella. (Textos costeños). 
 

“…Ahora que Ramiro de la Espriella viaja a Bogotá, a recibir su título de abogado, es necesario que sus amigos le digamos más de cuatro verdades, para que no se lleve la ilusión -¡tan perseguida por otros!- de que es un incomprendido.

Para entender a este abogado inminente, fiel a su áspero bigote moscovita y a esa pipa descomunal que alguna vez se lo llevará de bruces sobre su propia meditación, basta con haber leído un poco a Carlos Marx y un poco también, desde luego, a Calibán. Entre lo que ambos afirman está todo lo que afirma y niega Ramiro de la Espriella.” 
 

“Sin embargo, alguien -con su secreta intención, desde luego- le obsequió con una pipa descomunal y todo el furor polémico se le fue hacia adentro. Allí estuvo lo malo. Porque el entusiasmo exterior, que habría cesado sin duda con el cambio de voz, con el tránsito de la adolescencia a la mayoría de edad, se le filtró en la pipa, y -maduro ya en un largo proceso mental- se le concentró en los huesos.” 
 

Una pipa contra truman. (Textos costeños). 
 

“Hace algunos días el general sufrió un accidente de esos que cada minuto debe ser sufrido por lo menos por un millón de norteamericanos: se le partió la pipa. Los opositores de Mr. Truman, más que los admiradores de McArthur, descubrieron que un general de cinco estrellas destituido intempestivamente de un alto cargo, no podía fumar en una pipa cualquiera. Y ahora tres técnicos en pipas, con viáticos fabulosos, buscan en todo el territorio de los Estados Unidos una pipa que no será propiamente para tener conforme a McArthur, sino para ahumarle la tranquilidad al presidente Truman.” 
 

Hasta la próxima, salud y buena pipa a todos.
 

Pedro Romero-Auyanet , Canarias

 

 

 

 

 

Raymond Chandler, la pipa
entra en la novela negra

  

Escritor estadounidense de novela policiaca. Nació el 22 de julio de 1888 en Chicago, pero creció y fue educado, tras el divorcio de sus padres, en Inglaterra, en el Dulwich College de Londres (1900-05), estudió asignaturas clásicas y modernas, y recibió sólidos conocimientos en el arte de escribir. Parte de su educación transcurrió en Francia y Alemania (1905-07) y se hizo súbdito británico en 1907.

 

Fumador de pipa, soldado al servicio de los Gordon Highlander de Canadá, empleado de banco, periodista, ejecutivo de una firma petrolera que lo despidió por sus escándalos con secretarias, suicida frustrado. Su narrativa, por fortuna, da la sensación de un vitalismo inagotable. Conocido sobretodo por ser el creador de Philip Marlowe, un duro detective privado cuya sensatez choca en ocasiones con el entorno brutal, sórdido y envarado de California, donde trabajaba.

 

Después de participar en la Primera Guerra Mundial regresó a California, donde viviría el resto de su vida. Se casó con Pearl Cecily Bowen (Cissy), casi dieciocho años mayor que él, con quien compartirá su vida, hasta la muerte de ella en 1954. Cissy y sus queridos gatos -nunca tuvo hijos- fueron su compañía cotidiana, y en 1933, a los 45 años, con ayuda de Cissy, se dedicó enteramente a la escritura.

 

Era un escritor lento, pasó cinco meses escribiendo su primer relato, Blackmailers Don't Shoot, que apareció en el número de Diciembre de 1933 de la revista Black Mask, un pulp magazine dedicado a difundir diversos relatos de acción de distintos géneros, y desde entonces no abandonó el género que le convertiría en un clásico. Comenzó imitando a Hammett pero la principal deferencia entre los dos es la oposición entre el estilo seco, distanciado y carente de emoción de Hammett y el desesperado romanticismo que impregna los relatos de Chandler, que encuentra su máxima expresión en el personaje de Philip Marlowe, el detective privado que hará su aparición en la primera novela del escritor y lo acompañará hasta sus últimos textos. y no se dio por vencido hasta superarlo con creces. Entre 1933 y 1939, produjo 19 relatos.

 

En esos relatos (y en los de otros escritores como Dashiel Hammett) está la auténtica génesis de la novela negra norteamericana, un género que, a diferencia del inglés, pone al desnudo los vicios y las ambiciones de la sociedad capitalista, una sociedad donde el dinero y la búsqueda del poder aparecen como los auténticos motores de las relaciones humanas, con su secuela de crímenes, marginación e injusticia. Si en el relato policial inglés lo que importaba era "quién" cometió un crimen, en la novela negra norteamericana lo fundamental era desentrañar "por qué" alguien había sido asesinado.

 

A los 51 años apareció su primera novela, El sueño eterno (1939). En esta historia introducía a Philip Marlowe, un maduro detective privado de 38 años, hombre de honor y un caballero moderno, con una cierta educación. En esta historia, Marlowe se mueve por el lado oscuro de Los Angeles en los años 30 y ayuda a salvar de un infarto a un millonario rescatando a su hija de una posible trama de chantaje.

 

Hacia 1941 había publicado una veintena de cuentos que recuperó años más tarde en sus novelas. Le gustaba decir que "canibalizaba" sus viejas historias y las volvía oro. En 1943 se le propuso trabajar en el guión de Double Indemnity (Perdición), sobre la novela de James Cain. Aunque Billy Wilder y Chandler no se llevaban muy bien, Wilder reconoció rápidamente la habilidad de Chandler como guionista. Philip Marlowe se convertiría (junto con Sam Spade, de Hammett) en el prototipo de detective de los años 30-50. Solitario, melancólico y escéptico, y a la vez tierno, cínico, desencantado y una buena persona, Marlowe será una suerte de alter ego de Chandler, un quijote que enfrenta una sociedad que no comprende sólo armado con su insobornable ética y su dignidad personal. El desmoronamiento progresivo de Marlowe (en Poodle Springs, la última novela inconclusa del escritor, aparece casado con una millonaria) es paralelo al de Chandler en los últimos años de su vida, luego de la muerte de su esposa. El pobre Marlowe anda siempre metiéndose en líos intentando ayudar y saliendo cada vez más escaldado. La fuerza del personaje, y la calidad de las novelas de Chandler propiciaron que la gran mayoría acabaran siendo adaptadas a la gran pantalla.

 

Su obra, notable por su realismo y regionalismo, incluye además de la novela El sueño eterno (1939), Adiós muñeca (1940), La ventana siniestra (The High Window, 1942), La dama del lago (1943), El largo adiós (1953), una de las grandes novelas norteamericanas del siglo, y guiones cinematográficos como Double Indemnity (Perdición), dirigida por Billy Wilder, y Extraños en un tren (1951), basada en la novela de Patricia Highsmith, de Alfred Hitchcock. Como guionista o novelista, Chandler es uno de los escritores norteamericanos que ha tenido una relación más fluida con el cine. Al borde del abismo, de Howard Hawks, basada en El sueño eterno, es un auténtico clásico.

 

Con el correr de los años se convertiría en el más alto exponente de la novela negra norteamericana y en uno de los más grandes escritores de ese país en este siglo.

 

Después de la muerte de su esposa, en 1954, el escritor entró en un estado depresivo que incrementó, si cabe, su vocación etílica (fue un gran bebedor durante toda su vida) e incluso provocó dos frustrados intentos de suicidio. Raymond Chandler falleció en La Jolla, California, el 26 de marzo de 1959, a los setenta años.

 

En palabras del propio Chandler: "Paso por ser un escritor insensible, pero eso no tiene sentido. Es simplemente una manera de proyectar. Personalmente soy sensible y hasta tímido. A veces soy cáustico y belicoso en extremo; otras absolutamente sentimental. No soy un ser sociable porque me aburro con mucha facilidad, y el término medio nunca me satisface, ni en la gente ni en ninguna otra cosa..."

 

Algunas de sus obras:

* El sueño eterno (1939)

 

* Pick-Up On Noon Street (1953)

* Adiós, muñeca (1940)

 

* Playback (1958)

* La ventana siniestra (1942)

 

* Poodle Springs (1959)

* La dama del lago (1943)

 

* Killer in the Rain (1964)

* Five Murderers (1944)

 

* The Smell of Fear (1965)

* Trouble Is My Business (1950)

 

* The Notebooks of Raymond Chandler (1976)

* La hermana pequeña (1949)

 

* Selected Letters of Raymond Chandler (1981)

* The Simple Art of Murder (1950)

 

* Raymond Chandler: Stories and Early Novels (1995)

* El largo adios (1953)

 

 


 

 

El largo adios

 

“—Sí, ya sé. Soy débil de carácter; no tengo agallas ni ambición. Cogí el anillo de bronce y me asombré cuando comprobé que no era de oro. Un tipo como yo tiene en su vida un solo momento grande, realiza una sola vuelta perfecta en el trapecio más alto y después se pasa el resto del tiempo tratando de no caer de la acera a la alcantarilla.

—Todo eso no disculpa nada. —Saqué la pipa y comencé a llenarla.

—Ella está asustada, muy asustada.”

 

“Agarré la pipa que estaba sobre la mesita y la llené. Green se inclinó hacia mí. El tipo alto estaba sentado más lejos y sostenía en la mano bolígrafo y un bloc de bordes rojos.

—Aquí es donde yo digo: “¿Pero a qué viene todo esto?”, y usted responde: “Las preguntas las hacemos nosotros .”

—De modo que usted limítese a contestarlas, ¿eh?

Encendí la pipa. El tabaco estaba un poco húmedo; me llevó bastante tiempo y tres fósforos encenderla.”

 

“Conecté el llamador con la otra puerta, llené la pipa, la encendí y entonces me senté a esperar que alguien gritara pidiendo ayuda.”

 

“Hice oídos sordos y encendí la pipa.

—Setenta y cinco será el máximo —calculó.

Dejé caer el fósforo apagado en el cenicero y exhalé el humo del tabaco.

—Usted es un fullero, un pobre engañabobos. Es tan pequeño que para verlo se necesita una lupa.

No dije nada.”

 

“Llené la pipa con tabaco y la encendí de nuevo. Me tomé el tiempo necesario y mientras lo hacía la miré por encima del hornillo de la pipa.”

 

“Me recosté en una hamaca de aluminio con almohadones, encendí la pipa, comencé a fumar pacíficamente y me pregunté qué diablos estaba haciendo allí. Roger Wade parecía tener bastante control sobre sí mismo para cuidarse solo, si realmente quería hacerlo. Se había comportado muy bien con Loring. No me habría sorprendido demasiado si le hubiera encajado una buena trompada a Loring en su barbilla puntiaguda. De acuerdo con los cánones, eso hubiera sido salirse de la línea, pero Loring se había salido mucho más.”

 

“Sacudí las cenizas fuera de la pipa y la sostuve en la mano, esperando que el hornillo se enfriara an-tes de guardar la pipa.”

 

El Sueño Eterno

 

“Terminé de llenar mi pipa y la encendí. Contempló el humo un momento y metió la mano en el bolso del cual sacó un grueso sobre blanco. Lo puso encima de la mesa y dijo:

—Mejor será que le eche una ojeada a eso.”

 

“—Detective privado, ¿eh? —dijo sin mirarme en absoluto y sin dejar de mirar por la ventana. El humo salía de la copa renegrida de una pipa hecha de madera de brezo que pendía de su colmillo—. ¿En qué puedo servirle?

—Estoy trabajando para el general Guy Sternwood, Alta Brea Crescent, número tres mil setecientos sesenta y cinco, West Hollywood.

El capitán Gregory echó un poco de humo por la comisura de su boca, sin quitarse la pipa.”

“Colgó el teléfono; se quitó la pipa de la boca y aplastó el tabaco con el casquillo metálico de un lápiz pesado. Lo hizo con cuidado y solemnidad, como si fuera una de las cosas más importantes que tuviera que hacer ese día. Se repantigó y me contempló un poco más.”

 

“El capitán Gregory golpeó su pipa para vaciarla y la volvió a llenar, aplastando el tabaco con el pulgar. La encendió, dio unas chupadas y empezó a hablar de nuevo.”

 

“El capitán Gregory, de la Oficina de Personas Desaparecidas, miraba por la ventana de su despacho al piso superior del Palacio de Justicia, blanco y limpio después de la lluvia. Se volvió con cansancio en su silla giratoria, apretó la picadura de la pipa con su pulgar tostado por el calor y me miró con frialdad.”

 

“Me senté en el borde de la cama, llené la pipa de tabaco y dije en voz alta:

—Ese viejo zorro sabe algo.

La pipa tenía un sabor amargo de lejía. La dejé y me recosté de nuevo.”

 

 

La ventana siniestra

 

“—Me llamo Murdock. Quizás eso signifique algo para usted.

—Veo que no tardó en venir —comenté, y empecé a llenar la pipa.

—Tengo entendido que mi madre lo empleó para realizar un trabajo determinado —dijo lentamente—. Le ha dado un cheque.

Al terminar de llenar la pipa le acerqué la cerilla. Luego la arrojé y me recosté para echar humo sobre mi hombro derecho hacia la ventana abierta. No dije nada.”

 

“Colgué el auricular, volví a encender la pipa y me quedé mirando la pared. Mi rostro estaba rígido por los pensamientos o por algo que lo ponía rígido. Saqué del bolsillo la foto de Linda Murdock, la miré durante un rato, decidí que después de todo el rostro era bastante vulgar, y la guardé bajo llave en mi escritorio. Tomé la segunda cerilla de Murdock del cenicero y la observé. En ésta la leyenda decía: Top Row W. D. Wright '36.”

 

“Eran las diez de la noche, yo estaba cómodo en mi departamento, tenía una pipa en la boca, un vaso a un costado y no había nada en mi mente exceptuando dos asesinatos y el misterio de cómo la señora Elizabeth Bright Murdock había recuperado su Doblón Brasher mientras yo todavía lo tenía en el bolsillo.”

 

“No le dije nada. Volví a llenar mi pipa, pero estaba demasiado caliente para encenderla. La dejé sobre el borde de la mesa para que se enfriara.”

 

“Volví a la sala y acerqué una cerilla a la pipa que ya se había enfriado sobre el borde de la mesa de ajedrez. Aspiré lentamente el humo, pero seguía teniendo el olor de la goma caliente. La dejé a un lado y permanecí en el centro del cuarto, tirando de mi labio inferior y haciéndolo restallar contra mis dientes.”

 

“Saqué la pipa de mi bolsillo y me acerqué a llenarla de la lata de tabaco. Esta actitud me puso del otro lado de la mesa de ajedrez. Su bolso estaba sobre el borde de la mesa, frente a ella y a su costado. Se sobresaltó cuando me acerqué, pero después estuvo como antes; hasta que hizo un esfuerzo por sonreír.”

Saludos y buena lectura a todos.

Pedro Romero -Canarias-

 

 

 

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